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SÁBADO 4- 7- 87 OPINIÓN -ABC, pág. i L proceso de democratización abierto en Corea del Sur por un pueblo que quiere disfrutar de la prosperidad, gozando además de libertad, parece que ha entrado en una fase de transición donde progresivamente el poder autoritario vaya perdiendo sus atribuciones para desembocar en un proceso de instauración democrática. Pero en estas situaciones de evolución política conviene no caer en trucos semánticos, porque resulta muy fácil hablar de la dictadura de Corea del Sur cuando en Corea del Norte reina la más dura de las presiones totalitarias. El régimen de Corea del Sur está todavía muy lejos de presentar las características dé un régimen democrático, y las esperanzas que allí alientan los partidarios de la libertad se establecen sobre un horizonte a medio plazo; pero en Corea del Norte esta esperanza no existe y, lo que es peor, no puede existir porque la propia naturaleza del sistema comunista impide incluso imaginar la hipótesis de la libertad. En Corea del Sur reaparecen casi todos los rasgos de las evoluciones políticas cumplidas en países que transforman sus dictaduras autoritarias, pero no comunistas, en regímenes democráticos, tal y cómo hemos visto en Argentina o Uruguay, pero como no veremos en Cuba o Corea del Norte. La presión popular, deseosa de libertad, en primer lugar reclama la libertad, y los gobiernos autoritarios, después de vacilaciones, a veces sangrientas, acaban abriendo paso a la libertad. Es cierto que el fantasma sangriento de Kwangju, con su más de medio millar de asesinados por la Policía y el Ejército coreanos, quedará para siempre en la historia como una mancha indeleble en la etapa de gobierno de Chun Doo Hwuan; pero también es cierto que el propio Chun Doo Hwuan tiene que soportar ahora el deslizamiento progresivo de su preconizado sucesor, Roh Tae Woo, que con su programa de democratización y elección presidencial a través del sufragio universal recoge como propias todas las reclamaciones de la oposición, lo cual resultaría imposible en Corea del Norte. Corea del Sur ha seguido E LAS DOS COREAS el camino bien conocido de los países subdesarrollados, que acaudillan durante un período de su historia líderes militares de talante totalitario, reacios a elegir una solución comunista para sus gobiernos, entre otras cosas porque el pueblo la rechaza. El anticomunismo en Corea del Sur ha sido la reacción popular al sufrimiento de los coreanos del Norte, sometidos, por encima del paralelo 38, al martirio de una feroz dictadura. Prosperidad al sur y miseria al norte; deseos de libertad al sur, con esperanzas de conseguir la democracia, y férrea dictadura comunista proyectada en sucesión hereditaria del líder norteño en la persona de su hijo. Del autoritarismo se puede llegar, en ciertos casos, a la democracia, pero el totalitarismo comunista se presenta con carácter irreversible. Las esperanzas de Corea del Sur no florecerán en Corea del Norte, mientras no se elimine el régimen comunista. L ministro de Educación ha propuesto la reforma del sistema de enseñanza en los niveles primario y secundario. La propuesta ministerial señala tres: la educación infantil, desde cero a seis años; la primaria, de los seis a los doce, y la secundaria, desde los doce a los dieciocho. Suprime a d e m á s el C u r s o de Orientación Universitaria (COU) y propugna una distinta organización de la formación profesional (F. P. Lo primero que cabe decir del proyecto ministerial es que nos encontramos ante una rectificación. La reforma de las enseñanzas medias se ha venido abajo por inviable, inviabilidad debida entre otras razones, a sus inadecuados diseños curriculares, que fueron recibidos con asombro en el Consejo de Europa. Esta rectificación alcanza también al talante con que se formula el proyecto, definido siempre como propuesta. Tras años de infatuado ordeno y E LA REFORMA EDUCATIVA mando