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ABC, pág. 76- TRIBUNA ABIERTA MARTES 30- 6- 87 MVIMOS una época privilegiada, no cabe duda. En el pasado las antiguas civilizaciones eran mundos encerrados en sí mismos, de una riqueza cultural inmensa, pero desconocidos fuera de sus ámbitos. Sólo algunos aventureros tenían arrestos para adentrarse por territorios llenos de incógnitas y peligros. No es tan lejano en el tiempo Marco Polo, aquel intrépido italiano que tuvo la fortuna de poder regresar a su tierra para contarlo. Recordaba no hace mucho José María Gironella en ABC, cómo estando en su lecho de muerte, rodeado por familiares y amigos, el cura le hostigaba a negar sus patrañas porque desmintiendo tales embustes su alma subiría al cielo purificada ¡Pobre Marco Polo! Aunque estaba agonizando no tuvo más remedio que enfadarse, maldijo a todos y después incorporándose exclamó: Pues no he contado ni la mitad de lo que hice, ni de lo que vi. V AQUELLA NOCHE EN EL CAIRO Algún día deberíamos hacer un homenaje a los aventureros que en el mundo han sido, precursores de esta locura actual llamada turismo, tan hábilmente manejada por las multinacionales, pero que sirve para dar a conocer masivamente las fabulosas reliquias del mundo antiguo. Así, por ejemplo, en vista del éxito, todos los objetos del museo de El Cairo rescatados de su brillante pasado, están cada vez mejor cuidados. También las distancias se acortan y sólo unas horas separan continentes, de forma que podemos tomar unas breves vacaciones en cualquier momento y tocar con nuestras manos la arena del desierto o navegar en un yate por el Nilo, sintiendo nuestro cuerpo atravesado por los rayos sagrados de Atón. Porque el sol de Egipto es distinto a los demás. No es el débil que luce en el Ártico, ni el que consiguieron en Londres después de eliminar su polución, ni siquiera es igual al de los aztecas que también le adoraron como a un dios, ni semejante al nuestro de Marbella (aunque parezca mentira) El sol de Egipto es único, es el dios Atón y sigue siéndolo a pesar de los pesares. Yo estuve dos veces en el país de los faraones, y aunque no es en grupo mi forma habitual de viajar, las circunstancias me empujaron a que en ambas fuera así. La primera hace veinte años en viaje fin de carrera; la segunda porque mi preparación de un libro sobre videntes me decidió a sumarme en esa expedición organizada por Viajes Lugar y encabezada por Rappel, el popular futurólogo amigo de artistas y confidente de la jet- set De mi primer viaje tenía el recuerdo de los restos en pie, como un milagro de la civilización faraónica, de su grandioso museo con el tesoro de Tutankhamen y especialmente de MOVILAÜTO ES OPEL. Bravo Muriüo. 36. Te! 446 62 50 Bravo Murillo, 63. Te! 254 99 68 Me invadió un sudor frío, esto acaba mal- -pensé- terminarán echando a mi grupo en bloque, los egipcios Por Isabel ALVAREZ VILLAMIL son muy pacientes, aquella noche en Assuan: Un compañero de pero todo tiene un límite. Miré a la novia de estudios y yo habíamos decidido dar un pa- reojo y me tranquilizó comprobar que seguía seo por la ribera del Nilo. Fue una noche ro- sonriente y feliz, al novio, en cambio, no se le bada a la programación rutinaria del grupo, quitaba la expresión asustada, aunque esto una noche en que la arena y el aire discu- apenas llegaba a preocuparme, ya que al fin rrían como espejismos, portando el alma den- y al cabo también era extranjero... Aún no resa del Egipto eterno. Sentíamos puesta de las sevillanas otro eslatir aquel espíritu grandioso y pañol, que desde el aeropuerto magnífico de los faraones, trasde Barajas llevaba en la cabeza pasando nuestra memoria, nuesun salacot y seguía con él se tro sentimiento y de pronto llegalanzó sobre una danzarina hamos a un hotel de reciente consciendo extraños y epilépticos trucción. Las exóticas lámparas movimientos, como de poseso, orientales iluminaban con sus con los brazos en alto. ¿Estaría cristales de diverso colorido. Nos bailando una jota, quizá una sarparamos a contemplarlo y sin sadana? ¡Quién podía saberlo! Y ber cómo encontramos dos egipes que algunos compatriotas cios a nuestro lado, sonrientes y cuando