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VI ABC ABC 4 julio- 1987 Poesía El alba en la espalda Pino Ojeda Ediciones Torremozas 64 páginas. 500 péselas Antología poética Antonio Hernández Ediciones Cultura Hispánica Madrid, ¡987. 250 páginas. 650 péselas Nueve libros son un equipaje más que suficiente en la obra de un poeta para aventurar, con alguna garantía, su filiación y su estirpe. Especialmente, si se cuenta con una pista del propio autor como es la selección hecha por él mismo. La salida de Antología poeética reúne de golpe las g a mas de una voz, los registros esenciales de un estilo e, incluso, la autocrítica del trabajo personal. Antonio Hernández corre ese riesgo por la seguridad que tiene de que ninguno de sus poemas- salvados o desechados en el escrutinio- Antonio Hernández lo desaira. Sabe perfectamente dónde le da la luz y dónde le aprieta ta nostalgia: sus luces y sus sombras. Ya que es la transparencia la virtud cardinal que actúa en su poesía. Y hasta lo dice en un verso muy vivo: Para que me comprendas, derramaré mi luz. Algo aparece claro. Antonio Hernández está enormemente dotado, y por esto mismo es, junto a García López o Diego J. Jiménez, un lírico conspicuo de su promoción. A la vez, le ronda una gran facilidad que casi siempre somete a su pulso, pero que, en todo caso, es una mala novia. Sólo la claridad, que en su caso no le viene del cielo, sino de la punta amada de Cádiz, vinculando así su fervor poético, es el mejor antídoto para cualquier canto de sirena Una evidencia se abre paso. Andalucía, que se ha quedado oculta dentro del poeta, alimenta su cuerpo y su alma como algo esencial para que pueda alumbrarse un gran poeta andaluz. Y es que no se es grande por trastabillear mucho por ahí, en la rebatiña literaria, o porque se. logre una presentación del vicepresidente del Gobierno, o pinten calva la oportunidad de promiscuar con un académico. Antonio Hernández- a l que posiblemente le han ocurrido algunas de estas gratas o ingratas cosas- sabe que su presencia en la vida literaria y hasta su fama- que la tiene y la retiene- radica en un don muy personal: en el de desahuciar esa dicotomía entre fascinación e imaginismo y determinismo existencial; entre lo gratuito y aéreo y lo terreno y concreto; ente la raíz y el vuelo. Cosa que consiguió por un camino de jovialidad y desenfado, pasando todo por un cristal humedecido y entrañable y sometiéndolo a un ritmo personalísimo y turbador que encaja con su tirón conceptos y versos, sintaxis y fonéticas de forma brillante. Un hombre socialmente inquieto como él, atraído por cierta temática reivindicativa, nunca desnaturaliza su línea lírica. Eso, de un lado. Y, de otro, siempre muestra, con hondura y sin caer e i las estilizaciones al uso, una realidad estremecida y humanísima. Esta antología nos confirma una verdad Pino Ojeda es un nombre perfumado de alisios que desde los años cincuenta guiña con los brillos de su poesía desde la lejanía de El Palmar de Teror, en Gran Canaria. Y no es sólo una de las voces más claras de las islas- -unas islas en las que domina ahora el foco de poesía concreta y experimental, regido por Sánchez Robayna y un equipo de jóvenes prometedores- sino una voz clásica ya de la poesía femenina viviente Autora de Niebla del sueño consiguió inscribir su nombre en la colección Adonais en 1954, de cuyo premio alcanzó un accésit por su libro Como el fruto en el árbol para publicar, después de un tiempo de silencio, en 1974 La piedra sobre la colina Su reaparición, con El alba en la espalda en la colección Torremozas Veinte años después, representa tanto como retomar el hilo de un ovillo lírico, del que el mismo Juan Ramón Jiménez se hizo valedor y cómplice. Pino Ojeda no encubre en su obra un histerismo desgarrado. Más bien la vibrante forma sirve de envolvente a unas preocupaciones muy femeninas: la indefensión, la espera, la tristeza, la nueva luz... Brotes de pino verde o de pétalo de rosa que la sensitiva poetisa canaria riega con su inspiración y su dominio de la palabra. Pues de lo que se trata es de florecer en una nueva primavera, con una hoja más en las ramas... El impulsó de Pino Ojeda tiene una fueza indescriptible. Tanto en la identificación de sí misma como en la del hijo, el amor, la soledad, la noche y el silencio actúa como una semilla germinante de sueños y anhelos. Dueña de un mundo iluminado nacido de los sueños, soy como un horizonte más allá de los tiempos. Y es que la poetisa ha vuelto al sueño, trascendiendo sus apremiantes anhelos cotidianos en un estadio donde no existan los paisajes o los fantasmas atormentados de aquí abajo. Pero, por otro lado, tampoco renuncia a las zozobras y las tensiones del paso destructor del tiempo, de la contemplación de los recuerdos, auspiciando un más allá del que por ahora sólo tiene la esperanza. Mujer entregada al fin y al cabo, Pino Ojeda se ofrece en estos versos, siempre atenta, igual que la noche paciente espera desde siglos la burbuja dorada de un nuevo mensaje Posiblemente el objeto de su inquietud esté expresado en estos versos: Ya comienza tu vida. Ha empezado tu muerte. Guión de una filosofía de la existencia muy en boga, que le obliga á reforzar su comprobación y de lo existente. Entre la realidad y el sueño, Pino construye con su poesía la campana neumática, el hermoso pozo de silencio, de una intimidad que no se entrega del todo, sin revelar el secreto de esa lágrima que abrillante sus ojos. Y, sin embargo, cuánta cantidad de sugerencia, cuánta sacudida humanísima, cuánto fervor expresivo... Eso es la poesía. Eduardo ALCALÁ casi escolar. Todos los caminos líricos de Antonio Hernández, todos los tonos emocionales y todos los libros- desde El mar es una tarde con campanas hasta el reciente Indumentaria en número de nueve, como decíamos- expresan una respiración espiritual interna y hasta un verdadero estilo. E) autor cree que esto es así por atender a unas causas últimas, pero también porque ha sabido implicar su inquietante intimidad en el cuadro de las solicitaciones colectivas, sin solución de continuidad. Y con algo sobreañadido que pocos líricos son capaces de conseguir: arrancar a lo primigenio todas sus irradiaciones, participando a la vez de ese baño de luz de la tierra y de la punzada solidaria, flor y fruto del Sur. Una cualidad contagiosa e inmediata sí que aflora en la relectura de la poesía hemandiana: es su inicial frescura y espontaneidad. Nada de resobados y resabiados estrofismos o vacuas ristras de versos libres. El poema Andalucía de su primer libro conserva intacta su queja y su gran desolación vestida de colores Para quien haya seguido el proceso de formación del poeta, sorprenderá la presencia de varios poemas de Oveja negra libro un tanto subestimado por el autor sobre el que ahora rectifica con acierto. Poemas como Recuerdo una historia Olvidar Madrid y Oda a Carlos Oroza en el Café Gijón certifican una voluntad de vocación por sobre su aparente localismo Tras la inicial fogonadá lírica, Hernández había de tentar varias flexiones de tema y estilo. Hay libros, como Metaory de un confesionalismo agudo, o Compás errante intento de ruptura con la elegancia expresiva connatural al lírico, iluminadores de la zona del hombre interior. Mas el gran nivel estético y lírico se alcanza en Donde da la luz a pesar de los mimetismos que podrían amenazarle, desde Alberti, de quien es un magnífico continuador, hasta la lógica urgencia descriptivista y mítica. Temática que amplía y en algún sentido trascendentaliza en Homo loquens -traducido por hombre hablador y antologado en todos sus poemas libro firme y en avance en lo que es una dialéctica, escrito con cierto apresuramiento. Paso adelante, sin duda, en lo que tiene de exploración, con piezas tan bellas como Hablaba del olfato De Beethoven, de Liszt supimos Cuando la vida se me desnivele o A la intemperie de mi corazón En Diezmo de madrugada asoma una elegía andaluza- u n réquiem al hermano muerto- trasminada de pólenes andaluces y familiares, donde manda el sentimiento, con grandes aciertos de la mejor vena sensorial. Con tres heridas yo Antonio Hernández devuelve un tratamiento seductor del tema amoroso en medio de las desmesuras de una generación desnortada. Ternura, sentimiento, recuerdo y luz son factores de uso en tan bello libro. Florencio MARTÍNEZ RUIZ