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4 julio- 1987 ABC ÜTérarío ABC XI InfantilEl juego del pirata Fernando Martínez Gil Editorial Noguer Barcelona, 1987 Novela Lucrecia Temple, I. Encuentro en Berlín Jesús Ferrero Plaza Janes Barcelona, ¡987. 100 páginas Es éste un libro que aporta ciertas claves de interés para entender cómo es vivida y pensada la modernidad por un caracterizado representante de la misma: Jesús Ferrero, cuyas novelas Belver Yin y Opium han tenido una apasionada acogida por parte de un público muy extenso. La obra, muy breve, y primera parte de una serie, sé ilustra con reproducciones en colar de cuadros- muy endebles- de Irene Gracia, también altamente representativos de las ideas y gustos estéticos de la generación Jesús Ferrero de la movida y fantasía, en el arte y en la vida, por ejemplo- limitándose casi de continuo a aceptar, y en alguna ocasión a desarrollar ligeramente las ideas del autor. Las relaciones de la pareja, por otro lado, se reducen a bien poco: aparte de charlar y pasear, él se siente fascinado porque ella es bella y porque su actitud última ante la vida le resulta enigmática, y ella se sirve del distanciamiento y de la falta de coherencia para mantener el enigma. ¿Y qué decir de las ideas que Ferrero expone eñ su libro? Qué resultan interesantes no por sus virtudes intrínsecas, sino porque permiten conocer cómo los representantes de la modernidad ven el mundo, su relación con éste, y de qué manera enjuician la visión de las cosas de las generaciones precedentes. (Por supuesto, Ferrero no es, ni aspira a serlo, el representante único o más alto de la modernidad pero sí es, en cualquier caso uno de los portavoces indiscutibles de la misma en España. Tomando como punto de referencia el concepto de aldea global Ferrero acuña el de tribu planetaria y ve en los jóvenes de las generaciones del rock a aquellos que tomaron conciencia de pertenecer a la misma: según él, el ritmo del rock como el obsesivo ritmo del hombre primitivo, constituye una afirmación del yo tribal con la finalidad de resistir frente al impacto de lo ilimitadamente abierto, no configurado ¿ni configurable? y constituye, también, una expresión de la angustia suscitada por ese vivir ¿voluntario o no? de cara a lo que no tiene límite ni está jerarquizado de manera alguna. No explica Ferrero, sin embargo, por qué la instantaneidad y la totalización de las comunicaciones ha generado esa conciencia de lo indeterminado que yo llamaría nihilista, ni por qué resulta positivo que los jóvenes se mantengan en ella. En este mundo anterior a la palabra ¿no del todo humano, por consiguiente; o regresivo? en este mundo de ruidos, hay, siempre según Ferrero, dos actitudes primordiales: la irónica y la cínica, valorando él la primera por encima de la segunda, y considerando que corresponden, en el plano de la vida de los sentidos, a la figura del sibarita y a la del libertino, respectivamente. Y resulta sorprendente que alguien que, como Ferrero, parece valorar tanto la lucidez y el espíritu de aventura, no haya caído en la cuenta de que tanto el sibarita como el libertino han trocado el déseo de actualizar virtualidades por el deseo de fruir pasivamente to ya actualizado. Para terminar: la exaltación de la ocurrencia por Ferrero implica que no cree en la capacidad del pensamiento de adecuarse a la cosa y que vindica una desjerarquización de lo dado que sólo puede Hevar al confusionismo; su defensa de la belleza no es comprensible en este contexto; y su vindicación de lo posible frente a lo reificado no lo lleva sino a la indeterminación. Leopoldo AZANCOT Afortunado el joven escritor Fernando Martínez Gil que con sólo dos obras dirigidas al público infantil ha merecido en poco tiempo los máximos galardones de esta modalidad literaria. Si por esta obra ha recibido el premio Lazarillo, por la anterior, El río de los castores también publicada en Noguer, alcanzó el premio Nacional. Es significativo que los dos últimos premios Lazarillo hayan