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XVI ABG ABC Hiera? lo 4 julio- 1987 La última palabra coso y uniformado de lamparones que cargaba el equipaje y desnudaba a la moza con ia mirada. Entre jadeo y bufido, Noel sufrió un ataque de melancolía. Ulcera y gota arremetían implacables contra su sonrisa, recién esmaltada por el doctor Carie, y que mantenía pese a todo por si... ¡pero ni un periodista! ¡Sin embargo, bien que la víspera, en Bocaccío, confesó a Paco Milabia, cronista frivolo de la agencia BULO: -He vuelto a enamorarme, Paco. Como un idiota, como un colegial. Esa criatura me tiene embrujado. Es modelo y aristócrata, y baila por sevillanas como una diosa. Sí, sí, claro que te pago otro güisqui. Se Hama Nanette. Escucha, esto es dinamita: me voy con ella una semana a vivir nuestra turbulenta pasión lejos de Madrid, del agobio de la Prensa, de la contaminación y todas esas cosas; en perfecto anonimato vamos, de riguroso incógnito. Y gritó, porque Milabia se dormía sobre la barra: ¡Olí the record, estaré en el Roxy de Burgo Aldeorra! ¡En el Roxy! ¿Me oyes, Paco? A aquellas horas, desde Arguelles a Chamartín, desde Lavapiés a Vallecas, Madrid entera tenía que estar empapada de la noticia. Y, sin embargo... Entraron en la suite de paredes descoloridas, ajados cortinajes y mobiliario funeral y bailongo. Noel se acercó, meditabundo, al ventanal para contemplar e) cielo gris, que reclutaba nubes para descargar un aguacero de verano. ¿Qué sentido tenía enclaustrarse en aquel villorrio que prometía tedios sin cuento, tras abonar a madama Clotilde- l a reina de las noches de Fleming, de las que Noel era asiduo- 20.000 pesetas diarias por la compañía de Nanette (de nombre civil Lola Cebollo) si Chismes ¡Pompa! y Tronío no le consagraban los fastos de sus portadas? Cierto que Nanette, aunque sosilla, valía ese dinero por su discreción y natural elegancia, pero de saber que la Prensa no acudiría, Noel hubiera pasado las vacaciones en su ruinoso cortijo, con Natuca, la impresentable desdentada tan experta, no obstante, en sexo oral. ¡Y le hubiera salido más barato! De pronto, una idea luminosa transfiguró el semblante del anciano, que se abalanzó sobre el teléfono y marcó un número, mientras Nanette encargaba al botones: -Anda, rico, tráenos una botella de champán. Y tres copas, que en la cara se te ve que te va la priva. ¿Champán nacional o franchute? ¡El más caro! -zanjó dudas Nanette- Como paga él carcamal... El carcamal no la oyó. Estaba enfrascado en embutirse el foulard en la boca para desfigurar la voz: ¿Redacción de ¡Pompa! Póngame con el director. Quiero ofrecerle una primicia. -Momento... Al otro lado de la línea, en la madrileña sede de ¡Pompa! el joven redactor de guardia Nacho Caraba. depositó el auricular sobre la mesa, junto al libro de Wolfe, la litrona de cerveza tibia, el desplegable de Playboy y la lata de berberechos que pensaba zamparse a guisa de almuerzo. Dejó vagar la mirada sobre la redacción mugrienta que agosto desertaba, y lio con parsimonia un porro. La Prensa del corazón no es lo mío, rumiaba, despiojándose la barba de seis días. Por reportajes como Los marqueses de Frusle nos abren las puertas de su encantadora mansión o María Pularda y Kike de Cabramayor: divorcio a la vista no te cae el premio Ortega... Como no halle quien me apadrine, ¡Pompa! será mi tumba... Y mientras Nacho Caraba tiraba de grifa y fantaseaba un