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Con suinvento de la telegrafía sin hilos sentó las bases de la nueva filosofía de las comunicaciones En 1909 le fue concedido el premio Nobel de Física cuando tenía treinta y cinco años Hoy se cumplen cincuenta años de la muerte de Guillermo Marconi, uno de los genios más grandes de la era moderna, como le calificara otro gigante de la ciencia, Thomas Edison, contemporáneo del italiano. Marconi mereció el Nobel por su telegrafía sin hilos, base de las comunicaciones inalámbricas. Sin su aportación difícilmente se habría llegado a la radio, la televisión, la conquista del espacio exterior... pues todas las órdenes que se envían desde la Tierra a sondas y satélites artificiales están basadas en los impulsos eléctricos que tan bien estudió y A las tres y media de la madrugada del 20 de julio de 1937 el reloj de la iglesia de Trinitá dei Monti, frente a la escalinata de la plazade España, difundió las últimas campanadas que iba a oír Guillermo Marconi en su vida, tres meses después de haber cumplido sesenta y tres años. En su alcoba del palacio Bezzi- Scali, en vía Condotti, con un rictus de dolor en la comisura de los labios, sufriendo en silencio los embates del ataque de angina de pecho, llevaba varias horas esperando la muerte con una lucidez extraordinaria. Poco antes de las cuatro menos cuarto, tras un último estremecimiento, levantó la mirada hacia los dos médicos que estaban a su lado y murmuró: Estoy muy mal... pero ya no importa... Luego cerró los ojos y repitió, casi imperceptiblemente: Ya no importa. Fueron éstas las últimas palabras de un hombre que había luchado durante toda su vida incansablemente, sin rendirse jamás; del hombre que había abierto las puertas del futuro hacia el prodigio de la radiotelecomunicación, del hombre que había roto el silencio del espacio, llenándolo, directa o indirectamente, de señales, llamamientos, voces, imágenes y sonidos procedentes del planeta asomado al infinito de las galaxias. Ya no era importante vivir. Ya estaba todo hecho y predispuesto para que el milagro siguiera produciéndose y multiplicándose a lo largo de una escalada asombrosa e interminable de realizaciones. Guillermo Marconi, al poner en movimiento con la llave de su ingenio el grandioso mecanismo, al sentar las bases de la nueva filosofía de las telecomunicaciones, había cumplido con su misión. Las generaciones sucesivas de sabios e inventores tenían el camino trazado y ya estaban haciendo y harían todo lo demás: todo lo que científicamente se derivaba de su espléndida labor. La vida de Guillermo Marconi fue una de las aventuras humanas más extraordinarias que cabe imaginar. No faltaron en ella ninguno de los ingredientes que forman la estructura novelesca de un guión cinematográfico: situaciones al borde de lo inverosímil, episodios cargados de s u s p e n s e intrigas internacionales, accidentes dramáticos, conflictos bélicos, rivalidades de grandes compañías, escándalos financieros, un ir y venir casi frenético entre Europa y América y viceversa, con transatlánticos de lujo, con buques de guerra o con el mítico yate- laboratorio Y como adorno vaporoso y romántico, un desfile impresionante de mujeres hermosas, Su vida fue una aventura digna de la estructura de un guión cinematográfico dominó el genio de Bolonia. Pero junto a su dimensión científica, la vida de Marconi constituyó una prodigiosa aventura humana, multiplicada por su cantidad de viajes por todo el mundo, dando conferencias en países como España o atrayendo la atención de hermosas mujeres. Casado en dos ocasiones, aún le sobrevive su segunda esposa, a la que ha logrado entrevistar nuestro corresponsal en Roma, Alejandro Pistolesi, autor de la emotiva semblanza de Marconi con la que abrimos este cuadernillo de cuatro páginas en recuerdo del insigne científico. de los directores y tres técnicos de la sociedad que ya había fundado en Londres. Marconi tenía a la sazón veinticinco años, se había dejado crecer bigote para disimular su exc e s i v a j u v e n t u d y su fama c r e c í a desmesuradamente desde hacía sólo cuatro años, o sea, desde el día en que en la finca paterna de Villa Griffone al suroeste de Bolonia, resonó el tiro de escopeta disparado por su hermano Alfonso, que le ayudaba en los experimentos: la señal que anunció que la telegrafía sin hilos era una realidad y que empezaba la era de la radio. Guillermo, al cabo de muchos experimentos con las ondas electromagnéticas descubiertas por el físico alemán Heinrich Rudolf Hertz, mejorando los aparatos y los procedimientos para obtenerlas y para controlar su difusión en el espacio, decidió realizar el experimento decisivo, que debía demostrar que las ondas podían superar los obstáculos naturales. Colocó el receptor detrás de una colina, a más de un kilómetro de distancia, y le dijo a su hermano, que iba acompañado de un campesino llamado Mignani: Yo pulsaré con la tecla del transmisor los tres puntos de la letra s del alfabeto Morse. Si ves que este martillito se mueve tres veces seguidas, brillantes, inteligentes, que se disputaban al dispara. Y sonó el disparo. protagonista, tímido, jovencísimo, casi introEl gran mérito de Marconi consistió en no vertido, que hablaba poco, pero siempre en dejarse llevar por las más autorizadas opinioel momento justo y sin una palabra más de lo nes científicas de aquel entonces, según las necesario Es como si Jack London, Somercuales se consideraba que las ondas hertziaset Maugham y Julio Veme, entre otros, hunas se desvanecían al cabo de pocos metros. biesen preparado el texto. El propio Hertz, con grandes dificultades, no había superado los cuarenta metros. Pero Celoso y apasionado Marconi, aplicando al problema su formidable capacidad intuitiva, y pasando de un experiY en el centro de ese universo, de ese tormento a otro en la buhardilla de Villa Griffobellino de emociones y pasiones, él: espigane donde trabajaba sobre una tosca- mesa do, pálido, distinguido, pelo rubio, ojos azules de madera que su abuelo había utilizado para y profundos, siempre pensativo, más bien la cría de los gusanos de seda, y construyenenigmático, casi frío a veces, celoso y apasionado otras. Bueno, ojos azules, hasta que do con sus propias manos las. piezas que iba en 1911 perdió uno de ellos en un accidente inventando para incrementar la potencia de la de automóvil, cuando regresaba de la inauguinstalación y aumentar la longitud de las onración, en presencia del Rey de Italia, de una das, llegó poco a poco a la idea fundamental estación radiotelegráfica cerca de Pisa. del sistema de transmisiones: la antena. Viste a la inglesa, lleva tacones de militar La habilidad manual de Marconi parecía inespañol, el corte de pelo y el bigote son alecreíble. Cuando tenía quince años le gastó manes, su madre es irlandesa, su padre, itauna broma a su primita Daisy Prescott, desliano; en definitiva, nadie puede negar que montando completamente la pequeña máquiMarconi es un auténtico cosmopolita. Así lo na de coser que le habían regalado y transdescribía en septiembre de 1899 uno de los formándola en... un asador. Luego, ante el periodistas norteamericanos que fueron a engran disgusto de la chiquilla, volvió a reconstrevistarle al Hoffmann House Hotel cuando truir la máquina de coser, mejorando su funllegó por vez primera a Nueva York, con uno cionamiento.