coincidido en el tema. Ambos toman como base el hecho de rescatar galeones hundidos en I el mar por los piratas F. Martínez Gil en el siglo pasado (ver El tesoro del capitán Nemo Paco Climent, Editorial Noguer) Por éste y por otros muchos indicios podría pensarse que los escritores están volviendo con una frecuencia a sacar de las lecturas de su infancia temas para sus obras. El hecho no deja de ser arriesgado. Se ha abusado tanto de ciertos géneros que ya no sólo basta escribir bien y tener oficio, sino encontrar elementos que renueven los contenidos. En El juego del pirata hay de todo. El escritor se mueve con soltura dentro de un estilo clásico de narrar acontecimientos y muestra gran fluidez de vocabulario, aunque en ocasiones se torna un tanto retórico y ampuloso. Conoce los tópicos del género y organiza bien las piezas del rompecabezas, que se van encajando con ritmo y precisión. El esquema es simple y el guión convencional: aventura veraniega de dos jóvenes que quieren desvelar los antecedentes de un pirata, Cara de Perro, en una isla del Caribe. Los elementos nuevos que se introducen tratan de dotar a la aventura de un significado menos elemental y más trascendente: así el rescate del galeón no dará como resultado el hallazgo de un cofre con doblones y joyas, sino la recuperación del pasado histórico de un personaje que forma parte de la leyenda de la isla. Los mensajes de tipo ecologista, la preocupación ante la ciencia y el progreso de la Humanidad, la revalorización de las minorías étnicas, el reconocimiento de saberes y creencias ancestrales frente al racionalismo y pragmatismo occidental, la búsqueda de las rafees, etcétera, forman parte de la trama argumental y exigen del lector una capacidad de análisis superior a las novelas propias del género. Aunque to que realmente intenta Martínez Gil es contagiarles su afición por la lectura y sumergirles en esa zona ancha donde los límites entre realidad y el sueño pierden su definición María SOLÉ Encuentro en Berlín está estructurado como una suma de diálogos entre un hombre y una mujer jóvenes, a través de los cuales se exponen las ideas del autor sobre la modernidad Estos diálogos ven potenciada su débil dimensión narrativa por la revelación final de que la relación entre el hombre y la mujer antedichos ha seguido la misma evolución que la modernidad al afirmarse. Lo que pone de manifiesto uno de los rasgos definitorios de esa modernidad -y no sólo en lo que atañe al arte- la intencionalidad es elevada a la categoría de absoluto, no siendo necesario que se materialice en obras concretas; o para ser más precisos, siendo imprescindible, so pena de incurrir en lo que se ve como una reificación, que se mantenga siempre como pura intencionalidad. (En este caso concreto, nos encontamos cóñ una novela que sólo puede alcanzar el estatuto de tal mediante el ejercicio de la subjetividad de cada lector; a los lectores se les da la misión de convertir en novela, poniendo en juego su capacidad creadora, lo que es fundamentalmente un diálogo conceptual. ¿Qué ocurrirá, sin embargo, si el lector, como es lo más probable- piénsese en la reacción ante el arte conceptual de los 6 0- permanece pasivo y no da respuesta al reto que se le hace- y eso, contando con que se dé cuenta de que se le hace tal reto- Que la obra se convertirá en un artefacto inútil- excepto en lo que hace a la exposición de ideas que hubieran podido ser expuestas sin pérdida alguna en un artículo periodístico. ¿Y qué, si la respuesta se produce? Que la obra se convertirá en un mero juguete eficaz, pues resultaría ingenuo pensar que sus elementos integrantes pueden desencadenar un proceso creativo en quien no esté dotado para la creación. Los dos personajes que dialogan apenas tienen entidad propia: puede suponerse que por el personaje masculino habla elautor, y que por el femenino alguna mujer concreta, pero de esta última sólo tenemos testimonio en muy contados casos- discrepancia acerca de cuál debe ser la relación entre realidad