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58 ABC PROYECTO PARA EL PALACIO REAL LUNES 13- 7- 87 Madrid contaría con un gran itinerario turístico y cultural para el peatói se descendería, por una amplia escalera, bien al Campo del Moro (y, cruzando éste, a la Casa de Campo por el túnel que utilizaban los reales coches de caballos para lograr su acceso desde los jardines de palacio) bien al nuevo museo que Miguel de Oriol piensa que podría instalarse bajo la plaza de la Almudena. Este museo podría reunir, de acuerdo con el proyecto del arquitecto, las magníficas colecciones reales de tapices, relojes y abanicos que conserva el Patrimonio Nacional. En muchas ocasiones se ha hablado de dar a la de tapices, que es una de las mejores de! mundo, un asiento apropiado y definitivo para su exposición. Incluso se han citado los palacios reales de La Granja y de Riofrío, en Segovia, como posibles destinos de la colección. Para Miguel de Oriol esas colecciones deberían permanecer en Madrid, y sobre todo ser expuestas, porque buena parte de las mismas se encuentran guardadas. Su asentamiento bajo la plaza de la Almudena es el lugar ideal en opinión del arquitecto, que recuerda que ya fue El Patrimonio Nacional considera positiva la idea y el Ayuntamiento está dispuesto a realizarla si existe demanda social propuesto por Iñiguez Malgech e incluso proyectado por Méndez. La perforación de esa plaza produciría con toda seguridad un hallazgo sorprendente: los cimientos del antiguo Alcázar de los Austrias, que podrían ser un elemento más de tan original museo subterráneo. El Patrimonio Nacional, según ha podido saber ABC, ha valorado muy positivamente como sugerencia la propuesta de Miguel de Oriol e Ybarra, que coincide con la inquietud de sus responsables en lo relativo al Museo de Tapices, Relojes y Abanicos. El arquitecto Manuel del Río, secretario del Patrimonio Histórico de este organismo, confirma que el emplazamiento del museo bajo la plaza de la Almudena, según sugiere Miguel de Oriol, se encuentra entre los lugares que el Patrimonio Nacional estudia como sede para la exposición de una de las mejores colecciones de tapices del mundo. En cuanto al paso a nivel inferior para la circulación de la calle de Bailen, Manuel del Río opina, a títu lo particular y como arquitecto, que es una idea de mucho interés; muy atractiva románticamente, pero que compete a muchas instituciones, entre ellas al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, y no sólo al Patrimonio Nacional Por otro lado, habría grandes inconvenientes, a su juicio, en la construcción de las escaleras y rampas de acceso al Campo del Moro desde el balcón de M a d r i d Pero sigamos a nuestro caminante. Tras la visita a los tapices, relojes y abanicos, atravesaría los amenos jardines del Campo del Moro para alcanzar el actual Museo de Carruajes, otro argumento intere- El Palacio Real de Madrid es uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos del mundo. Para algunos expertos representa el palacio más atractivo de Europa. Indiscutiblemente, no tiene competidor en cuanto a riqueza de obras de arte de todo género, pertenecientes en su mayor parte a las colecciones de los sucesivos Monarcas borbónicos que lo habitaron, aunque también conserva piezas, sobre todo en la Real Armería y en la Biblioteca Real, provenientes de los Austrias. Los orígenes del lugar como asentamiento se remontan a la fortaleza o alcazaba construida por los musulmanes (siglos X y XI) y ocupada más tarde por los ejércitos castellanos. Sería la dinastía de Trastamara, atraída por la caza de los alrededores, la primera que daría categoría de residencia real al viejo castillo, remozado y ampliado más tarde por Carlos V como Real Palacio. Las obras de éste, comenzadas por Vega y Covarrubias, serían continuadas por Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera y Francisco de Mora en época de Felipe II, y por Juan Gómez de Mora, con Felipe III. Cuando Felipe II fija la Corte en Madrid (1561) el nuevo Alcázar tiene ya definitivo rango de residencia de Monarcas. Allí vive Feiipe V, primer Rey de la dinastía de Borbón, hasta que un gran incendio, en 1734, destruye completamente el Alcázar de los Austrias. El nieto de Luis XIV de Francia proyecta entonces levantar en el mismo emplazamiento ün palacio que aventaje a los mayores de Europa y más a tono con la arquitectura francesa de la época, a la que