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12 A B C OPINIÓN ZIGZAG Amores que matan En un artículo firmado en 1907 y titulado Elogio del pueblo el gran escritor catalán Joan Maragall escribía lo siguiente a propósito de quienes se irrogan, sin que nadie se lo demande, la defensa de los intereses de un pueblo: Los que dicen que aman a una masa, lo que aman es una idea monstruosa que colocan por encima de ella; es decir, que, en rigor, aman una obra propia, solamente se aman a sí mismos ¿No recuerda esto et talante de los que asesinan en nombre de no se sabe qué pueblo vasco? Sin duda, pero además deja bien claro qué es lo que aman los etarras de sí mismos: su obra, los cuerpos calcinados o desgarrados de sus víctimas. El mismo amor salpica como sangre a quienes justifican sus acciones. LUNES 20- 7- 87 Queridíssimos yuppies LA MUJER DE TU VIDA M ARÁ era tímida como el sollozo de una virgen mártir. Iba por la vida ausente. Tenía el pudor a flor de piel. Fue tu amor con ella como una borrachera de lágrimas. Durante mucho tiempo bordeaste el camino de ascuas de sus besos. Parecías un sonámbulo que hubiera querido alcanzar una estrella. Te escribía versos, eso sí, incendiarios e insolentes, con letra munuda y nerviosa. Te decía, por ejemplo: Has abierto las compuertas de mis tinieblas y estás a punto de arrancar el bramido que llevo dentro. Quiero sentir el fuego de tus espuelas y galopar la noche hasta que amanezca. No era Neruda, evidentemente. Pero un día restalló su corazón de alegría como un campanario en manos de un loco Vivisteis un tiempo feliz de carencias compartidas e ilusiones frustradas. Igual que todos los adolescentes en aquella década de antenas de televisión y sescientos sepultando inquietudes bajo estadísticas de renta per cepita; arañando libertades en conspiraciones de salón; gritando hacia adentro ansiedades prohibidas. Un día acabó todo. Mejor dicho, un día te diste cuenta que todo había acabado. Sin un final. Luego supiste que eso pasa siempre con lo que pudo ser y apenas quedó en ensueño. Lo piensas ahora y estás seguro: era la mujer de tu vida. Os separan ya tu triunfo y. su depresión; -veinte mil kilómetros y, posiblemente, esos papeles amarillentos donde todavía ayer leías: Volveré a aquel rincón donde nunca llegaste y allí estaré esperando hasta el día en que se me suicide la esperanza. Lola era distinta. Le asomaba la picardía a los ojos y acariciaba con las pestañas. Cuando sonreía era como si un ciclón ie arrastrara a su vórtice. Hablaba con las manos y era capaz de despertar en tu piel torrentes de sensibilidad y fuego de plomo candente. No fue capaz de escribir ni una postal desde Ibiza aquel verano de locura. Pero supiste, a la vuelta, que te había echado de menos. Quisiste tomar un respiró y la dejaste marchar con una disculpa tonta. Tenías que organizar la nueva clínica para abrir en septiembre. La gente ahora pagaba cualquier precio por la salud de sus niños. Se conoce que los que no l l e g a r o n a la paternidad responsable sublimaban su mala conciencia con un p e d i a t r a particular. A dos mil duros la diarrea estival, y el cincuenta por ciento de dicotomía curabas enfermedades infantiles como si la pediatría fuera el bálsamo de Fierabrás. Y lo era, en realidad, para los padres que creían que el amor a los hijos consiste en un puericultor de pago. Y para los que el status es incompatible con la cola en el ambulatorio de la Seguridad Social. Estuvo a punto de hundirte el negocio. Con ella era imposible pensar en otra cosa. Mecido en sus caderas navegabas océanos. Y escalabas las cumbres que arañaban el cielo cada vez que su cuerpo gemía bajo tu aliento. Era todo erotismo y temblor de ansias. Quizá demasiado o nunca suficiente. Una locura detrás de otra locura, y siempre igual, y siempre diferente. Era