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-LUNES 13- 7- 87- LA FIESTA NACIONAL A B C 73 Curro Romero y Rafael de Paula se dejaron dos toros vivos en la tarde del ocaso de los dioses Pésimos toros del marqués de Albayda, que no dieron ninguna opción al lucimiento Las glorias de este mundo siempre son perecederas. Llega un momento en que todo se termina, que llega el momento del irreversible adiós, en el que no se pueden apurar más unas circunstancias exprimidas hasta el máximo. La corrida del arte, el festejo del miedo- preñado, aún tanto de ilusiones como de temores cuando se anunY por eso que los toreros que nos ocupan- a l menos dos de ellos- son historia inmortal me sabe triste escribir esta crónica. La terna ha dado muestras de su incapacidad actual, de su baja forma física, de no saber vencer el flujo del miedo con el resorte que da el oficio y la técnica, que las facultades ya no son aquellas de hace bien pocos años cuando- viejos y vetera- nos y a- todavía soñaban el sueño mágico del toreo para deleite de todos los aficionados con sensibilidad que en el mundo han sido. El público se mostró paciente en un principio. Acogió con simpatía y calor a tos lidiadores, esbozó oles cuando Antoñete se estiró en su primero en tal o cual derechazo, en un magno pase de pecho y esperó con paciencia- olvidado de la saña de San Isidro- a que se acoplara con el noble toro de Osborne Domecq que le correspondió en primer lugar al torero del mechón blanco. Llegaron las indecisiones, el ahora doy un pase con porte, pero el siguiente no, pues resulta enganchado. Por en medio, el atropello de unas piernas que, por desgracia, no responden. Cuando arrastran al toro hay unos pitos sin acritud. Pero ahí terminó el buen tono ganadero de la corrida. Los restantes toros- cuatro del marqués de Albayda y uno de Carmen Ordóñezresultaron pésimos. Con ello no queremos salvar a los toreros pero justo es decirlo. No comprendemos cómo se dejaron anunciar con una divisa de dudosa garantía, pues hace tiempo que no figura en los carteles de lujo. Todavía el público tuvo un compás de espera en los toros segundo y tercero. Hasta jaleó a Curro Romero en esbozos de lances- real caricatura de los que salieron muchas veces de las manos de este torero- -animándole a medida que iban transcurriendo. Curro es arrollado espectacularmente al llevar el toro al picador. El de Albayda- q u e ¡nicialmente parecía ser portador de poca fuerza- se pone a la defensiva. Es muy mal lidiado, va al bulto, siembra el terror. Los banderilleros pasan una y otra vez sin clavar ningún palo. El astado se emplaza en terrenos de la puerta de cuadrillas. Curro ordena a sus banderilleros que se lo saquen. No pueden. El animal es un marmolilo. Se emplaza en la querencia. Un verdadero regalito Hay que ir a buscarle, jugarse las femorales. Romero no está por la labor, se raja Desiste de torear. Se va hacia la barrera y espera a que suenen los tres avisos y el toro regrese a los corrales. Su oponente era un verdadero engendro del averno, como se decía en las crónicas decimonónicas, y era prácticamente imposible estar delante de él. Aunque cabía la vía dei decoro, aunque fuera por la senda de la puñalada trapera en los costados a paso de banderillas. La corrida había causado gran expectación, llenándose prácticamente la plaza ció- ha tocado a su fin. Todo fluye, nada permanece. En la tarde de ayer, Antoñete, Curro Romero y Rafael de Paula han abandonado la plaza entre una bronca épica, histórica. Es muy difícil poder volver la vista hacia atrás. Volver a ver las faenas imperecederas de los protagonistas de esta tarde dominical. Ya queda en la historia. Escándalo en las Ventas: los tres matadores fueron custodiados por las Fuerzas del Orden Público Curro Romero, después de haber tomado la decisión de no matar a su primer toro. El de Camas esperó en el estribo a que sonaran los tres avisos Pero, a pesar de todo, el público chilló fuerte a Curro, pero todavía sin ese odio que antes salía de un desmesurado amor que hace tiempo empezó a no tener razón de ser. Se estiró Paula en las verónicas del tercero. Hubo sus conatos de duende y de gitanería. Después no se acoplaría con la muleta en un recital de muletazos prendidos, deslavazados, sin norte ni concierto y ayunos de técnica. Acabó de media en el chaleco. Este toro tuvo más fuste que los tres que llegarían después, pero el de Jerez no le supo dar la distancia. Antoñete hizo gala en el cuarto, de Carmen Ordónez, de su baja forma. Ya no fue el querer y no poder de que hizo gala en el toro que abrió plaza y que se le escapó Desfallecido, desfondado. Una pena. Desconfiado, pero profesional. Una profesionalidad de la que carecieron después sus compañeros. Y sale el quinto. Con él llegó el escándalo (como en aquel inolvidable filme de Rqbert Mitchum) Pero Curro ha cumplido muchos años desde que aquella película estaba en candelera. Eran bs tiempos que inmortalizaba a los Benítez Cubero en Sevilla. Ahora, el calendario ha pasado muchas hojas. El toro lo deja picar en exceso. Nuevo y lamentable tercio de banderillas. El de Albayuda tiene castaña de la fina. Esta vez no tiene perdón, esta vez no existe el atenuante del revolcón anterior o de una dificultades insalvables de un astado que no veía bien. Ahora, sin darle un sólo pase, entrar a matar. Suena un aviso. Pasa más tiempo alrededor de la res que en los intentos toricidas. Un espectador se lanza al ruedo y pega al torero. La bronca es de ordago. Había muerto un mito... Y sale Paula. Su rival arrolla de salida al Deón Curro Alvarez. Parece que lo ha mataido pero sale ileso. Paula también va a cuadrarlo. Verdaderamente lamentable con espada y descabello. Múltiples intentos con las dos armas. Suena el primer aviso. El segundo. El toro se cae a punto de llegar el tercero. Pero se levanta y suena el clarín postrero. Los cabestros no logran devolver a los corrales al de Albayda. Lo remata el puntillero. Uega la bronca final. Las almohadillas y los botes de cerveza caen al ruedo como nunca he visto. Curro y Paula son custodiados por las Fuerzas del Orden. Y aquí termina la crítica de una corrida La crítica que jamás hubiera querido escribir como, seguidor de unos modos de hacer el toreo. Todas las cosas se acaban. Todas aquellas en las que tuvimos fe, en las que depositamos ilusión a la hora de ir a los toros. Habíamos presenciado el ocaso de los dioses. La crónica de unas despedidas anunciadas. Termino como el poeta: Dicen que no son tristes las despedidas, dile a quien te lo dijo que se despida José Luis SUAREZ- GUANES