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ABC, pág. 76- LA FIESTA NACIONAL Ultima corrida de los sanfermines MIÉRCOLES 15- 7- 87 Roberto Domínguez mató un miuraque medía unmetro de pitón a pitón Le pudo y le cortó la oreja Pamplona. Vicente Zabala, enviado especial Ficha de la corrida Pamplona. Novena corrida de los sanfermines. Lleno hasta la bandera. Seis toros de Miura, grandes, con muchos pitones, sin grandes problemas para los toreros, pero acordándose de su procedencia. Ruiz Miguel, de grosella y oro. Dos pinchazos, media estocada y un descabello (división de opiniones) En el cuarto, pinchazo y media estocada (ovación) Dámaso González, de grana y oro. Dos pinchazos y media atravesada (ovación) En el quinto, dos pinchazos y estocada (ovación) Roberto Domínguez, de cardenal y oro. Media estocada y un descabello (ovación, oreja y vuelta al ruedo) En el sexto, pinchazo y estocada corta (palmas) hombre es un valiente de verdad. De esos toreros que tienen corazón en la plaza y buen estilo en la calle. No hay nada más ridículo que un torero que vaya de valiente y de flamenco una vez que se ha quitado el vestido de torear. Casi todos éstos acaban en la caridad de un festival benéfico (si se lo dan... y con los humos muy apagados. Ruiz Miguel no es de esos, el de la isla se comporta como un torero honesto de los pies a la cabeza. Su carrera está preñada de sacrificios, de estoquear corridas como la de hoy, unas veces con más lucimiento y otras como la de esta tarde, sin otra satisfacción que la del deber cumplido. Pamplona entona ya el pobre de mí Se acabaron las fiestas de San Fermín. Una feria ruidosa, que es lo suyo, en la que los toros han embestido poco y el trapío de las reses ha sido más largo de lo que requiere un público que presta escasa atención a lo que sucede en el ruedo. Yo le diría a hombres como Javier Lorente, que en. su día era un veterinario tremendamente intransigente, que comprendiera, como deben entender los de la Casa de Misericordia, que no pega ni con cola que salgan los toros más grandes y cornalones de España para que suden la gota gorda unos toreros que son ignorados por más de la mitad de la plaza mientras se desarrolla la lidia. Hay que ir a un toro normal, al cuatreño reglamentario; limpio de pitones, eso sí. Sobra el mamut. No embiste en la mayoría de las ocasiones. Y un ruego a la Casa de Misericordia: guíense de su propio criterio. No hagan caso a ningún tipo de presiones. Tienen que hacerse a la idea que con determinados ciudadanos nunca acertarán, porque les quieren coger como si estuvieran muy corraleados. Si echan el toro de ganadería de postín serán considerados como esclavos de las figuras; si sueltan el de hierros de poco fuste, la censura será, grande porque no traen los de postín. En mi opinión deben ir a un toro que permita que el público abandone el disparate políticoseparatista, la goma- 2 la eterna Mamá Inés y la infantil Hola, don Pepito; hola, don José... para divertirse de verdad, con lo que sucede en el ruedo. Eso del toraco destartalado, la lidia concienzuda y meticulosa no le va a una plaza festiva, de bombo y platillo, de ajoarriero y botella de cava. Recapaciten, por favor, recapaciten. Toro limpio, toro íntegro, toro reglamentario, pero no más mastodontes, que no sirven ni le interesan a nadie, empezando por el 99 por 100 de los pamploneses, que le vuelven la espada, o los pocos que los contemplan lo hacen entre bostezos, como sucede con una parte de los graderíos de sombra. Hemos llegado al final de la feria con la clásica miurada y con los ecos, que no cesan, del escándalo currista del domingo en las Ventas. Ahora parece que todos los que no estaban en la Monumental madrileña el día de autos tienen- tenemos- nuestra versión. Aquí se ha comentado mucho el artículo de Antonio Burgos, que ha aprovechado que el Guadalquivir pasa por Sevilla para darle leña al chimpancé de la política. Pero mira, Antonio, maestro, que eso de emparejar a dos dioses no lo acabo de entender. De toda esa marimorena que se formó el pasado domingo en Madrid no había otro dios, con minúscula, que ese que, por su personalidad, todavía es capaz de organizar un tremendo revuelo a la hora de su agonía artística. El otro es un dios de vía estrecha, un invento de don José Bergamín en los últimos años de su senectud, a un paso ya de hacerse enterrar envuelto en una ikurriña después de ser madrileño de toda la nes excepcionales, que el propio torero se encargó