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14 ABC OPINIÓN Panorama MARTES 2 Í- 7- 87 LOS PENÚLTIMOS SÍNTOMAS Lo iM? RTAfjre e s aue T ODAVÍA subsiste el eco informativo de las urnas del 1O- J y ya empiezan a manifestarse los penúltimos y casi definitivos síntomas. Empleamos el término síntoma en su acepción médica: fenómeno revelador de una enfermedad. El paciente es el PSOE. La enfemedad se conoce con el nombre de totalitarismo. El virus de la mencionada enfermedad se funde en las raíces marxianas del socialismo. Quedó larvado cuando el PSOE jugaba en la vida política española el papel de oposición. Poco a poco, la enfermedad ha ¡do haciéndose visible y, ahora, ante el primer revés etectoral, la dolencia ha dado la cara sin tapujos: Si Barranco no es alcalde, Madrid se echará a la calle declararon altos dirigentes socialistas. Con esta afirmación, que posteriormente- como siempre- se ha pretendido dulcificar los socialistas asumieron el tercer rasgo característico de los partidos totalitarios. Primero fue un intervencionismo sofocador de las iniciativas sociales y de las libertades. Después, un imparable proceso de concentración de poderes, con el que se echaron siete llaves al sepulcro de Montesquieu. Ahora, rechazan el resultado de unas elecciones libres y obstaculizan, con métodos antidemocráticos, el acceso de otros partidos al poder. La insólita declaración de echar la gente a la calle, con la pretensión de cambiar el veredicto de las urnas, no es la golondrina que no hace primavera. Si nos circunscribimos a las últimas semanas encontraríamos diversas e inequívocas muestras de la actuación totalitaria de nuestros socialistas. Primero fue la investigación policial sobre actos electorales. Siguió la acusación del ministro Solchaga contra la prensa desvinculada del pesebre socialista. Después sería el omnipotente vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, quien descalificaría las encuestas electorales porque sus predicciones no les eran favorables. Ahora es la algarada callejera- u n signo democrático donde los haya- la que puede romper las urnas del pasado día 10. Estos penúltimos síntomas de totalitarismo se manifiestan cuando, aproximadamente, una cuarta parte de los usufructuarios, a dedo, de suculentas nóminas públicas empiezan a sufrir el fin de sus canonjías. ¿Qué sucedería en el supuesto de un triunfo total de la oposición en unas futuras elecciones? Mucho se ha especulado sobre el momento en que haya podido terminar el proceso de transición democrática, desde el sistema de poder personal del régimen anterior. Hay quien mantiene que la transición tocó a su fin, cuando un partido, el PSOE, con fervores republicanos en su historia, empezó a gobernar bajo la Monarquía constitucional. Sin embargo, no consideramos gratuito mantener que la transición política terminará definitivamente cuando el PSOE salga del poder de forma pacífica como consecuencia de unos resultados electorales adversos. Lo que creemos no ocurrirá si los grupos políticos de la oposición ceden al chantaje amenazador de los, por ahora, penúltimos síntomas de totalitarismo. Pedro PERAL Planetario IZQUIERDAS NEW LOOK P ARECE que en estos momentos lo progre lo izquierdista, consiste en pedir, a gritos si puede ser, que alguien se calle, que entre en la cofradía del silencio. Naturalmente, ése alque hay que hacer callar es, de modo automático, calificado, considerado de derechas. Solchaga es descalificado como factor de una economía de derechas por Nicolás Redondo y Marcelino Camacho. Felipe González no llega a ser condenado, pero está de moda fruncir el ceño al hablar de él o de su política por los que se consideran de izquierdas. A Barrionuevo no se le perdonan sus declaraciones y menos aún que le parezca que una bofetada hipotética al asesino efectivo, aunque se le califique de presunto, de docenas de personas no es cosa de mayor consideración. Simplificando: ser de izquierdas ahora consiste en pretender aplicar una nueva forma de censura. Después de cuarenta años protestando contra la censura, resulta que ahora censurar, ordenar a alguien con quien no se está de acuerdo que se calle, eso no es censura. Es izquierdismo. Superviven todavía pequeños restos de unas generaciones que estudiaban bachillerato bajo la censura de Primo de Rivera y salían a la calle a cantar ¡nocentes canciones NOGAL MUEBLE JOVEN REBAJAS Núñez de Balboa, n. 9 que calificaban a un general diciendo Don Millán es un fantoche con música zarzuelera. Entonces nó funcionaba todavía la técnica persuasiva de Jon Manteca, tan eficaz y convincente por el señor Maravall. Esos supervivientes, muchos de ellos por lo menos, eran de izquierdas y veían que la derecha ejercía la censura. Luego vino el larguísimo periodo franquista. Salvo error, aquella censura, que sólo en ABC produjo gordísimos volúmenes de pensamientos o noticias prohibidas, era aplicada por una cierta derecha. O sea, que muchos españoles, entre los que uno tiene el honor de encontrarse, han pasado la mayor parte de su vida obligados a callarse por una censura derechista. Parece paradoja que al advenir la democracia a este país, la censura, la descalificación, el dogmatismo, se ejerzan por los que presumen de fuerte espíritu progresista. Hace mucho tiempo descubrí con asombro que el dogmatismo circulaba libremente de la extrema derecha a la extrema izquierda; dividí en consecuencia a los hombres en dos grupos: el de los tolerantes y el de los intolerantes. Lo de derechas y lo de izquierdas dejó de servirme. El dogmatismo presuntamente progre de Ledesma me parece tan derechista como el de Blas Pinar, aunque sea en sentido contrario. El de los que quieren imponer el silencio a Barrionuevo, lo mismo. El Gobierno socialista tiene algunos ministros que piensan en el interés general de la sociedad. Otros, que sólo piensan en sus barulletes y compromisos ideológicos o de intereses. Es curioso que quienes presumen de izquierdismo quieran acallar a aquéllos, aprueben a éstos. Cuando cantábamos lo de Don Millán los jóvenes teníamos otra idea de lo que significaba ser de izquierdas. Lorenzo LÓPEZ SANCHO