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ABC, pog. 62 ACE e s c a s o s días tuvimos una entrevista con el ministro del Interior y con el secretario de Estado de Seguridad, señor Vera, para exponerle nuestra preocupación por la incidencia del terrorismo y la inseguridad ciudadana en el desarrollo turístico español. Vaya por delante, por supuesto, que ambas cuestiones tienen para nosotros prioridad, como simples ciudadanos, más que por nuestra condición de profesionales de una rama socio- económica. Salimos de la entrevista con algunas ideas claras: Tuvimos la sensación de que la alta dirección del Ministerio del Interior está en manos de personas con sentido de la responsabilidad y entrega ilimitada a su trabajo. Estas frases pueden parecer un halago, pero que nadie se equivoque: no tenemos el menor interés en halagar al Ministerio del Interior. TRIBUNA ABIERTA MIÉRCOLES 8- 7- 87 H TURISMO Y TERRORISMO No hacemos aquí intencionadamente ninguna valoración política. Cuajquiera que sea la ideología de los integrantes de nuestro colectivo está claro que el Gobierno es el titular del poder ejecutivo, elegido democráticamente y, por tanto, a él dirigimos nuestras demandas y reivindicaciones. Algunas de las sugerencias que realizó la Mesa del Turismo o exposiciones de situaciones internacionales análogas y de las respectivas soluciones, debieran ser tenidas en cuenta por ese Ministerio. En realidad, tuvimos la sensación de que, tanto el ministro como el secretario de Estado, eran receptivos a nuestras informaciones en la reunión prolongada y profunda que sostuvimos. Salimos muy intranquilos de la reunión porque para tener éxito en la lucha contra el terrorismo y la inseguridad ciudadana es nece- bres. Sólo a través de una reafirmación pública de la ética civil se puede colaborar eficazPor Félix AREVALO mente a la eliminación de la Mesa de Turismo de la violencia. El violentador se mitifica, se hace héroe a sario que coincidan al mismo tiempo: Una dirección competente. Ya hemos adelantado sí mismo. O bien desprecia al resto de la soque nos parece que se cumple adecuada- ciedad. De una u otra manera, así logra senmente esta exigencia; voluntad política. Por tir coherencia, aunque sea patológica, entre supuesto, no podemos dudar de su existen- él mismo y su acción. cia. En nuestra línea de no politizar estas Y esto último debe ser desmontado por los líneas silenciamos aquí, tanto las acusacio- medios de comunicación, que deben disponer nes hechas al PSOE en su papel anterior de plena y responsablemente de capacidad de oposición, o de Gobierno en la actualidad, juicio y valentía para diferenciar, cuando se como los elogios que pudieran provenir de trata de noticias referidas a la violencia, los tendencias ideológicas de signo favorable. papeles tan distintos en la sociedad de los Aquí y ahora, no nos puede quedar duda de guardadores del orden social, que son las que el Gobierno tiene plena voluntad política Fuerzas de Seguridad en general y de los de terminar con el terrorismo y con la insegu- violentadores, muchos de los cuales hacen ridad ciudadana; medios técnicos y humanos del crimen su profesión. suficientes y capaces, pero quizá lo más imPor supuesto, todo ciudadano, aunque sea portante sea que el entramado social responautoridad o agente de la misma, tiene unas da por vías adecuadas a la necesaria colaboobligaciones a cumplir. Pero si se produjese ración para esta lucha. Ese entramado debe descansar sobre una una indeseada colisión de derechos y obligaética civil que constituye el mínimo moral co- ciones, no puede juzgarse de la misma mamún de una sociedad secular y pluralista; mí- nera a las personas que están defendiendo la nimo, más abajo del cual no puede situarse justicia de los ciudadanos, incluso con su ningún proyecto válido de sociedad. Y nos te- vida, que a los delincuentes, sobre todo si ésmemos que esa ética civil está en peligro en tos infringen la ley con habitualidad, capacidad de discernimiento para eliminar o matizar estos momentos. Es necesario un rearme moral de los indivi- las noticias, que pueden contribuir a la autoduos y de la sociedad que sólo puede llegar satisfacción