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CINCUENTA ANOS DE LA MUERTE DE MARCONI ABC 53 civilización contemporánea Inglaterra acogió su invento, ya que el Ministerio de Correos y Telégrafos de su país dijo que carecía de porvenir nfiarconi fue el primero en crear sociedades multinacionales y escuelas profesionales para su propio personal técnico rey le concedía el título de marqués. No hay que olvidar que la plena adhesión de Marconi al régimen se verificó en los años en que el arzobispo de Canterbury decía que Mussolini era el único gigante de Europa y el otro gran inventor, Thomas Edison, le definía como el genio más grande de la Era Moderna Cuando la Academia Real de Estocolmo le concedió el premio Nobel, Marconi tenía treinta y cinco años. Fue en 1909, el mismo año en que gracias a sus aparatos se salvaron los 1.700 pasajeros del transatlántico Republic naufragado frente a la isla. de Nantucket. Pero tuvo que dividir el premio con el alemán Karl Ferdinand Braun, uno de los fundadores de la Telefunken. En los últimos años de su vida Marconi se dedicó de modo especial al estudio de las microondas y llevó a cabo experimentos que la fantasía popular relacionó con un misterioso rayo de la muerte que no parece prudente relacionar con el láser. Marconi fue el primero en crear las sociedades multinacionales, entre las que figuraban las que se establecieron en Francia, España, Rusia, Australia, Bélgica y Estados Unidos. Las sociedades tenían su sede en todas las capitales importantes: Londres, Bruselas, París, Madrid, Montreal, San Petersburgo, Nueva York y Roma. Fue también el primer industrial en crear escuelas profesionales para su propio personal técnico, de las que salieron ingenieros de varias nacionalidades, que alcanzaron gran renombre en el sector de las radiocomunicaciones. En los años treinta, en fin. Marconi pensó en. utilizar las microondas como tratamiento terapéutico en determinadas enfermedades. La ciencia confirmó la eficacia de dicho procedimiento cuando es necesario concentrar el potencial energético bajo forma térmica. Alejandro PISTOLESI c llonario y famoso, realizó una visita más a Estados Unidos, en donde nte norteamericano, Roosevelt, ya afectado de parálisis por la polio dio, por iniciativa de la Corona inglesa, la Gran Cruz de la Orden de la Reina Victoria, que le valió el título de Sir La compañía- subraya el profesor Marini- Bettolo- fue obra enteraTiente suya, debida a su voluntad y a su habilidad empresarial, digna de un maduro y experto financiero que, en cambio, era sólo un joven de veintiséis años. La compañía, por su estructura técnica, científica, comercial, legal y financiera, vino a ser el instrumento indispensable para tutelar la labor del inventor. Marconi se había visto obligado a trasladarse a Inglaterra en 1897, cuando un avispado funcionario del Ministerio italiano de Correos y Telégrafos, rechazó su proyecto de telefonía sin hilos por tratarse de una idea sin utilidad práctica y sin porvenir Los ingleses lo vieron de otra forma y ayudaron a fondo al gran inventor, como hizo más tarde Italia bajo el Gobierno de Mussolini, que nombró a Marconi presidente de la Real Academia, mientras el La marquesa viuda de Marconi habla para ABC Guillermo amaba mucho a España, y Sevilla le encantaba El palacio donde hace cincuenta años murió Guillermo Marconi era y es la mansión de su segunda esposa, María Cristina, hija del conde Francesco Bezzi- Scali y de la marquesa Annetta Sacchetti, pertenecientes ambos a la nobleza pontificia. Guillermo conoció a María Cristina, mujer encantadora y elegante, en 1925, cuando llevaba ya casi cuatro años divorciado de su primera esposa, la bella y explosiva irlandesa Beatriz O Brien, con la que había tenido tres hijos. El divorcio y la sucesiva anulación del matrimonio llevaron consigo críticas y polémicas públicas que amargaron al inventor. Si. bien la madre de Guillermo, la prodigiosa Annie Jameson, era también irlandesa y entendió siempre perfectamente a su hijo, que le debía casi todo lo que llegó a ser, Guillermo y Beatriz no llegaron a entenderse, y se separaron sin dramas. Beatriz ya se había vuelto a casar cuando Guillermo conoció a María Cristina. Sucedió con ocasión de una fiesta organizada a bordo del famoso yate Elettra que Marconi había comprado años antes, trasformándolo en un fabuloso laboratorio flotante, con el cual recorría los mares realizando experimentos que iban traduciéndose en nuevas patentes y nuevos avances en el sector de las radiocomunicaciones. Desde el Elettra en 1930, encendió, enviando un impulso a las antípodas, las luces de la exposición de Sydney, y al año siguiente, con otro telecomando, iluminó la estatua del Cristo de Río de Janeiro. En recuerdo de ese primer encuentro, Guillermo y María Cristina llamaron Elettra a la niña que nació en 1930, tres años después de la boda. Precisamente con el yate Elettra- cuenta ahora la viuda de Marconi para ABC- fuimos muchas veces a España en los últimos años del reinado de Don Alfonso XIII. María Cristina BezziScali, marquesa viuda de Marconi, conserva a pesar de los años toda la gracia y brillantez que llamó tanto la atención del gran inventor, y desgrana sus recuerdos con profunda nostalgia. Solíamos salir del puerto de Ñapóles y nos deteníamos unos días en Barcelona y en Valencia antes de echar anclas en e Guadalquivir, porque nuestra meta era casi siempre Sevilla. Mi marido amaba mucho a España, apreciaba sus bellezas artísticas y sus tradiciones, y le encantaba la vivacidad de los españoles... La feria de Sevilla era siempre un encanto... Eran días muy especiales, incluso porque a Guillermo le gustaba las corridas: le emocianaban y entusiasmaba... Venían a bordo muchos amigos españoles, y recibíamos con frecuencia a algunos miembros de la Familia Real... También el duque de Alba, que luego nos invitaba a la finca de Las Dueñas Cuando se inauguró la primera emisora radiotelegráfica entre España y Buenos Aires estábamos allí, y pasamos horas muy agradables con su Majestad el Rey Don Alfonso XIII. Le interesará, en fin, saber, yo creo que sí- concluye sonriendo- que, cuando estábamos en España, Guillermo siempre quería que al servirle el desayono a bordo del Elettra pusieran en la mesita el diario ABC, que hojeaba atentamente. A. P.