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14 ABC OPINIÓN Panorama MIÉRCOLES 1- 7- 87 LA MIRADA DE LOS NIÑOS José María Pemán le producía frío la mirada de algunos niños. A mí me produce frío la mirada de todos. ¿Por qué? Quizá porqué los niños cuando miran de cierta manera desconocen el rigor de la verdad y, tras la mirada, se esconde el futuro, la duda heladora y el tiempo que se precipita sobre la historia; es decir, el peligro. No se sabe lo que los niños piensan porque se ignora por las sociedades la realidad objetiva del niño. Y para que aprendan a pensar se envía a los niños a las escuelas, lugares que, en general, aumentan el frío de las miradas infantiles. La tabla de multiplicar martiriza la mente en esa insistencia dramática que hoy el progreso de las cajetillas multiplicadoras ha venido a considerar despreciable. Se suma, se resta, sé multiplica y se divide sin necesidad de romper el alma de un tipo de civilización que antes lloraba. ¿Cómo no se iban a helar las miradas de los escolares ante el pernicioso siete por ocho de la voracidad aritmética? A algunos niños- que ignoraban el pentagrama dé la musical multiplicación se los decía que así no podían llegar a ser ingenieros. Esto, todavía, es muy reciente. Hoy el ingeniero, el médico, el farmacéutico, el maestro, el notario, el zapatero, la manicura y el ama de casa utilizan la máquina calculadora porque no creo que sepan multiplicar ni hallar los comprometidos tantos por ciento. El corazón no puede cansarse así como así. El corazón sirve para algo mucho más elevado, sin despreciar nunca la inmensa grandeza de las misiones educadoras. Las miradas de los niños no es que solamente proporcionen frío a determinados cerebros; es que se trata también de miradas cansadas; cansadas de tantas cosas inútiles que tienen por obligación que aceptar y mirar. Es ganas de recargar las inteligencias infantiles- y las maduras- con sorprendentes mediocridades en las diversas preparaciones... Lo comprobamos a diario. Y eso ¿para qué? preguntamos. Siempre la misma respuesta: Me lo han mandado. A veces desespera el fundamento de lo que se manda. Cuando el alumno está en sus estudios básicos más apretado de tiempo resulta que llega a casa y se dedica a pintar un circo o a escribir mil veces no se habla en clase Son parte de los deberes y el castigo. ¿Quién tiene la culpa de tales dislates? Yo creo que, en definitiva, hay que mirar hacia arriba. Es muy dura la acusación del francés Raymond Radiguet cuando afirma: Lo que invalida nuestros sistemas educativos es que van dirigidos a los mediocres a causa de su gran número. Parece ser que al respecto algo hay que corregir o modificar sobre la base de elevar la ciencia sin olvidar los imprescindibles caminos del arte. A todos nos preocupa ei brillo o la tristeza de las miradas infantiles, pero, tal vez, las más enojosas sean aquellas que tienen por causa- próxima o remota- la ignorancia ajena. José Luis MARTIN ABRIL A -H e oído que pactan todos entre sí, de modo que he hecho el pastel de la proclamación más grande que de costumbre. Planetario LA NATURALIDAD QUE SE RECUSA L OS veinte concejales de AP deseaban desalojar a los socialistas del mando del Ayuntamiento. Pero no tanto como para poner en la poltrona de alcalde al candidato del CDS. Natural. Los ocho concejales del CDS tenían menos interés en darle la vara al candidato de AP que en quitársela al socialista, alcalde en funciones en vilo. Natural. Los veinticuatro concejales socialistas estaban más claros. Anhelaban mantener en el puesto a su propio candidato. Natural. Nada más natural por consiguiente que Juan Barranco fuera reafirmado en la poltrona como yo lo anunciaba categóricamente la tarde de San Juan en los jardines del Campo del Moro a un concejal electo aliancista que, ahora ya lo puedo confesar, no era otro que mi querido amigo y meritorio aspirante a la Alcaldía madrileña, Alvarez del Manzano. Si para decepción de sus votantes, aliancistas y cedesistas han sido incapaces de repetir la jugada que en ocasión anterior hicieron socialistas y comunistas al entonces ucedista José Luis Alvarez, este acontecimiento tan natural lo que demuestra es que no existe lo que Fraga llamaba una mayoría natural, o sea de centro- derecha. Adolfo Suárez no quiere, y está en su derecho, situarse en el centro- derecha. Aspira a ocupar una posición teórica de medio centro, como decía el gran Pedro Escartín, equidistante entre AP, cuyos postulados generales no son los suyos, y el PSOE, con el que tampoco tiene coincidencia ideológica y a quien es deudor de inolvidables agravios. Eso es lo que los tratadistas de lógica llaman un dilema. Un verdadero dilema que los políticos suelen confundir con una disyuntiva. Para Suárez y su política futura, ser rehén de AP votando hacia su derecha era tan malo como ser rehén del PSOE votando hacia su izquierda. Esto también es natural. En su travesía del desierto, el ex presidente va recibiendo con cuentagotas el maná de los votos. Cúlpese a quienes se quedan en casa y no votan de esa insuficiencia y no a quien carece de poderes democráticos suficientes. La experiencia- penosa experiencia- ha enseñado a Suárez las púas que tiene el peine de gobernar en minoría. Sería aspirar a quedarse calvo repetir aquel juego. Ahora quien va a tener que descubrir las delicias de gobernar en mayoría minoritaria va a ser don Juan Barranco. La falta de acuerdo de su oposición derechista y centrista le coloca ante el precipicio de las medidas pactadas, de las concesiones en el ara del consenso con las que no se da gusto a nadie en este país de intransigentes. Lo que aquí se dice con las gafas enfocadas tan sólo sobre el Ayuntamiento de Madrid, vale poco más o menos, aplicado a la divertida situación nacional que han fabricado los electos, asccediendo por diversos motivos, a la sugestión de don Felipe de dejar gobernar a las listas más votadas. Sugestión que tuvo mucho cuidado de no hacer en aquel momento en que la derecha había sido más votada que los socialistas. Tanto a favor de la izquierda. Tiene la capacidad de maniobra de que carece el centro- derecha. Cúlpense los votantes. No vayan ahora con reclamaciones al maestro armero. Tienen que aprender la disciplina de voto de los socialistas. Lo demás es querer lavarse las manos como Herodes. ¿O es que Herodes no se lavaba las manos? Lorenzo LÓPEZ SANCHO