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U A- BC OPINIÓN SÁBADO 4- 7- 87 Panorama JAS BlSCCiOUBSJ USO Y CONSUMO DE CANDIDATOS O CURRE en todas las campañas electorales: la imagen de los candidatos se sostiene hasta la hora de la verdad, hasta la comunicación oficial de los resultados; luego, se degrada paulatinamente. Estoy refiriéndome, por supuesto, a la imagen fotográfica, reproducida en tamaño de cartel, y expuesta a la intemperie de calles, plazas, andenes y autopistas. Digo intemperie, pues si los elementos atmosféricos deterioran los posters al paso de los días, los apéndices humanos en pocas horas denigran, manchan, infaman, tiznan y deslustran los rostros pimpantes dejos candidatos. De todos modos, el fenómeno psicológico más notable tiene lugar a partir del día siguiente. Ganadores o colocados, fracasados o sostenidos, todos ellos cobran aspecto de viudas despojadas. Como si hasta esa hora precisa mantuviesen una razón de ser, un sentido, o interpretaran un destino. A partir del resultado (casi, casi, de la desgracia se agostan, se marchitan: o se vuelven invisibles, o irritan a los transeúntes. A este luctuoso plebiscito unánime de los ojos de- lQ í; YJandantes hacia los candidatos de- papel guf -cuelgan exánimes al día siguiente, le salen al paso las imágenes Reales de los candidatos, las figuras de carne y hueso, valorando los resultados ante los medios de comunicación. Todos han ganado, todos han sido favorecidos por las urnas; se enrollan con gandición de hambriento para chupar la más cámara posible porque les han dicho que a imagen es lo que queda cuando el telespectador haya olvidado todo lo demás. La fe de los políticos en lo visual y en los sondeos de opinión es una superstición que les obliga a mostrarse constantemente y a encargar nuevas encuestas para conocer el impacto de la exhibición. Como cualquier producto de consumó, se auto- ofrecen con mensajes y envoltorio; un consejero de imagen cuida la presentación, los textos y los gestos que más puedan vender De todos modos, no nos quejemos, cada época tiene las supersticiones que merece, y la nuestra parece que no da para más: ellos producto, nosotros consumidores, cpn un peligro y una ventaja: ellos han de ser consumidos en la fecha que marca la etiqueta, nosotros podemos durar mucho más. Él gran bazar, de ofertas que es una campaña electoral cierra sus puertas, hace balance; cada cliente se ha llevado a su casa lá idea- casi siempre deformada e inflacionist a- del producto adquirido. A partir de ese momento comienzan las sorpresas del uso y el consumo. Los estereotipos de marca, cargados de qn contenido emocional latente, apelaban al inconsciente del consumidor, pero, misteriosamente, se han quedado vacíos, como los disfraces en un miércoles de ceniza. Sin embargo, es al día siguiente, cuando ya tos rostros de papel cuelgan desubstanciados de la oferta, cuando podríamos hacer los mayores descubrimientos: a veces las máscaras mienten menos que los rostros. Marta PORTAL PEOR QUE EN HILL STREET LFAGEME y Semprún, dos jóvenes periodistas, relatan al modo de un guión cinematográfico cinco delitos de sangre ocurridos en un solo día, largo día, de la vida de Madrid. Una muchacha, apuñalada en el portal de una amiga; un joyero, malherido de un disparo por la espalda; un pacífico vallecano, apuñalado malamente al tratar de proteger a su hijito de cuatro años; un joven, herido de madrugada por desconocidos, y dos asaltantes a un Banco que tirotean, con su propia arma, al guarda del local. No pasaban tantas cosas cruentas en ninguno de los episodios de la Balada triste de Hill Street que era un verdadero centón de violencia norteamericana. Avanzamos a pasos de gigante hacia la supermarca mundial de criminalidad. Esta mañana me detuve en un quiosco dé la 1 Puerta del Sol a comprar periódicos. Saqué unos b ¡lletejos para pagar. No tenía suelto. (Algún día hablaré de la apestosa calderilla que nos han inventado) Se me acercó amablemente un joven agradable y barbado policía nacional; No saque el dinero así; Señor; Esto está lleno de ladrones y sirleros. Ahí está el caso, amigos. Las calles y las plazas céntricas de la villa están infestadas de srrleros, rateros, tironeros y asesinos o ya veteranos o potenciales. La Policía lo sabe, lo vé, los conoce. Pero todo está dispuesto para la impunidad. Aquí la seguridad ha cambiado de barrio. En tiempos de Franco, y- hay que A Venta de naves desde 200 mz 2 y talleres en planta de 40 m Precios interesantes. Complejo El Prado Valdemoro. Teléfono 8953789 y 4115915 INDUSTRIALES decirlo porque es verdad, la seguridad era para las personas decentes. La inseguridad, para los delicuentes. Por eso había más de los primeros y menos de los segundos en la calle de Madrid. El paternal corazón del ministro de Justicia, señor Lédesma, ha palpitado durante años lleno de ternura ante los pobres drogadictos que matan, ¡cosa lógica! porque necesitan imperiosamente y urgentemente dinero para la droga ¡Pobres! ¿Qué culpa tienen ellos? Se há estremecido de indignación ante la sola idea de agravar una pena, por la simpleza de ser reincidente, a los asesinos profesionales que entran y salen en las cárceles como las gentes ahora en el antiguo Círculo de Bellas Artes. Se acongoja o indigna, según, si alguien sugiere que el que fríamente, profesionalmente, mata, vulnera tan enérgicamente los derechos humanos del occiso o interfecto, que bien se gana la pérdida de los suyos, eufemismo que equivale a lá portada en que Tiempo dice que los españoles piden la pena dé muerte. ¿Por qué no se va el señor ministro a meditar sobre sus sentimientos franciscanos a una cartuja y deja el puesto a Un ministro que rehuse manchar su toga con la sangre de tantos muertos inocentes como se producen diariamente en nuestro país? La política exige duros sacrificios. Felipe, sin duda, los ha hecho y no sólo el ingreso en la OTAN, aderezado secretamente con compensaciones dedicadas a su declinante electorado. ¿La ideología no permite que le estropee sus axiomas la cochina realidad? Si Alfageme y Semprún siguen ofreciéndonos más capítulos del folletín del crimen nacional, los que no caigamos bajo el puñal sacralizado por Ledesma, caeremos en la UVI con infarto. Qué porvenir. ¡Qué duro, triste, desesperanzado, después del martes, porvenir! Lorenzo LÓPEZ SANCHO