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GENTE Esa sombra de Norma por la playa T IENE el cuerpo como un inmenso mar de sueños y esbelteces. Los ojos reidores y una alegría honda y clara, definitiva. Norma Duval es suave y dulce, serena. Dista mucho de ser la vedette pamplinosa y estúpida que tanto abunda, soñadora de un universo de flores y de joyas que se perdió para siempre. Ella, Norma, tiene los pies en el suelo, bien asentados; los ojos, bellísimos, tibiamente fugitivos sobre el Mediterráneo en esta tarde en que cae el sol, celoso de su belleza. Norma sabe lo que es triunfar en París y volver loca a toda Francia; lo que es sentar reales en Madrid y que España entera la admire y la piropee; lo que es ese mundo fantástico y terrible de los focos y las pasarelas, de las boas y los espumillones, de las batas de faralaes y los sombreros de copa: mundos lejanos y siempre vivos del music hall y la revista, de las lentejuelas y los boys que te alzan a mayor belleza de esas piernas que son como un suspiro largo donde el amor se pierde; que son toda la magia y el atractivo de las vedettes de siempre. Norma Duval es hoy no sólo nuestra artista de variedades más soñada, sino el encanto de la mujer que no deja nunca de serlo. Lejos de la pasarela rutilante del teatro, con un sencillo sombrero de paja y un pareo de flecos, castizo y luminoso, Norma Duval vive estos días junto a esa otra pasarela sencilla de la mar, donde el decorado posee azul mediterráneo auténtico y las palmeras no son de cartón y purpurina, sino que se balancean suavemente al fresco vaivén del vientecillo de Alcudia... Aquí, en la costa norte mallorquína, recuerda Norma su estancia, siendo niña, en Capdepera. Por esa evocación han elegido este año la isla para descansar. Con ella, Marc, su marido; y sus dos hijos y unos sobrinos; y el mar y la arena; y olvidarse de todo y pensar que el mundo también para la artista se ha detenido, y que, como una madre más, sólo piensa en sacar a sus niños a la playa. Tal vez algún día Norma Duval compre una casa en Mallorca. Lo sueña, sí, lo sueña, mientras entorna los ojos y piensa en un mañana cuajado de tranquilidades en esta serena vecindad de los mares. Pero, luego, vuelve a la realidad y sonríe con un punto de malicia y ternura y habla de su próximo espectáculo. Y aquí, junto a esta palmera de verdad y sobre esta pasarela marina, Norma Duval evoca íntimamente sus noches de gloria. Y todo se compagina como en un cuento mágico. Santiago CASTELO LUNES 13- 7- 87 ABC 105