Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
X ABC ABC Hícrario NovelaRex Stout 4 jutio- 1987 Bajo los Andes Editorial Planeta, S. A. Colección Fábula. 228 páginas La vie materielle Marguerite Duras Editorial P. O. L. París, 1987. 158 páginas acaba de recordar, al fin, una experiencia todavía muy anterior) -Se enumeran en detalle las vituallas del domicilio personal en Trouville (para dar una idea: es como si un escritor existencial madrileño, harto de sentirse solo en las cafeterías del barrio de Salamanca, decidiese marcharse a Benidorm para pasar desapercibido) -Se reiteran, con precisión, la sucesión de borracheras con vino, gúisqui, etcétera, de una anciana solitaria que está totalmente convencida que la enfermera que la atiende, en un hospital, de una cura de desintoxicáción etílica ha decidido robarla sus joyas personales. Con argumentos no menos consistentes, digámoslo así, Dostoievski fue capaz de escribir Crimen y Castigo. No es el caso de Marguerite Duras. En términos puramente humanos, su libro es autobiográfico y lamentable, penoso. En términos literarios, su última obra desciende al grado cero del estilo, al cénit de la pedantería pseudo- intelectual. Sin duda, todos los elementos morales y estilísticos de su obra anterior están presentes en sus siete libros posteriores a L Amant, exceptuando el rigor verbal, exceptuando la dignidad retórica. Abandonándose a un precipicio sin retorno, la Duras estima que la simple evocación de la borrachera basta para reconstruir la amargura y la desesperación de algunos borrachos; la Duras parece creer que nombrando la homosexualidad, la vejez, la soledad, y la injusticia social basta para que la divinidad ausente se encarne en las palabras. Helas, no. Hubo y hay muchos escritores borrachos. Sin embargo, aunque quieren, no basta con ser un borracho para escribir Ba ¡5 el volcán. Hubo y hay muchos escritores homosexuales. Sin embargo, no es suficiente con evocar una historia de cama en Alejandría para ser Cavafis. La desesperación, la impotencia, la soledad, la neurosis, son mercancías de uso cotidiano en la gran ciudad contemporánea. Pero no basta con estar sólo en el infierno urbano para ser capaz de reconstruir el via e al fin de la noche del Infierno Durante cuarenta años, las limitaciones de la obra de la Duras podían quedar parcialmente ocultas gracias, precisamente, a la economía y el pudor de sus recursos estilísticos. Se aman o no se aman sus libros. Pero su estilo es puro, límpido, cristalino en el mejor de los casos. La vie materielle, como el resto de sus seis últimos libros, marca una penosa caida y derrota: la escritora se toma en serio y considera plausible martirizarnos con su debilidad moral convertida en orgullo, su fragilidad estética y espiritual convertidas en estética Helas, también aquí se equivoca: caída en la insignificancia del desorden y la arbitrariedad gratuita, la escritura y la literatura sólo desembocan en la penosa tierra baldía del consultorio radiofónico para pseudointelectuales. Juan Pedro QUIÑONERO Tras el éxito fulminante de L Amant 984) Marguerite Duras ha publicado siete libros. El último de ellos, esta Vida Material, da una idea muy gráfica del abandono y miseria intelectual a la que se abandona, sin pudor, altanera y gozosa en el desvarío, una anciana escritora digna de una vejez menos angustiada, turbulenta, desesperada, grotesca y vergonzante. ¿Cómo dudar que la Duras forma parte de la educación sentimental de varias generaciones francesas? ¿Cómo dudar que su Marguerite Duras obra literaria forma parte de la historia literaria nacional? Descontenta con su status de anciana venerable y respetada, Marguerite Duras se obstina en recordarnos los límites de su estiló, la fragancia marchita de su prosa, el arcaísmo intelectual de sus obsesiones, el miserabilisrho moral de su patética y dramática fragilidad. Durante cuarenta años, la Duras construyó una obra literaria que, en sus limitaciones, no deja de subrayar las tentaciones y obsesiones sentimentales y estilísticas de una parte de la cultura francesa de su tiempo. La evocación lírica e impúdica de un primer amor, a las puertas de la pubertad, en un Vietnam colonial y perdido tuvo, hace cuatro años, virtudes afrodisíacas