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MIÉRCOLES 15- 7- 87- OPINION -ABC, póg. 15 L GOBIERNO EN CRISIS Nos encontramos hoy con que el señor Ledesma se declara incompatible con el ministro del Interior, y este último con el señor Ledesma. La figura más representativa del socialismo catalán declara que es necesario el relevo de algunos miembros del Gobierno. El ministro de Educación pone cara de póquer como si el asunto no fuera con él, mientras la Universidad sigue desintegrándose... Situación insostenible, es lo cierto, en la que el actual presidente del Gobierno vuelve a evocar los modos y tendencias del antiguo morador del Palacio de El Pardo, convencido de las utilidades de aplazar y de las virtudes curativas del tiempo. Si hubiera que elegir una fórmula para definir a don Felipe González, habría que elegir una, de su propio acervo: la ambigüedad calculada es lo que le define. Parece como si fatalmente lá ambigüedad calculada hubiera de convertirse en situaciones de incalculable ambigüedad. OS círculos políticos extienden de día en día un clima de cambio de Gobierno, cuando ha transcurrido un año de la segunda victoria del PSOE por mayoría absoluta. Convendría repetir algunas cuestiones de principio: don Felipe González, vencedor en las elecciones, es perfectamente libre de modificar como crea útil la composición de su gabinet e sin que nadie pueda cuestionar por ello su anterior victoria electoral: Hay en segundo término que recordar la letra de la Constitución. El artículo 100 establece que los miembros del Gobierno son nombrados y separados por el Rey a propuesta de su presidente. Es el esquema clásico de las monarquías constitucionales europeas. Y es de hecho el jefe del Gobierno quien elige a los ministros. Estos son colaboradores directos del presidente o si se quiere sus secretarios, en la terminología anglosajona. No cabe, por tanto, disenso oficializado en el marco de la vigente Constitución. La división del Gobierno no es más que la división que padece el propio cerebro de don Felipe González. Son del todo respetables las tensiones, a veces angustiosas, que está forzado a padecer quien ejerce la responsabilidad de gobernar. Don Felipe González- l o hemos subrayado otras veces, respetuosamente siempre- insiste en ser a un tiempo socialista y neoliberal, atlántico y asilacionista, centralista y federal, descendiente de Pablo Iglesias y pariente de Keynes. Pero, como se dice en la capital del Reino, no se puede estar a todas. El señor González quiere ser amable a un tiempo con los Bancos y con los sindicatos, con la Policía y con los jueces. Voces mal intencionadas sostienen que el presidente ofreció en privado al embajador norteamericano, Thomas Enders, garantías firmes que nunca hubiera podido ofrecer en público sobre la vinculación española a las necesidades de Washington. Y este ejemplo sirve para exlicar el fondo de la cuestión. La política no es un problema de habilidad, sino de ideas claras, de principios laboriosamente aprendidos y enraizados, de estudio y buena información. Hay un momento en que la habilidad ya no sirve. L tratamiento que la primera ministra británica daba al problema de la descolonización de Gibraltar, en la entrevista publicada ayer en nuestro periódico, merece algunos comentarios, porque resulta enteramente natural que la versión del colonizador difiera de la versión española. Precisamente por eso y para armonizar estas dos posturas diferentes se han abierto hace ya más de un cuarto de siglo unas interminables negociaciones que la veterana diplomacia del Reino Unido ha sabido siempre prolongar con la suficiente ambigüedad como para ofrecer al mundo la falsa imagen de una negociación en marcha, cuyo propósito final fuera exclusivam e n t e v a c i a r l a de todo resultado. La última declaración de Bruselas es la obra maestra de los nietos de Benjamín Disraeli. Pero como también es evidente que la deseada descolonización de Gibraltar no puede dejar a nuestro país al margen de los procesos E GIBRALTAR OTRA VEZ de unificación europeos, las negociaciones entre España y el Reino Unido se van extendiendo a lo largo del tiempo, sin que los intentos españoles por comenzar alguna vez el proceso de manera efectiva hayan tenido hasta ahora el menor éxito. Y por esta misma razón, convendría recordar que nuestra diplomacia ha actuado siempre en Gibraltar con arreglo al derecho internacional, y no tiene razón alguna para avergonzarse de acciones pasadas, que fueron todas ellas sancionadas con el voto favorable de las Naciones Unidas, alumb r a d o r a s de v e r d a d e r a s montañas de resoluciones en favor de la descolonización de Gibraltar. Resoluciones que siguen siendo ilustre papel mojado en los archivos onusianos del East River neoyorquino. Fernando María Castiella, cerrando la verja construida por los propios ingleses, no hizo nada contrario al derecho internacional, y ahí quedan las infinitas resoluciones de las Naciones Unidas durante aquel período en que España recibe invariablemente la razón, mientras se ordena al Reino Unido que abra unas negociaciones para s u p r i m i r el anacronismo colonial del Peñón. Si lvtego los tiempos han variado, y otros intereses superiores, como la entrada en el Mercado Común han inclinado a nuestros gobernantes a rectificar la legítima- -enteramente legítima, con el tratado de Utrecht en la manó- decisión española de cerrar la verja, semejante cambio no significa la rectificación de un error, sino más bien la percepción de unas realidades, con las que esperamos algún día obtener, por fin, por parte británica el reconocimiento de que su presencia colonial en territorio español es uncontrasentido histórico. España ha demostrado su buena disposición cediendo incluso en lo que eran sus impecables derechos. Falta por ver, si Gran Bretaña resulta después de casi tres siglos capaz de exhibir por lo menos un atisbo de buena voluntad. Si esto no se produce habrá que pensar en cerrar la verja de- nuevo, verja abierta con precipitación y con exceso de concesiones por el Gobierno actual. H RADIOGRAFÍAS EN ESPAÑA A causado estupefacción en medios europeos lo manifestado en el Congreso de Diputados por el ministro de Sanidad, señor García Vargas, en el sentido- que hay que esperar hasta siete meses para una radiografía La estupefacción se acompaña de la incredulidad ante el hecho de que una situación así pueda darse en un país miembro de la CEE, que asigna a la Seguridad Social ingentes recursos. La quimera de una reorganización economicista de la Sanidad Pública en España, para la que se prescindió del parecer de los médicos, ha llevado al desorden presente, en el que unas cotizaciones muy altas aportadas por los trabajadores y por las empresas tienen como contraprestación la caída en picado de la calidad de los servicios. Los médicos españoles pueden, en teoría, seguir recabando radiografías para los enfermos y, en la práctica, certificar la muerte de alguno de ellos. ABC Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos Subdirectores Darío Valcárcel. Joaquín Vila. José Javaloyes, Manuel Adrio, Joaquín Amado Jefes de Redacción: J. A. Gundín (ContmuKJad) J. C Azcue (Internacional) B. Berasátegui (ABC literario) A. Fernández (Economía) J. I G. a Gai 2o n (Cuttura) A. A. González (Coníkiuidad) R. Gutiérrez (Continiítiaa) L. Lz. Nicolás (Reportajes) C. Maribona (Continuidad) J. L. 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