como un imán insaciable que todo lo atrajera hacia la culminación de un vacío infinito todas las tardes de siete a nueve. Lo piensas ahora y era la mujer de tu vida. Os separan una sombra de rirmnel en tu camisa y una huella, como de carmín, color frambuesa, a la altura del externocleidomastoideo. Las tardes de los domingos son eternas. Te asaltan los recuerdos a traición. Estás tan sumergido en las zapatillas que hasta la realidad te pesca desprevenido. Tenía la asistenta su día libre y andaban los chicos, alrededor del televisor, luchando por el mando a distancia. -Manolo, se te va a enfriar la cena. Sonaba su voz sin recriminación ni aspereza. Seguramente sin pasión ni poesía. Desde el fondo del office parecía como si te estuviera leyendo los pensamientos. Otro día te hablaré de ella. Era, claro, la mujer de tu vida. Luis Ignacio PARADA Imagen Los famosos, los que, buscándolo o no, se convierten en gente conocida, son muchas veces bastante distintos a la imagen que dan, o que venden, para el consumo del público curioso. Son distintos en casi todo, pero lo son especialmente en esa experiencia íntima que llamamos sentimiento religioso y que cada vez más queda encerrado en las capas profundas del ser humano para evitar que los curiosos lo manipulen. Esta diferencia, sin embargo, se puede advertir cuando a esos famosos se les interroga sobre su fe. Sorprendidos al principio, en la mayoría de los casos no dudan en ser sinceros y en confesar que la tienen, e incluso que practican lo cual ya es atrevimiento erv los tiempos que corren. Esos famosos con fe, que se asoman cada domingo a las páginas de ABC, demuestran de esa manera que, en el fondo, son personas sencillas, como las demás, con un corazón grande y una elevada dosis de bondad, oculta a veces detrás de la máscara con que se disfrazan para vender el producto o para ocultar unos sentimientos que no deben ser hollados. Guerra del crecepelos Siempre se ha dicho que dos descubrimientos en materia de medicamentos encumbrarían a sus autores a las más altas cimas de la Medicina moderna: el que descubra un remedio contra el cáncer y el que consiga otro contra la caída del cabello. 5o bre éste, la cosa parece próxima, y ya hay el producto de una multinacional norteamericana que ha sido probado con éxito en muchos países y pronto se le verá el pelo en España. Tanta es la expectación, que enseguida otros laboratorios menores se aprestan a poner en el mercado preparados copiados y sucedáneos, que son de menor eficacia. Porque siempre el que lo descubre es el que tiene la investigación y el resto, ya se sabe, la comercialización. Pero la noticia es buena para todos aquellos que esperaron durante tantos años. Habrá que decir entonces lo contrario de siempre: en cien años, nadie calvo. Farmacéuticos Los estudiantes de Farmacia están llenos de zozobra. No es para menos. Les quieren reducir la carrera para ir desguazándola poco a poco, perdiendo en un futuro no muy lejano su carácter de carrera sanitaria. Desde el Ministerio de Educación no comprenden qué el farmacéutico no sólo es dispensador del medicamento, sino que es un estrecho colaborador del médico en la educación sanitaria, como hace unos días señaló el presidente del Colegio Farmacéutico de Madrid, Pedro Gómez de Agüero. PUNTOS DE VENTA DE A l EN GRECIA OLYMPIA: Kosmopoulos Apostólos Co. 4, P. Kondili Str. ATENAS: Bibas Andreas, 44, Panepistimiou; Skaltsa Brothers, 5, Panepistimiou; Plakopóulou P Pras G. and CO O, 18, Omonia Square; Giannakoulopoulos Idannis, 71, Panepistimiou; S. Pirpinia- A. Mantzouratou, 7 1, Metaxa Str. Binikou Despina, 10, I. Metaxa; Papadakos George, 7, I. Metaxa; Alexandra Andriopoulou, 127, Akti Miaouli; Silver City, S. A. International Airport; Koutrakos P. -Drakoulakos G. 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