reportaje quimérico, en el que pudiera engatillar los conceptos cocaína, diputado, travestí, corruptelas, crimen pasional y mafia, Noel de Huelga se congestionaba: un extremo del foulard se le estaba colando garganta abajo, produciéndole arcadas. Detrás suyo, echados en la cama, Nanette y el botones bebían Móet e intercambiaban chistes salaces y ja ja jas. Noel no les oía. Oía una voz abúlica, casi asqueada. -Caraba al aparato. Sea breve. -Señor Caraba, me llamo... Pepe Pérez- chapurreó Noel, sofocado, eructante y lagrimoso- Soy un fiel suscriptor de su revista y quiero felicitarle por la formidable línea que... -ÁLgrano- gruñó Caraba. -Bueno, vivo en Burgo Aldeorra; pues bien, ¿a quién diría que be visto entrar en el Roxy hace apenas diez minutos? ¿A quién? -At grano. Al mismísimo Noel de Huelga! -eructó Noel- -El magnate! ¡El don Juan internacional! ¡Jn person! ¡En vivo y en directo ¡Aquí y ahora! -Ya, bueno- dijo Caraba- ¿Y qué con eso? ¡Cómo que y qué! -s e pasmó Noef- ¡Ha de interesarle! ¡Va con una rubia de toma pan y moja! Y eso ño- es todo: sobre la noble testa, en vez del sombrero tirolés lleva el canotier de Maur... -Mire, señor Pérez- l e interrumpió Caraba, a la sazón hurgándose las narices- Noel de Huelga no interesa. ¿Cómo? -Noel escupió el foulard- Debo haberle oído mal. -Huelga no interesa. Huelga huelga. Hemos publicado demasiados reportajes sobre ese parásito. Le hemos sorprendido en su birrioso Maseratti, en la piscina de su chalet de Benidorm, guisando una paella para su cuadrilla de amigos holgazanes, compartiendo fino y jabuguttos con sus jornaleros, recuperándose de una peligrosa operación de amígdalas, con sus esposas y ligues varios. Mire, Pérez: el público está harto de Huelga. ¡El viejo putero no es noticia! ¿No... no soy noticia? -Nones. O, dicho de otra forma: nanay. -Pero el canotier... -musitó Noel, ya sin esperanza. Caraba captó ia desolación de su interlocutor y, estimulada su (escasa) bonhomía por las emanaciones fétidas del porro trató de animarle: -Mire, señor Pérez, hagamos un trato. Si ese Huelga sufre un accidente muy grave o, mejor aún, si se muere, avísenos inmediatamente y cubriremos el reportaje. Por supuesto, le gratificaremos... Noel colgó el teléfono. No se sentía precisamente en plena forma. Arrastró el pie gotoso hasta la ventana para contemplar la lluvia torrencial que la azotaba y que avisaba que el otoño acababa de comenzar. ¿Quieres un traguito, cielo? -cloqueó Nanette desde la cama- ¡Está de muerte! ¡Vente á la piltra, abuelo- graznó el botones- que vamos a darte gustito! Pero Noel ya recuperaba el humor: ese Caraba... ¿no le había dicho que si sucediera una desgracia... le harían un gran reportaje? ¡Lo había dicho! ¡Portada, y fas páginas centrales de ¡Pompa! Desde el sexto piso del Roxy, Noel miraba el paseo de la Infanzona: robustos castaños y casas finiseculares, que, empapadas por la lluvia, rezumaban melancólica grisalla. Pero Noel no lo veía. Sólo veía fotos enormes escupiendo color. Titulares tremendos. Artículos necrológicos. Una vida bien aprovechada. Pérdida irreparable para Marbella la nuit Hablan sus amigos. Le quisimos mucho. Era todo un caballero. En la imagen superior, con su tercera esposa. A la derecha, con la peña de Puerto Banús. Noel con el jeque del petrodólar. Besando a Miss Chicote. De caza con el Caudillo. En el cortijo con Dominguín. Noel, con Noel, con Noel, con Noel... I. V. F.