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V MIÉRCOLES 1- 7- 87- SUCESOS ABC, pág. 71 Un policía mata a tiros a su mujer en el ascensor del Palacio de la Prensa Se cree que el móvil del crimen obedece a un ataque de celos Madrid. S. S. De tres disparos de revólver un subcomisario del Cuerpo Nacional de Policía acabó ayer con la vida de su esposa en el interior de uno de los ascensores del edificio de la Asociación de la Prensa de Madrid, situado en la céntrica plaza del Callao. Tras el crimen el funcionario, que según algunas versiones tiene perturbadas sus facultades mentales, se entregó a los agentes del 091 que acudieron al lugar alertados por los vecinos. El presunto homicida saludó a algunos vecinos antes de entregarse en la Comisaría vieron otros vecinos, que tardarán en olvidar cómo el homicida les saludó tranquila y cortésmente mientras entraba en otro montacargas, para encaminar sus pasos hacia la Comisaría de Centro y entregarse. No llegaría a hacerlo, ya que en el mismo edificio fue detenido por una patrulla del 09I que, alertada por los vecinos, llegaba al lugar de los hechos. Ángel les entregó su revólver y seguramente intentaría explicar lo ocurrido sin lograrlo. Sus palabras eran ya muy difíciles de entender y se encontraba bajo una fuerte depresión nerviosa. El crimen fue descubierto por un trabajador de Radio Callao que se disponía a utilizar el ascensor. El hombre regresó pálido a la emisora y dijo a sus compañeros: ¡Hay que llamar rápidamente a la Policía! ¡Hay un cadáver en el ascensor! Eulalia estaba aún con vida y fue trasladada urgentemente al Hospital Clínico, donde los médicos nada pudieron hacer por salvarla. Las causas del trágico fin de Eulalia habría que buscarlas, al parecer, en la grave enfermedad de tipo nervioso que Ángel comenzó a padecer hace unos años mientras estaba destacado en la central de Interpol, en París. Allí los temblores sufridos en una mano anunciarían una seria afección cerebral que, una vez en España, pudo ser reducida con una intervención quirúrgica. Los efectos de la enfermedad, sin embargo, parece que sumieron a Ángel Acero, hasta entonces un magnífico policía, muy considerado entre sus compañeros, en una profunda depresión. Su sistema nervioso se vería sensiblmenté alterado hasta el punto de comenzar a cojear de una pierna y a no poderse expresar con claridad en ninguno de los cuatro idiomas que dominaba. Su situación fue tratada con tacto por sus jefes y compañeros, y permaneció en activo, si bien no realizaba, según ha podido saberse, trabajo alguno que pudiera representar riesgo o responsabilidad. Por el contrario, un familiar del subcomisario manifestaría a la agencia Efe que Ángel había sufrido una embolia hace unos años, de la que se encontraba totalmente recuperado. El presunto homicida es Ángel Acero, de cuarenta y ocho años, que estaba destinado en la Brigada Central de Estupefacientes. La víctima, Eulalia Morgado Chao, de cuarenta y dos, es hija de un conserje jubilado de la Asociación de la Prensa, Rafael Morgado, que tiene su domicilio en el piso catorce del mismo edificio. Como todas las mañanas, Eulalia acudió desde su casa, situada en el barrio de Aluche, a la vivienda paterna para preparar la comida, ya que su madre se encuentra enferma desde hace tiempo. Ángel y el hijo de ambos, de dieciocho años, acompañaban a Eulalia como hacían habitualmente. Una premonición Parece ser que no encontraron en la cocina los ingredientes necesarios para el almuerzo, y el matrimonio se ofreció para ir a una tienda a comprarlos, aunque otras versiones señalan que la pareja había salido a tomar unas cervezas. El tiempo transcurría sin que, inexplicablemente, Eulalia y Ángel regresasen, por lo que Rafael Morgado, alarmado, se decidió a bajar a la calle; el temor que en los últimos años había despertado en la familia el extraño comportamiento de Ángel, obligaba a sus suegros a tener un especial cuidado. No tardaron en confirmarse las peores sospechas. Cuando se dispuso a ir en busca de Eulalia el ascensor ya no funcionaba: la Policía lo mantenía detenido en el piso 10, donde se encuentra la clínica Francos Rodríguez. Le dijeron que poco antes acababan de llevarse a una mujer gravemente herida a tiros. El conserje jubilado no dudó: ¡Esa ha sido mi hija! La noticia sumió a la familia en una dolorosa conmoción, y la madre, al igual que uno de los hijos de Eulalia, tuvo que ser atendida por los médicos al sufrir un fuerte shock Efectivamente, Ángel y su esposa- una mujer guapa y alegre, según sus vecinosdiscutieron en el mismo rellano de la escalera de la casa de los padres. No se sabe aún con certeza si existió algún motivo real para la pelea, pero Ángel, ya en el ascensor, sacó su revólver reglamentario y abrió fuego contra su esposa. Los vecinos oyeron claramente cuatro detonaciones, que retumbaron en la caja del ascensor. Uno de los proyectiles alcanzó a Eulalia en la frente, otro más la hirió en el vientre y un tercero se alojó en uno de sus codos. El cuarto proyectil erró el blanco y fue a incrustarse en uno de los paneles de la cabina del ascensor. Este se detuvo en la planta 10. Ángel salió del mismo y se marchó, cojeando como siempre, por uno de los pasillos. Un vecino le vio de espaldas. Estaba vestido con un traje claro y empuñando aún en una de sus manos el revólver con el que acababa de dar muerte a su mujer. También le Obsesión Según parece, al presunto homicida parecía obsesionarle últimamente la idea de que Eulalia podía engañarle, por lo que la situación comenzó a ser preocupante. Incluso algunas personas que trabajan en el Palacio de la Prensa habían comentado en ocasiones que esta ¡dea obsesiva cualquier día podría desembocar en una tragedia. Ángel fue conducido a la Comisaría de Centro, donde se tramitaron las pertinentes diligencias durante la tarde de ayer, para con posterioridad ser puesto a disposición de la autoridad judicial competente. Según manifestaron a ABC fuentes dignas de todo crédito, Ángel será trasladado a la cárcel de Logroño, centro penitenciario donde son ingresados los miembros de las Fuerzas de Seguridad detenidos por algún tropiezo con a Justicia. -y: