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72 A B C ESPECTÁCULOS MARTES 21- 7- 87 Un magnífico Alfredo Kraus se interpuso entre él y la sombra de los dioses Gran éxito del maestro en su recital de Barcelona Barcelona No parece que nadie vaya a arrebatarle a Alfredo Kraus la corona que ostenta desde hace tres décadas. Personaje atractivo de rara elegancia, demostró que es el mejor, el más grande y el único, a pesar de los esfuerzos de otros divos por ir en su búsqueda. Barcelona vivió ayer una de sus noches más hermosas de la mano de este temple volcánico, que derramó lava dulcemente sobre un público poco a poco petrificado en el éxtasis. Los que tuvimos la fortuna de asistir a este recital presenciamos un espectáculo operístico irrepetible que mucho tuvo de milagro. El milagro, claro, se llama Alfredo Kraus. Descubrir aquí el prodigio de sus facultades, la fuerza, el rigor, el clima, los matices de su voz y su capacidad de entrega y comunicación puede sonar a viejo. Pero los grandes artistas, los verdaderos genios, responden preguntas antes de que se formulen, ofrecen lo de siempre como nunca, juegan con el tiempo, lo invierten, lo alargan, y justifican que en cada encuentro el entusiasmo renazca con un temblor amoroso de primera cita. Impecablemente vestido de azul, con ese magnetismo maduro que recoge mucha de la energía de su juventud, Kraus irrumpió en escena tras concluir la obertura La gazza ladra, de Rossini. Dirigía la Orquesta Ciudad de Barcelona el maestro Argudo, acompañado por el Coro de la ABAO. Ya desde el principio, cuando el tenor arrancó con Ah, mes amis, quejourde féte, de Donizetti, el público se revolvió sobre sus asientos. No importaba que el concierto fuera al aire libre, en ese aire húmedo y traicionero de la Ciudad Condal que hizo flaquear en su día al gran Caruso. No importaba tampoco que el auditorio se distribuyera a su antojo en la explanada del palacio de Victoria Eugenia, o más allá de las fuentes de Buigas, o en el pabellón de Mies van der Rohe, o en la escalinata del palacio construido por Primo de Rivera, que servía de telón al escenario. Todo estaba perfectamente concebido. La técnica, en suma, también estuvo de parte de una ciudad que había aplazado el certamen a causa de los luctuosos hechos que todos conocen. Cuando seguidamente la orquesta atacó la obertura de El. barbero de Sevilla demostró su calidad y eficacia. Le siguió Martha, de Flotow, y el Coro a bocea chiusa, de Madama Butterfly, donde el medio centenar de cantantes respetó la singular concepción pucciniana y supo dar lo mejor de sí mismo. A esas alturas el público se había entregado por completo. La reaparición de Kraus para abordar Una furtiva lacrima hizo derramar muchas otras lágrimas, de las verdaderas, de las de siempre: lágrimas muy poco furtivas, transparentes, como un símbolo, diminutas, estelares, fulgurantes goras de admiración. Que luego se presentara Verdi, la obertura de La forza del destino, o Los cuentos de Hoffmann, de Offennbach, no fue más que el respiro que necesitaba el público mucho más que el mismo Kraus. Volvió a la escena con idénticos bríos, e hizo de Por el humo de Doña Francisquita interpretación antológica, o, si se prefiere, imagen sonora de lo que esta pieza tuvo que haber sido siempre. La intervención en No puede ser de La tabernera del puerto confirmó que con Kraus sí podía ser. Podía ser todo, lo esperado y lo imprevisto, lo bueno y lo excelso. El recorrido por el reino de la zarzuela se redondeó con La revoltosa de Chapí, y el tenor no perdonó al rematar con el trust de los Tenorios bella jota que en sus manos devino arquetipo. El público, entretanto, no acertaba a creerlo. Las muestras de entusiasmo y las efusiones verbales invadían el escenario desde puntos antaño inconexos. Kraus había obrado el sortilegio. Se retiró, fue reclamado, volvió a aparecer. Y cuando inició su despedida con La dona é mobile nadie en este mundo ni en todos (os mundos posibles hubiera tenido el valor para resistirse. Muchos creyeron