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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 1 DE JULIO DE 1987 ABC LOS OTROS un punto de ironía, con pertenecer en esos documentos a la categoría abstracta de los pronombres indefinidos. Cuando se da cuenta de algo que concierne a los protagonistas públicos se emplean los enunciados típicos para distinguir a los partidos (socialistas, conservadores, centristas, comunistas, etcétera) mientras los independientes quedan subsumidos en un vagaroso concepto: los otros Nada importa que estos otros a pesar de sus diferencias entre sí más o menos accidentales, formen legión. El otrismo si se me permite un neologismo horrendo, es hoy uno de los grandes defectos de la información sociológica y política en España. Sin partidos no hay pluralismo parlamentario, es obvio; pero no les corresponde a ellos la vertebración de la sociedad ni tampoco el oligopolio de las causas electorales. Esto es una realidad incuestionable en Francia, país en que los prosélitos del centro y la derecha se aglutinan en dos principales partidos, aunque ambos, si quieren alcanzar el poder, han de pactar indefectiblemente con los líderes independientes. El propósito de las instituciones independientes consiste en que prevalezcan los electores sobre los elegidos para que los gestores públicos no conviertan la representación que han recibido del pueblo en un poder omnímodo. En esto, al cabo, consiste la democracia: en que cada ciudadano sienta como cosa propia la marcha de los asuntos públicos y se interese por ellos; y haga uso permanentemente de su derecho a opinar y a censurar, y también a felicitarse del éxito de los políticos, cosa mucho más grata que la censura. Los independientes, en suma, pret e n d e n c o n c i l i a r la d e m o c r a c i a representativa, meramente formal cuando sólo se apela al ciudadano cada cuatro años, con la democracia participativa, esencial siempre, a fin de que se mantenga constantemente abierta una fecunda relación entre gobernantes y gobernados. En el capítulo de la presencia pública de las instituciones independientes se inserta el futuro de las ciudades. Cada vez se alzan con mayor autoridad las voces de quienes creen que la ciudad es el núcleo principal del progreso. Nadie discute ya el papel esencial de las ciudades en los procesos de desarrollo cultural y económico. La realidad demuestra que muchas urbes, desde la Venecia medieval hasta la modernísima Tokio, han sido el verdadero motor para el bienestar de la REDA ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA L irremisible ret r o c e s o del Partido Socialista, dato que más despunta en el mare mágnum de las pasadas elecciones, ha diluido en la nimiedad de las glosas políticas el éxito alcanzado por los candidatos independientes. Lo que no tiene nada de extraño si caemos en la cuenta de que la deliberada confusión empezó a extenderse como un gas adormecedor en la madrugada del 11 de junio. El ministro Barrionuevo, durante la noche triste de los socialistas, aparentaba una objetividad ritual al dar parsimoniosa cuenta de los resultados electorales. El voluntarioso político repetía, casi invariablemente, la salmodia de una verdad a medias: Partido más votado, el PSOE. Una duda, de pronto, exteriorizó su perplejidad en la pantalla. Al llegar a Burgos en su imaginario periplo, dijo con forzada indiferencia, después de una pausa, que una formación local independiente había obtenido mayoría Era la manera de contarnos, con engaño solapado, la más emblemática victoria de una multitud de ciudadanos cuyas preocupaciones municipales acampan extramuros de los territorios acotados por los partidos políticos. E sociedad. Las ciudades deben estimularse entre sí y crear regiones prósperas a su alrededor, en las que, como señala la profesora Jane Jacobs, se acumula mucha vida en espacios reducidos La base ideal de las economías libres son estas regiones urbanas que operan en torno a ciudades capaces de trazar espacios integrados, mientras decaen y se degradan cuando la gran urbe crece a expensas de la región circundante. Todos estos cambios, que introducen con fuerza renovada al hombre de la calle en la cultura, en la epistemología y en otros muchos ámbitos del saber y el bienestar que antes le estaban casi vedados, se alcanzan mediante el gobierno independiente de la ciudad. Las ciudades se anquilosan en manos de gobernantes prendidos en sus ideologías y en las rigideces de la disciplina de partido, y renacen en todo el mundo con fuerza incontenible cuando existe recta administración, racionalidad en los programas, gestión independiente y atención única y exclusiva al bien común. Frente al deseo de perpetuarse que caracteriza a una clase política profesionalizada, la emergencia de líderes de ámbito local procedentes de diversos sectores profesionales y sociales es, cuando menos, un significativo toque de atención. El esfuerzo acumulado para poner sordina al eco electoral de las candidaturas independientes es un síntoma más de la profunda crisis que afecta a los partidos, cuya equivocada concepción del papel que les concierne los aleja cada vez más de la sociedad, con sus problemas concretos sin resolver, con sus demandas sin atender, con sus heridas abiertas sin restañar. El interés de todo ciudadano que beba en las fuentes del pluralismo político, de la tolerancia, del respeto común y de la fe en los derechos humanos ha de apostar por el fortalecimiento de un modelo que preserve al máximo todos estos valores y que ordene los ideales de convivencia y solidaridad. Lo que sólo se conseguirá si se estimula el instinto asociativo de la ciudadanía, enriqueciéndola; si se otorga voz plural a la sociedad, fortaleciéndola; si se pone la fuerza conjunta de las instituciones mediadoras al servicio de las causas que crean justas. Las recientes elecciones municipales han dejado en claro que la proyección pública de los ciudadanos no se agota en la pertenencia a un partido, ni en la simpatía más o menos activa a una determinada postura ideológica. Enseñan esos comicios que hay que seguir trabajando para que la sociedad, desde abajo y por propia iniciativa, marque las grandes líneas a que ha de ajustarse la política. Rafael PÉREZ ESCOLAR El esclarecimiento de la manipulación informativa es un juego de niños. Se trata, también en esto, de dar la espalda a la realidad. Muchos se obstinan todavía en ignorar que en el mundo occidental el albedrío en materia política sitúa al hombre ante una encrucijada cuyos múltiples caminos son igualmente transitables: los menos se suman a causas organizadas en forma de partido; los más se mantienen al margen de cualquier formación partidista, lo que no es obstáculo para que estos ciudadanos independientes aboguen, según su propio y personal criterio, por ideas de justicia, de equidad, de libertad, de progreso y aun de oportunidad. Tal sistema permite que la normalización de la vida política ofrezca como corolario la aparición activa, sobre todo en el ámbito municipal, de vastos núcleos de gentes independientes cada vez más poderosos. Los partidos aprenden así a estar permanentemente al servicio del ciudadano, y no a servirse de él, y en consecuencia, los líderes partidistas se ven obligados a bajar al plano donde se desvanecen los artificios y sólo quedan las evidencias. En todas las democracias desarrolladas la presencia de las instituciones independientes ha cobrado carta de naturaleza, aunque el camino haya sido largo, y las dificultades, similares a las que se alzan entre nosotros. Fijémonos en el método que se sigue para confeccionar las encuestas de opinión o los resultados electorales. Los autores o los exegetas de tales informes mantienen una inevitable tendencia hacia el tópico; más aún, hacia la inmovilidad. Los independientes han de conformarse, no sin