que fueron drásticamente corregidos por las manifestaciones estudiantiles de este curso, el ministro ha decidido sustituir el estilo caudillista por el del diálogo y la participación. Es positiva la regulación, hasta ahora inexistente, que el proyecto efectúa de la educación infantil. La gran novedad se produce en la educación primaria, que perderá los dos últimos cursos: éstos se integrarán en la educación secundaria por los insuficientes resultados alcanzados, según reconoce el proyecto. La crítica nos parece plausible. Más confusa es en cambio la ordenación de la secundaria, cuyo primer ciclo- d e los trece a los catorce años- estará también a cargo de los actuales maestros; el segundo- -entre los quince y dieciséis- -correrá por cuenta de profesores licenciados. En todo caso, ambos quedan integrados dentro de la educación básica obligatoria, lo que ya venía ocurriendo ahora, al menos sobre el papel, y es de esperar que suceda- realmente en el futuro, evitándose el espectáculo de esos adolescentes suburbiales, que abastecen los segmentos marginales, de los que es tristemente representativo John Manteca. Si la enseñanza secundaria va a empezar a los doce años, debe empezar de veras en los programas y contenidos; sólo así cobra sentido el bachillerato de dos cursos- -para alumnos de dieciséis y dieciocho- -que propone el Ministerio. Su división en tres modalidades (Ciencias Humanas, Naturales y Técnico) es razonable. Pero el gravísimo problema de la F. P. hoy devaluada, queda flotando en las indeterminaciones. Es positivo que se hable de la necesidad de superar la separación entre la F. P: reglada y la ocupacional, así como de la necesaria participación de los agentes sociales. Mas nada se dice sobre el acceso a ella desde la secundaria ¿van a seguir accediendo sólo los menos capacitados? Por ello, sí nos parece elogiable el que el segundo nivel permita el acceso a determinadas carreras universitarias. En fin, el proyecto no resuelve la cuestión del examen de selectividad, que sigue planteada en los mismos términos, en vez de elucidarla sobre la base del expediente académico. LOS 38 MUERTOS DE AYER AS notiaias sobre el accidente de Orense son todavía confusas, pero sabemos que 38 viajeros han encontrado en él una muerte estúpida, quizá evitable. Los viajeros del autobús eran pensionistas, gentes enfrentadas a la rutina de la tercera edad, que iban a Galicia en busca de aire nuevo. A reserva de los dictámenes periciales, hay que adelantar tres graves dudas: somos la nación con el esfuerzo fiscal más alto de la Comunidad Europea y padecemos, sin embargo, la peor red de carreteras; tenemos uno de los parques de autobuses más envejecidos de la CEE; y tenemos, en fin, un alto número de conductores de autobús que para ganar su vida conducen doce horas seguidas. Los expertos hablarán, pero muchos españoles piensan con nosotros que las 38 muertes de Orense hubieran podido evitarse. Convivimos con un Estado que pide mucho pero da muy poco. L ABC Presidente- Editor GUILLERMO LUCA DE TENA Director LUIS MARÍA ANSON Director de ABC de Sevilla Francisco Giménez- Alemán Subdirector: Antonio Burgos Subdirectores Darío Valcárcel. Joaquín Vila. José Javaloyes, Manuel Adrio, Joaquín Amado Jetes de Redacción: J A Gundin (ConSnuKJad) J. C. Azcue (Internacional) B. Berasátegui (ABC literario) A Fernandez (Economía) ü. I G. a Garzón (Cultura) A. A. González (Continuidad) R. Guíerez (Continuidad) L Lz Nicolás (Reportajes) C: Manbona (Continuidad) J. L. Martin Descabo (Sociedad) J, Orno (Edcion) L I Parada (Suplementos Económicos) L Prados de la Plaza (Continuidad) C Prat (Dominical) Santiago Casteto (Colaboracionesi S e c c i o n e s J. Rubio (Arte) J. M. Fdez. -Rua (Ciencia) A. Garrido y J Espejo (Confección) J. C Diez (Deportes) A. Yáñez (Edición Aérea) J Badia (Educación) E R Marchante (Espectáculos) J. Palo (Gráfica) M A Flores (Huecograbado) F. 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