salen al extranjero y se cordiales, invitándonos a entrar. liberan toman una dimensión disNos agasajaron con un té y sólo tinta, imprevisible. Quise huir y Dios sabe de qué forma pudimos me encontré sin fuerzas para dar charlar con ellos más de dos houn paso. Cesó la danza, los noIsabel Alvarez ras, sin manejar un idioma covios y comitiva pasaron al comeVillamil mún. En la tertulia impensada, dor. Los turistas fueron retirándoEscritora frente a nuestros amigos surgise todos menos los españoles dos de la noche, ojos oscuros, que entraron muy decididos en corazón generoso, se me antojaba una situa- el salón del banquete. Entonces sí marché ción sin tiempo donde el rejoj y sus maneci- corriendo, me encerré en la habitación y collas, girando inexorables, fueran realidades de menzé a calcular los bocadillos y paquetes otro mundo ajeno y absurdo. de tabaco que llevaría a mi grupo el día siDe) segundo viaje recordaré para siempre guiente, pues ciertamente estarían entre rejas otro acontecimiento muy distinto, gracias al o en el manicomio. cual he podido constatar lo diferentes que so Llegó la hora del desayuno, parecía mentimos los españoles. Ocurrió el día que llegamos a El Cairo. Ya en el hotel, y a la hora de ra, pero allí estaban en el comedor sin faltar cenar, escuchamos un estruendo que parecía uno, sonrientes, como si tal cosa, dispuestos venir del vestíbulo, fuimos a ver de qué se a seguir españoleando. Indagué lo sucedido: ¿Que tú no fuiste? Pues nos lo pasamos estrataba. Era una boda, ni más ni menos, se casaba una egipcia con un americano. Ante tupendamente, comimos de todo, Rappel se la novia, sonriente y feliz, marchaba el acom- puso un plato así de grande. ¡Qué risa! ¿Pero de verdad que tú no fuiste! ¡Huy qué pañamiento de danzarinas y músicos causantes del estruendo. Llegaron hasta un ascen- tonta! sor exterior de cristal y brillante metal dorado, Medité seriamente sobre aquel episodio y que subía tres pisos en medio del enorme vestíbulo, a la vista del público, causando entonces me asaltó la duda. ¿Conquistaríauna impresión apoteósica. Los novios entra- mos América por eso? ¿Estaría ahí el misteron en él y con cierta sorpresa vi que algunos rio? Me explicaré: Nunca entendí que un pede mis acompañantes españoles se metían queño grupo de españoles, sin medios de tras de ellos a empellones, como en el Metro ninguna ciase, pudieran conquistar aquel madrileño a horas punta. Con gran inquietud enorme continente lleno de peligros. Ahora tomé otro ascensor interior más rápido, para bien, si nuestros bravos compatriotas hubieran tenido un razonamiento lógico, jamás hasaber de qué forma salían todos de allí. Lo brían intentado una hazaña semejante, ya hicieron violentamente, parecido a un globo que era imposible. Pero el español está por que suelta su aire de pronto. En medio de la encima de lo imposible, por encima de la lógivorágine estaba el novio con cara de susto, a ca y por encima de todo lo que se ponga por su lado la novia arrugada, la cola del traje su- delante. Entre la furia latente, la insensatez cia de pisotones, pero sonriente y feliz. Ante surrealista (con perdón) y cierto quijotismo mi perplejidad dos señoras mayores y gruesoterrado ¡Conquistaron América! Y es que sas de mi grupo recogieron la cola añadiénlos. españoles somos diferentes. No es brodose al cortejo como si fuera lo más natural ma... del mundo. Llegaron de esta guisa hasta el salón donde habría de celebrarse el banquete. Se hizo un corro, la música arreció y las danzarinas comenzaron sus exóticos moviRUSTICA VENDO mientos vistiendo aquellas ropas de las mil y 210 Has. 58 kilómetros Madrid, recreo. Casa una noche. Los demás extranjeros hospedaseñores. 150.000.000. Pínula. 255 27 32 dos en el hotel también acudieron para contemplar el espectáculo. Observaban sonrienOFERTA NEGOCIO Ofrecemos tiendas de confección en franquicia a quien tentes y respetuosos, pero de pronto un español ga local bien situado. Se debe disponer de un millón de pese lanzó en medio de las danzarinas y cosetas como garantía, a devolver. Interesados escribir a Cadena de Tiendas. Apartado 12.020 Valencia menzó a bailar frenéticamente por sevillanas.