estaba mejor acostumbrado su melancólico ánimo. El proyecto se encarga al abate Felipe Juvara, arquitecto en la Corte de Tunn, que muere en 1736 sin que su plan hubiera satisfecho los deseos dei Rey. El sucesor de Juvara, su discípulo Juan Bautista Sacchetti, reduce la extensión del palacio según los planos anteriores. El 7 de ífcrtl de 1738 se pone la primera piedra en el centro de la fachada del Mediodía. A la muerte de Felipe V, Fernando VI da un gran impulso a las obras, al igual que su hermano, Carlos III, primer Monarca que ocupa el palacio, en 1764. La obra del Palacio Real es de piedra. En las fachadas se combina el granito de. Guadarrama con la caliza de Colmenar. De planta rectangular, casi cuadrada, tiene cuatro grandes salientes en los ángulos, más otro resalte en medio de la fachada norte. Su alza- do alcanza los 28 metros en las fachadas de las plazas de la Armería y de Oriente, y dobla esa altura en los desniveles de los jardines de Sabatini y del Campo del Moro. Los siguientes Borbones completarán su construcción: Isabel II levanta los arcos que cierran la plaza de la Armería por la calle de Bailen, y Alfonso XII construye las escaleras de descenso al Campo dei Moro. Estos jardines, al igual que la plaza de Oriente, son del tiempo de Isabel II, aunque adquieren su aspecto actual a finales del siglo pasado. Adornados con varias fuentes monumentales, en ellos se plantaron robles, moreras, álamos negros, acacias y otras especies arbóreas. Entre lo más sobresaliente del Palacio Real se encuentran los Museos de Pintura, de Tapices, de la Real Armería, de la Real Oficina de Farmacia y de Carruajes, además de la Biblioteca Real. En su interior destacan la escalera de Sabatini, de peldaños de mármol dé una sola pieza de cinco metros; los salones de Guardias, de Columnas, de Tapices, de Gasparini, de Carlos III y del Trono; las habitaciones de la Reina María Cristina, y las salas Amarilla y de Porcelana. sante en nuestro recorrido ya sustancioso como señala Miguel de Oriol. Luego podría seguir hasta el túnel antes citado que lleva a la Casa de Campo y salir a esta última o a la ermita de la Virgen del Puerto, si es que antes, en el balcón de Madrid no había optado por descender por una rampa hasta la cuesta de la Vega para volver a subir hasta la cercana plaza, donde los restos de la muralla árabe de la ciudad. Todo este recorrido, basándonos en el proyecto de Miguel de Oriol, representaría además la prolongación de un gran trayecto museístico que comenzaría en el Casón del Buen Retiro, continuaría en los del Prado, palacio de Villahermósa, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, conventos de las Descalzas y de la Encarnación, el ideado Museo de Tapices, Relojes y Abanicos, y terminaría en el de Ca rruajes. Para Miguel de Oriol este itinerario no tendría nada que envidiar, salvo la inexistencia de tráfico, a los que se le ofrecen al paseante en París, desde el Louvre al Grand Palais, y en Londres, de Buckingham hasta Marbel Arch. Pero todo se andaría, y en cuestión de unos años, según este arquitecto, desaparecerían los automóviles de las calles Felipe IV y Mayor, vías neurálgicas de este trazado peatonal al servicio del arte. El arquitecto José Luis Picardo, consultado por ABC, señala que la idea es muy creativa, en particular el paso subterráneo de la calle Bailen, que favorece mucho al conjunto de la plaza de Oriente y del Palacio Real. Sugeriría tan sólo disimular con hiedra los muros de ladrillo que asoman al Campo del Moro, para destacar la masa arquitectónica del Palacio Real. Y en cuanto al museo bajo la plaza de la Almudena, preferiría que no se instalara porque una plaza hueca, como la plaza Mayor y sus aparcamientos, es mentalmente molesta Para quien conozca el palacio de La Granja y haya paseado bajo sus fachadas y entre sus jardines le será fácil adivinar el sentido final de la propuesta de Miguel de Oriol. Al que esto escribe le viene a la memoria ese otro palacio borbónico, situado al pie de las estribaciones de Guadarrama, en una mañana de invierno: algunos gamos reunidos bajo los balcones de su fachada principal, frente a los parterres nevados, todo envuelto en el silencio blanco, también el caminar del visitante. No es difícil imaginarse la escena a la sombra del Palacio Real, aunque no nieve, cuando éste consiga verse recompensado al fin por su blanca belleza. Así sea. Por todos nosotros. Pedro CORRAL