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VIH ABC ABC Hiera río 4 julio- 1987 di Impresiones Luces Entre las sombras de la noche, i subo por el camino de montaña de El torrente de los algarrobos y de las afueras de una ciudad. las pitas está siempre oscuro, aunque la luz lo cruce. El débil reflejo de las luces, lejanas me guía en la oscuridad. El viento hacía temblar las hojas y las sombras inquietas se movían Veo en el llano el destello de por el suelo en el camino del pasa- temblorosas luces y es como un do y sobre todos los recuerdos del cielo de estrellas en la tierra. Una camino. de ellas se ha fundido con el horizonte... ¡Los postigos de una ventaLos mismos campos, los mismos na se han cerrado! árboles, el mismo silencio. El helado viento de enero da brillo a todas las luces: solitarios faroles alineados de unas calles apenas marcadas. Humildes estrellas de barrios obreros. Más allá, sobre mi cielo íntimo, constelaciones sólo por mí descubiertas: agrupaciones de luces de fábricas y dibujos geométricos de. plazas. Más distantes, auroras de unos arcos voltaicos cerca de las playas. por el que yo paso. Me abandono y entrego al pensamiento de las cosas. La imagen de este árbol amigo me llevaría junto a ella, pero oigo, muy lejos, los ladridos de un perro que hace entrar ya a mi espíritu en una masía: guarecida a la luz amarilla de petróleo, veo una mesa puesta. Los perros Han corrido todo el día por la montaña y por la noche fingen quietud, la cara triste junto al fuego del hogar. Y cierran los ojos. Claridad de farol Carro de la basura, arrastrado por un asno alto y flaco, pasa por la ca- fl Sobre mis caminos es siempre noche oscura. Algunas noches se encendía la tuna y podía leer todas las piedras y todos ios árboles. Otras noches leeré en mi libro interno, caminando bajo una pantalla de nubes. Más lejos, las luces de las masías y estrellas aisladas. Y en el fondo de este infinito, nebulosas inIII La gran sirena de la fábrica ha visibles: las luces de las aldeas. gemido sobre los campos. Yo subía lentamente por él paseo desierto. Aromas ¡Las seis de la tarde! ¡Cuántas Un olor a menta fresca pasa seveces he oído el lamento de Ja sire- cretamente en manos del aire húna al subir por el paseo de la lluvia. medo del anochecen: ¡el monstruo del pasado ha hollado las hierbas ¡Paseo de. la lluvia! Porque los del monte! Todos los aromas del primeros días que pasé por él llo- campo, también fugitivos, acuden a vía. Después sólo íbamos ya cuan- acariciar mi tristeza. do llovía. Dejan mi memoria perfumada de imágenes y en la noche escucho la Sentados bajo la casita del para- dulce voz del recuerdo, andando guas escuchábamos la canción de por instinto, pensando diversas cola lluvia. Seguíamos los reflejos del sas que hacen la delicia de estos claror de los faroles en el asfalto y momentos del paseo solitario duranrespirábamos la humedad de los te los cuales la inteligencia juega campos y la tierra mojada. como un niño. El zig- zag lejano de unos calzones de terciopelo borraba en el libro del pasado todo 10 escrito a lápiz. Yo no pienso y me piensan las cosas todas. Mi imaginación vagabundea... sobre el mismo camino SI fj? y