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MARTES 21- 7- 87- OPINION -ABC, pág. ii ESGRACIADAMENTE, el sórdido episodio del alcalde donostiarra, que quitó de su despacho la enseña autonómica vasca para cubrirse cobardemente con ello de la retirada de la bandera nacional, ha sido acompaña- do de otras historias lamentabilísimas de agresión a la Bandera en un conjunto de once pueblos de Guipúzcoa y Vizcaya. Pero si el caso del alcalde de San Sebastián, Javier Albistur, acaba como quien dice en él mismo, o todo lo demás en una posible sensibilidad antiespañola de su partido, el Eusko Alkartasuna, en los casos restantes de los once Ayuntamientos vascos, la cuestión que se plantea, a la vista de cuál ha sido el comportamiento de la Policía autónoma, es una cuestión antes política que simplemente jurídica, en el sentido de que se infringe la normativa sobre símbolos y banderas. Si el caso del alcalde de San Sebastián podría reducirse posiblemente a una cuestión de simple responsabilidad jurídica, por muchos flecos y connotaciones políticas que ello tenga, en las ocasiones denunciadas informativamente por nuestro corresponsal en San Sebastián, lo que se suscita, antes que toda otra cosa, es un grave problema de desviación de poder en la parte de la Administración autonómica vasca responsable del funcionamiento de la Erztanzta. Efectivamente, alguien tendrá que responder en Vitoria al hecho de que esa reiterada violación, en once pueblos, repetimos, de la normativa legal sobre el uso de la Bandera haya sido menos tolerada que directamente asistida y custodiada por los agentes policiales vascos. Cuesta trabajo creer que en ninguno de los casos haya habido un solo agente que no conociera qué es lo que la ley determina en situaciones como éstas: fiestas en las que lucen sobre las fachadas y en los balcones de las casas consistoriales las banderas y los símbolos locales. Algún agente habría, pensamos nosotros, conocedor de lo que debía hacerse. Carece de sentido, especialmente cuando se sabe por otros años lo ocurrido en la llamada guerra de las banderas, que la Administración autonómica vasca no D ATAQUES A LA BANDERA haya cursado, posiblemente desde su Consejería de Interior, instrucciones puntuales a los mandos de la Ertzantza. Hay ciertas maneras de deslealtad consistentes en el ejercicio de la omisión u omisiones. Es lo que coloquialmente se llamaría hacerse el loco o el sueco. ¿Es eso lo que da de sí un pacto de legislatura entre el Partido Nacionalista Vasco y el PSOE? Sea cual fuere la respuesta, lo incuestionable es que la ley debe cumplirse inmediatamente, tanto en el caso del alcalde de San Sebastián, que retira la bandera de España de su despacho, como en esos otros once Ayuntamientos vascos donde su exhibición ha sido omitida. Aparte del debate político, la guerra de las banderas requiere la intervención inmediata del fiscal general del Reino. E ¿MARRUECOS EN LA CEE? SPAÑA no debe, por ningún concepto, considerar que la solicitud marroquí de adhesión plena a la CEE es una especie de desatino. Antes bien, se ha de inscribir en la tradicional política de amistad con el vecino del s u r Además, éste, al integrarse en el área económica occidental haría posible que mil lazos materiales de todo tipo reforzaran el común armazón de relaciones cordiales. Dicho esto, no puede por menos de llamarse la atención respecto a tres cuestiones que pueden perturbar muchísimo el camino de Rabat hacia Bruselas. La pri- mera se refiere a la declaración Birkelbach. En 1962 tal manifestación, que no por estar fuera del propio Tratado de Roma tiene, de hecho, menor fuerza, señaló que sólo podían tener albergue en la CEE las naciones con un sistema político parlamentario de tipo occidental. Es obvio que el régimen marroquí aún no lo posee. Desde la restauración de Mohamed V se han dado en este sentido muchas marchas y contramarchas. Por supuesto que, frente a todos s u s vecinos africanos, el régimen de Marruecos es el que se parece más a los europeos; pero las distancias aún son grandes para llegar a lo señalado por Birkelbach. A unidad de los votos del centro- derecha en torno a la candidatura de Cavaco Silva ha permitido la victoria de éste y determinado una de las derrotas políticas más copiosas de cuantas han padecido los socialismos europeos en los últimos tiempos. Con la mayoría absoluta obtenida, le será dado a Cavaco Silva desconstitucionalizar la permanencia de las opciones socialistas en la vida política y en la economía de Portugal. El nuevo Gobierno podrá ahora realizar la reforma constitucional y desde ahí continuar su política económica de progreso y modernización sin trabas institucionales. Lo sugestivo y claro de su propuesta electoral y política ha permitido a Cavaco Silva comparecer como destinatario del voto útil de todas las fuerzas políticas situadas a la derecha del socialismo. Cavaco no ha pretendido desbordar al partido socialista por la izquierda, como inequívocamente pretenden en España algunos centristas, sino que ha ofrecido un claro programa de centro- derecha que es el que ha triunfado en las principales naciones europeas porque es el que responde hoy a la modernidad y al progreso. L CAVACO ABC Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- AlemáYi Subdirector: Antonio Burgos La segunda, es la lucha en el Sahara. Por una parte, crea una indefinición territorial, que no puede satisfacer al mundo comunitario. Además, un esfuerzo bélico tan colosal en una economía realmente muy pobre para los módulos occidentales, origina un desequilibrio económico pertinaz. En estos momentos, Marruecos está en el grupo de los quince endeudados en peligro, a los que pretende salvar la propuesta Baker, tras haber engullido importantes cantidades de ayuda exterior saudí. La evolución de los precios de los fosfatos, el gran activo del vecino Reino, tampoco garantiza, precisamente, que del interior de Marruecos vaya a surgir un enérgico tirón para ingresar, incluso como socio pobre, en el bastante opulento club comunitario. Si Marruecos estuviese ahora mismo en la CEE, en el Palacio Carlomagno de Bruselas saben hasta qué punto plantearía, por su pobreza y estos agobios, problema tras problema. El preciso saneamiento económico se une al auge de un fundamentalismo religioso todavía naciente, pero no por ello menos preocupante, a pesar de las duras medidas de Rabat, y que puede ser azuzado como consecuencia de decisiones ortodoxas en lo económico. La tercera cuestión es la que ya comienza a frenar el ingreso de Turquía. La libre circulación de personas, cuando algunas pertenecen a un ámbito cultural muy dispar, puede fomentar un creciente fenómeno Le Pen. El mundo comunitario lo observa casi con pánico. ¿De qué modo se podría superar la cuestión? En torno a estos casi tres seguros frenos de Bruselas, España puede ayudar mucho a Marruecos. Sería una torpísima medida de política exterior abandonar eso en manos francesas. Subdirectores Darío Valcárcel, Joaquín Vila. José Javaloyes. Manuel Adrio, Joaquín Amado Jefes de Redacción: J. A. Gundín (Contnutíad) J. C. Azcue ¡internacional) B. Berasátegui (ABC Iterare) A Fernández (Economía J I. G. a Garzón (Cultural. A A. 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