del violentador. a través de los medios de comunicación. Su autoría corresponde a las personas o instancias con autoridad moraJ y prestigio social. Pero en esta época de dominio de los medios de comunicación, éstos son los obligados a transmitir los mensajes de rearme moral. Porque no debe- olvidarse que incluso el orden jurídico está sometido a los inevitables pactos de los partidos y a un conjunto de servidumSi creemos que la democracia es defender primero los derechos de los delincuentes profesionales antes que los correspondientes a los servidores del orden y de la sociedad, habremos hecho un flaco servicio a la historia del progreso de la Humanidad. Y no habremos servido a ninguna idea de justicia progresista; quizá, más bien, a un estímulo para totalitarismos de variado signo. T RAS un olvido o menosprecio inexplicable de varios años, el abanico, ese biombo manual, vuelve a jugar su importante papel como instrumento de la coquetería femenina. Aunque sin la carga emocional del romanticismo. (Todos sabemos que es una pura ilusión el aire del abanico. Leve juguete en unas manos de mujer, puede dar con sus movimientos mayor relieve a la zona del rostro de que más segura se sabe su dueña. No en balde, esa leve ala de nácar y raso, de seda y marfil, o de madera y papel, que aparece en Oriente con las primeras civilizaciones, llega al mundo occidental con las graves profé- i. cías bíblicas y los versos de Hornero. Ya no puede llamarse al abanico máquina de Estado Han cambiado mucho los tiempos desde que la Pompadour, la Dubarryo María Antonieta hacían famosos los abanicos de su predilección, y hasta una grave decisión de Estado podía depender de un golpe de abanico. De que el delicado utensilio ocultase un gracioso mohín, descubriese una sonrisa o subrayase con nervioso movimiento una contrariedad o una impaciencia. Cierto que los actuales negocios de Estado ya no permiten la intervención de esas frivolas y trascendentes coqueterías, pero el aba- VOELVE EL ABANICO FOLCLORICO las claves más usuales: apoyar el abanico cerrado sobre los labios, no me fío AbaPor Juan Antonio CABEZAS nicarse muy despacio, me eres indiferente nico vuelve por sus fueros. Ya no es pieza o Pasar el dedo índice por las varillas, tenejoya sentimental del romanticismo, sino sim- mos que hablar Quitarse con el abanico los cabellos de la frente, no me olvides Abaniple souvenir para turistas poco exigentes. En España, hasta finales del siglo XIX, las carse con la mano izquierda, no coquetees jovencitas de clase aprendían a bordar, a to- con ésa Salir al balcón abanicándose, salcar al piano los Nocturnos de Chopin, el dré luego Estas y otras muchas expresiolenguaje de las flores y el convencional telé- nes formaban el idioma convencional y sentir grafo del abanico, anterior al eléctrico de mental de aquellas jóvenes con tirabuzones y ojos color tabaco. Morse. Otra de las curiosidades del abanico era lo La inquietud, el desdén, la duda, los celos, todos esos estados de ánimo o sobresaltos de escribir versos en el país de seda, raso del corazón, en un primer amor correspondi- o moaré, por los poetas famosos. De Esprondo, tenían para las jóvenes románticas un ceda a Bécquer y de Zorrilla a Rubén, pasanmagnífico auxiliar en el lenguaje del abanico. do por Campoamor, Núñez de Arce y ios Su pliegue y despliegue, su postura de abier- poetas menores, todos firmaron madrigales to o cerrado en relación con las manos y el sobre abanicos femeninos. Hoy todo eso nos rostro de la portadora, podían servir para co- parece ridículo. El abanico vuelve, pero no municar sentimientos y secretos, desde un para escribir versos, comunicar con el novio o balcón a la calle o desde un palco teatral al cambiar el rumbo de la Historia. Los abanicos patio de butacas. Sólo citaremos algunas de españoles no son ya producto de una delicada artesanía. Se producen ¡ndustriaímente. Se les puede llamar folclóricos, ya que en su decoración se repiten tópicos de la España ¿NECESITA ALQUILAR de pandereta para consumo de turistas: esceUN ARUÍTAMENTO? nas de taurofilia, de gitanería flamenca y maConsulte las páginas de Anuncios; drileñismo de saínete. por palabras de