Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
El síndrome yuppie I se siente incapaz de levantarse por las mañanas; si sólo el esfuerzo de levantar la taza de café del desayuno es una acción apta sólo para James Bond; si leer un periódico o un libro se convierte dé repente en la ardua tarea de descifrar ideogramas chinos, y el trabajo una misión imposible, es hora de echar un vistazo a su cuenta corriente. Si su saldo no supera los dos millones y su nomina mensual no llega al cuarto de kilo, debe empezar a preocuparse, Sufre usted una extraña- enfermedad que empieza a afectar a cientos de jóvenes urbanos profesionales yuppies en Estados Unidos, con la única desventaja de que sus ingresos le impiden encuadrarse en tan prestigiosa élite. Los doctores norteamericanos dividen sus preocupaciones entre la lucha contra la plaga del siglo XX: el SIDA, y el síndrome yuppie la afección más misteriosa de nuestra época que sigilosamente gana adeptos entre la clase más aritocrática de la sociedad norteamericana. La misteriosa enfermedad no tiene todavía un nombre científico, ni una explicación, ni, lo que es más triste, cura. Incluso su diagnóstico está en el alero. Lo único cierto es que la gente que presente estos síntomas es incapaz de hacer frente a las tareas más rutinarias de su vida. Es algo así como un estrés para exquisitos del que no es posible presumir. No quedan fuerzas ni para eso. Áünqúé ya hay famosos que se sabe que han pasado por éste trance, entre otros, según los rumores, el director de cine Blake Edward y a pesar de que Hollywood es una zona dónde se cuentan por cientos los afectados por la enfermedad sus síntomas no son en absoluto apetecibles: cegueras temporales, fuertes dolores de cabeza y una fatiga de tal calibre que muchos han tenido que abandonar su trabajo durante años, sin que. el descanso les permita disfrutar de las acciones nimias de la vida simplemente, porque es una labor titánica llevarlas a cabo. Esto supondrá un cambio en los hábitos de hablar. Decir estoy exhausto puede crear desconcierto entre sus amigos, quienes te miraran de reojo y empezarán a alejarse, física y especialmente de usted. El hablar de un cansancio excesivo por lo mucho que se trabaja puede dejar de ser de buen tono porque, al fin y al cabo, todavía no está muy claro si este nuevo síndrome puede ser contagioso. Elvira SÁNCHEZ SÁBADO 4- 7- r S Hay quien dice que la raza se extingue, que la ciudad es pasto de yuppies y navajeros, que la Chusma lo invade todo... El que lo diga, no sabe en qué mano cae Deauville ni conoce a Maribel Verdú Le Pyo y su hijo E Pen está chipén, le dice Le a las niñas les calienta el punto G Pijo a su hijo, con su filosofía hasta convertirlas en Mesalinas de Lepe aplicada. Su comunión con playeras con el cerril ideólogo francés es Y es que el chico liga cantidad, tanta que a los dos los engañan todas andan a sus pies. No en balpor igual sus respectivas mujeres. de es campeón de paddle- tenis. La Corta el rollo, papá- le dice el juventud sana siempre tiene resernene- que me tengo que ir a ju- vas. ¿Que le viene una modelo pugar al squash. Le Pijo se inquieta blicitaria? ¡zaca! ¿Que la hija de por un momento, pero luego sonríe un preboste socialista? ¡toma del con alivio al descubrir las llaves del frasco! ¿O la decimoquinta vástaga Volvo acomodadas en su bolsillo. de un devoto del Opus? ¡doble raCuando a uno le sale un hijo cepo- ción! ¿Qué es la vida, sino una rro, piensa, lo mejor para que no te continua cinegética sexual? Bueno, destroce la carrocería de tu precio- también hay otras cosas. El mozo so coche estrellándose contra al- es sensible y tiene sus inquietudes. gún pétreo portero de discoteca es Llevar a correr a su padre al club comprarle una moto. Por eso su para ver si de una vez le da al sehijo va feliz con su BMW, ponién- ñor Le Pijo el infarto y se le puede dola a cien por la Castellana mien- heredar. Lucir la ropa, toda de pritras los mosquitos se estrellan en meras marcas bien visibles. Zurrar su polo fucsia. Yo sólo lo hago en la badana al macarra que se atreve mi moto, se dice, no hay nada me- a apoyarse en su moto... Y es que jor que ese cosquilleante runrrún uno ya no puede tomarse una copa que me pone las gónadas a tono y (Ballantines, por favor, otra cosa L no bebo) tranquilamente en la terraza de moda si tiene que estar mirando el escote de la camarera, dándole conversación a la sosita de Piluca y. con el rabillo del ojo puesto en la BMW para que no te la toquen. Hay quien dice que la raza se extingue, que la ciudad es pasto de yuppies y navajeros, que la chusma lo invade todo. Que hoy el Club de Campo y mañana Puerta de Hierro y La Moraleja, pero mientras queden héroes con el pelo engom! nado rápidos en desenfundar la raqueta, colosos con la frente perlada de sudor refrescándose con Fonteres tras él duro partido, jinetes audaces sobre caballos relucientes de cuatro cilindros, chicas de colegio de pago sin gonococos, boutiques con dependientas que veranean en Marbella. la genuina vida pija seguirá existiendo. Y sin subvenciones. Jorge BERLANGA Sumario Peras, fresas, conchetos... al salón Jorge Berlanga Beatriz Cortázar Elvira Sánchez José Alejandro Vara José Javier Esparza Javier Barquín Bajamos a tos pinos algunas a adelgazar. Figúrate como no se me iba a declarar él harquitecto... En cuanto vino empezó a darme coba pero yo jajay le dije digo no naga uster el indiañola. Chica una juerga porque él erre que erre. No me gusta. (Carta de Pichi a PuquO. Jardiel PONCELA David Summers, ídolo de la adolescencia G ABC