de despilfarrar. Algún personaje retorcido (en esto de la fiesta no sólo se retuercen los que se pusieron delante del toro... lo pasó en grande cuando vio que el sobrino de aquel Fernando Domínguez, que también pudo, pero no quiso, se iba desinflando tarde a tarde, perdiéndose en un mar de detalles, pero sin cuajar esa faena grandiosa que se requiere para ser figura del toreo con sello de artista y que debe producirse en las Ventas o en la Maestranza. Acabamos todos perdiendo la fe en el vallisoletano. Mis enemigos, que humanamente no valen un duro, aprovecharon para decir que yo me había equivocado con este torero. Y no, no me había equivocado al resaltar sus posibilidades artísticas. De lo que no tiene uno culpa es de la falta de perseverancia del torero. En cuanto se torció de su camino yo fui el primero en decirlo, entre el disgusto de sus partidarios y el malestar del propio diestro, que, según me decían, no entendía cómo le canté cuando empezaba y cómo le zurraba la badana cuando tomó la cuesta abajo de la rutina. Hoy le he vuelto a encontrar centradísimo, valiente, con las ideas claras y los brazos sueltos. Me gustó mucho con el miura, porque no le dudó ni un instante. Lo toreó como lo hubira hecho una figura de antes de la guerra; con un talento y un sentido de la anticipación que sorprendía hasta al terrorífico cornúpeta, que acabó entregándose lo mismo que se entregaron los navarros a la profesionalidad del torero de Valladolid, al que parece que le ha sentado muy bien el año que se ha pasado en el dique seco. Le cortó la oreja al impresionante toro de Eduardo Miura y estuvo muy torero con el sexto, que no tenía un pase, estoquándolo con prontitud y aseo. del toro, los que no han puesto boca abajo la plaza de las Ventas y la Maestranza de Sevilla no cuentan ni para las historia ni para el ocaso de los dioses... Te sobra, pues, un dios, querido Antonio Burgos. En cuanto a Curro, debe decir su adiós definitivo... a no ser que salga un empresario con agallas y con ganas de ganar dinero y le vuelva a poner el domingo en cualquier plaza. Lleno hasta la bandera garantizado. Morbo a tope, y a lo peor, hasta espontáneo encanallado que se lanza al ruedo a reclamar lo que sabía de antemano que había perdido cuando se puso a la cola para sacar la entrada. ¿0 es que pensaban que Curro salía a dejarse matar? Menos mal que aquí no clausura las plazas la UEFA cuando se lanza un valiente a pegar al arbitro. Lo que no se explica nadie en Pamplona es cómo Curro, que tenía el estoque de descabellar en la mano, no se decidió a manejarlo. Y es que Romero siempre anduvo mal con la espada... El del bache Dámaso González quiere salir del bache que atraviesa. Se le ve con grandes deseos de recuperar el sitio de figura que perdió un mal día. Ahora se ve matando miuradas y lo que sea; pero la verdad es que este desaliñado torero es un buen muletero, un hombre que ha tenido dos grandes virtudes, dejando al margen los gustos estéticos de cada cual, de torear con la mano muy baja, con un valor sin cuento y con el secreto de no dejarse puntear casi nunca los engaños, este último denuncia la virtud envidiable del temple. En la corrida miureña de Pamplona pudo tener un éxito considerable, pero anda flojo con la espada. Ha perdido la facilidad que tenía con el acero. Entra ligero y con el brazo por delante y, claro, no mata, pincha más que mata. Fue muy aplaudido a la muerte de sus dos enemigos. El miura del terror Durante toda la feria se estuvo hablando del miura que medía un metro de pitón a pitón. ¿A quién le tocará ese toro? Esta fue la pregunta que se hicieron los aficionados a lo largo de los sanfermines. También había su morbo en torno a este toro, que fue a parar al que menos fama de héroe tenía sobre el papel de la terna que componía el cartel. Sin embargo, Roberto Domínguez se hizo présente en cuanto la bestia saltó a la arena. Llevaba dos antenas de televisión en la cabeza. No lo dudó ni un solo momento. El de Valladolid anduvo fácil, suelto, tolero, lidiador, muy puesto, muy seguro, increíblemente poderoso. No se afligió en ningún instante. Estuvo siempre por encima del toro, que, afortunadamente, no sacó malas intenciones. Pero la verdad sea dicha: daba miedo verle desde el tendido. Con Roberto Domínguez me han ocurrido las cosas más contradictorias. Cuando salió de novillero vi en él unas condicio- Especialista Esta vez no obtuvo nigún éxito el especialista en miuras y Victorinos Paco Ruiz Miguel. El