particularmente penosas: la Duras perdió todo tipo de pudor intelectual, para abandonarse a las bajas tareas de la prédica política, el devaneo pseudoculturalista, la retórica de la anti- retórica desempolvada de los manuales de antiestilo de los años sesenta, para fulminarnos, desde hace tres años, con sucesivos y lamentables opúsculos. En el último de ellos, está Vida material, Marguerite Duras incluso ha dejado de escribir: la obra por decirlo de alguna manera, es una sucesión de monólogos sobre cuestiones domésticas recogidos ¿al magnetofón? por Jerome Beaujour. Las preguntas han desaparecido, y la Duras se abandona al éxtasis de las iluminaciones más prosaicas y penosas, para ella y para sus lectores. En apariencia, el libro habla de- cuestiones domésticas, cuya enumeración, siguiendo la fórmula inmortalizada por Prevert, ya da una idea muy gráfica de los galimatías de la obra: -A los setenta y tres años, Marguerite Duras discute con su último amor un joven homosexual, sobre facturas de teléfono, llamadas anónimas, entre otras cuestiones siempre e igualmente olvidables y baladíes. -Evoca el recuerdo (evidentemente inolvidable de una experiencia sexual a los cinco o seis años... (habíamos creído que las experiencias evocadas en L Amant, a los diez o doce años, eran las primeras nos equivocábamos: a sus setenta y tres años, la Duras En el año de 1914 esta novela- Bajo los Andes -fue publicada en una revista de Nueva York sin que hasta el momento presente constituyese libro. Y hoy nos encontramos con una excelente novela de aventuras traducida por Josefina Guerrero. Excelente también es el prólogo de John McAleer, en el que se expresan ideas muy estimables. El relato no ha perdido lozanía alguna, ya que el interés no ha caducado ni prescrito. Una bailarina internacional, mujer de muchos mundos y amores, comete extravagancias sin límete. La más grave es la que concede trascendencia a esta narración. Dos hermanos con, la aventurera. Nueva York, San Francisco, Panamá, San Salvador, Quito... Un leve y romántico escenario de Madrid; tal vez, el paseo de la Castellana. Y, bajo los Andes, en una impresionante cueva, los descendientes de los incas que huyeron de los españoles. Las escenas se suceden lentas, arriesgadas, violentas, temerariamente inquietas y sorprendentes. El escritor recrea estas escenas con frases sencillas, de sencilla dificultad, que descubren esperanzas o encierran amargura y tensión. Es la aventura por la aventura, sin que el novelista deje a un lado los sentimientos ni las especiales luchas del corazón, que, en este relato, son también luchas de la mente. Rex Stout decribe con habilidad y buenas maneras narrativas la belleza de la aventurera, la frialdad inteligente de uno de los hermanos, el apasionamiento del otro, el brillo de la Danza del Sol el estilo de los enanos incas y peludos, el peligro y la tremenda oscuridad, que es desolación; los inevitables y oportunos motivos de humor. Ríos profundos, montañas rocosas, muros y paisajes. El escritor, que falleció en 1975, exterioriza en las diversas circunstancias del relato una experta veteranía. Es febril e itinerante, incansable y fértil la imaginación de Rex Stout, quien acude a las más grandes invenciones emotivas hasta llegar al fondo de las escenas angustiosas pasando por las fecundas nubes de lo inverosímil, de las increíbles proezas. Sin embargo, la fantasía se renueva para llegar a los brotes del máximo interés. Es, en definitiva, lo que se pretende, ya que la novela, prácticamente, reside en la absorbente amenidad, en la aventura, en el temor y en el misterio. Intelectualmente, la novela es de mayorías. Se ha conseguido lo que se pretende: entretener sin dañar, intrigar sin herir, toda vez que el dramático desenlace es una fórmula más de la habilidad narrativa que utiliza el autor Stout. Se evita, sí, un final excesivamente iluminado. En la novela flota también una realidad, unas recordaciones históricas y una frivola vida, actual. Pero, quizá, donde literalmente disfruta más el escritor es en las profundidades de la cueva, en las sombras persistentes, primero; en las luces, después. Y siempre, en la sorpresa, en la delirante aventura, en el despertar luminoso de los Andes. José Luis MARTIN ABRIL.