que era el final. Pero no lo fue. Kraus el magnífico, Kraus el totémico, tuvo la gentileza de obsequiar a un público mayoritariamente catalán con Ruso una de las canciones más bellas de nuestro repertorio. Por una noche Alfredo Kraus visitó la caverna platónica, y ni el sabio hubiera adivinado cuál era la voz concreta o la voz ideal. Por. una noche, pocas, algunas, todas, Alfredo Kraus se interpuso entre él y la sombra de los dioses. Miguel DALMAU Festival de Cine de Barcelona La verdad oculta se desveló por fin en la competición Barcelona Marino Rodríguez La veritat oculta de Caries Benpar, única película catalana que figura en el apartado competitivo en el I Festival de Cine de Barcelona, fue proyectada anoche en una sesión de gala a la que asistieron el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y otras relevantes personalidades de la política y la cultura catalanas. Elk filme fue recibido con gran frialdad por la Prensa acreditada en el certamen, que dispensó, por el contrario, una gran acogida a Five comers de Toni Bilí, una de las más firmes candidatas al premio Europa. La película de Benpar es una adaptación de diversas narraciones reunidas en el libro de Pere Calders Crónicas de la verdad oculta En ella se cuenta la historia de Adrián Massaguer (Conrado San Martín) un hombre que tras una larga estancia en Nicaragua regresa a su pueblo con una enorme fortuna. Allí se hace construir una magnífica casa para pasar el resto de su vida en la más absoluta tranquilidad. Un día aparece en la floresta de su mansión una mano humana. Decide entonces poner un anuncio que dice que alguien ha perdido algo en su jardín y que el dueño puede pasar a recogerlo. Es así como recibe a una galería de personajes interesados en el asunto: dos ladrones, un lampista desmemoriado, un caballero romántico... Pero el enigma de la mano no se soluciona hasta que un mago va ver a Massaguer para revelarle a quién puede pertenecer el miembro. Benpar no logra recrear la prosa del escritor mediante el lenguaje cinematográfico, parece limitarse a componer estampas meramente ilustrativas de los pasajes de la obra (las escenas se separan por largos fundidos en negro) carentes de ritmo e intensidad. Sobresale el trabajo fotográfico de Juan Amorós, uno de los mejores operadores del cine español. Mucho más interés tiene Five corners producción británica dirigida por el norteamericano Toni Bill, que es sin duda la mejor película de las presentadas hasta ahora. El filme es una crónica sobre la vida de un grupo de jóvenes del barrio neoyorquino del Bronx, en 1964: Linda, que trabaja en la tienda de animales de su padre; Beinz, que acaba de salir de la cárcel en la que estuvo por intentar violar a Linda; Harry, el novio de Linda que se quedó cojo al tratar de evitar aquel incidente; James, que fue quien, de hecho, evitó la violación; Melanie y Brita, y Castro y Willie, dos jóvenes que, a pesar de su apariencia, son capaces de asesinar. El trabajo interpretativo es más que correcto; sobresale el de John Turturro, Elizabeth Berridge y Tim Robbins. La protagonista, Jodie Foster, no supera su habitual discrección. Además de la realización de Billy, destacan la música de James Newton Howard y la fotografía de Fred Murphy. Five corners es un filme lleno de sinceridad, violencia y poesía que ofrece una visión de la juventud norteamericana de la época mucho más próxima a la realidad a la de otros innumerables filmes. y Musicales XVín SEMANA DE MÚSICA DE CÁMARA EN SEGOVIA 16 a 22 de julio de 1987 PROGRAMA: 21 de julio, 23 horas. Patio de Armas del Alcázar LONDON VIRTUOSI Obras de Hándel, Bach, Albinoni, etcétera 22 de julio, 23 horas. Patio de Armas del Alcázar LONDON VIRTUOSI Concierto de Clausura Venta de localidades: Planta baja del Ayuntamiento de Segovia (plaza Mayor, 1) desde el 14 de julio, y desde una hora antes de comenzar el concierto, en el lugar de celebración. Información: Festival Internacional de Segovia. Plaza Mayor, 1. Segovia. Teléfono (911) 43 61 17. -R. KING KONG 2