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3 Ü de junio de 1987 Núm. 146 A ley de Reforma Universitaria de agosto de 1983 dedica su título octavo a las Universidades privadas. Más de tres años después de la entrada en vigor de esta ley- más conocida como L R U- no se ha creado aún ninguna de estas Universidades bajo la fórmula recogida por este título, aunque ya se ha anunciado la creación de alguna. Me consta de instituciones de enseñanza superior que ya existían con anterioridad MK LRU y que por esta vía podrán adquirir un nuevo status jurídico. Los hechos arrancan de mucho antes. La enseñanza universitaria no estatal ha sido y es una realidad en España que ha hallado sus cauces a través de múltiples fórmulas. Algunas de ellas recibieron el espaldarazo de un reconocimiento oficial, como las Universidades de la Iglesia, los Colegios Universitarios adscritos y las Escuelas Universitarias adscritas. Otros centros de enseñanza universitaria han impartido, y aún lo siguen haciendo, enseñanzas que reciben un amplio reconocimiento social y profesional, aun cuando no tengan el marchamo oficial de reconocimiento de efectos civiles de sus estudios. Estos hechos invitan a la reflexión. Ante todo, son indicativos de una realidad social. En la sociedad, en diferentes momentos y por distintas causas, se han suscitado iniciativas desde abajo de promoción de centros universitarios. Algunas de estas iniciativas no estatales surgieron de las Corporaciones locales o de Cajas de Ahorro, para acercar las posibilidades de acceso a los estudios universitarios a determinadas regiones. La creación de estos centros evidencia una fe en qué los estudios universitarios son una fuente de promoción social- l o eran antes más, infaliblemente, que ahora- y algo que merece un amplio respaldo económico, En otros casos, sin embargo, la creación y el funcionamiento de centros universitarios no puede precisamente justificarse por estas motivaciones vinculadas con la idea de desarrollo regional. Es más bien un ímpetu de creatividad que surgió desde grupos sociales. Sería desconocer la realidad asociar esta iniciativa al ánimo de lucro. Puede ayudar mucho mejor a entenderlo partir de una experiencia de la vida de la Universidad desde dentro. Algunos profesores universitarios han dejado total o parcialmente fa Úni- L UNIVERSIDADES PRIVADAS, UNA APUESTA SDCIAL Por Guillermo RODRÍGUEZ- IZQUIERDO La creación de centros de iniciativa privada evidencia la fe en que los estudios universitarios son una fuente de promoción social, y algo que merece un amplio respaldo económico. Así lo afirma en este artículo el rector de la Universidad Pontificia de Comillas, Guillermo RodríguezIzquierdo. El autor defiende que la objetividad científica también está en el reconocimiento de que sean instituciones, con unos planteamientos, las que han promovido estas iniciativas estas iniciativas significa también que, sin desvirtuar la objetividad científica, la Universidad nace desde unos planteamientos. Toda ciencia tiene un desde donde, una posición de arranque. Impugnar esto no es defender la objetividad científica; sería ignorar las leyes fundamentales del comportamiento humano y de la sociología de la ciencia. Lo importante es que en el desarrollo de la ciencia se respete estrictamente el método científico, que es el único que permite objetivar la comunicación interpersonal, poner en lenguaje común los contenidos de la ciencia, avanzar en ella. Nadie discute esto; lo que no es científico, no tiene razón de ser en el contexto universitario. Pero más allá de ese diálogo científico subyace la ¡dea de origen que está en la raíz de lo que quiere ser la Universidad. El hombre, el estudiante, no es formado; se forma. Y se forma en contacto con unas personas y con un medio. No se forma pasando a ser un almacén de saberes puntuales. No se forma si se pierde en el caleidoscopio de las cien mil cosas que estudia. La formación es ir integrando la propia personalidad y los saberes con ella. Coordinar internamente un mundo de valores y comprometerse con ellos en la vida. Esta formación no puede forzarse por ningún medio extrínsico; lo que puede y debe ofrecer la Universidad es el ambiente en que las personas se sientan a gusto, llenen su vocación intelectual, -se enriquezcan en contacto con otras, pregresen y crezcan interiormente. Los verdaderos formadores son los profesores que tienen fuerza para convertirse en modelos de indentificación para sus alumnos no sólo por lo que enseñan, sino por el testimonio de valores y actitudes ante la vida que significan mucho más que eso. Tal vez el situarse en este contexto lleva consigo una dosis importante de idealismo, un idealismo que puede reconocerse en quienes lanzaron al entramado social estos centros superiores. Uniendo con el principio de estas líneas, tal vez es ésta la razón de que el título 8o de la LRU no haya dado todavía como fruto la creación de ninguna Universidad privada. No porque falten instituciones con idealismo, sino porque el idealismo, por entusiasta que sea, se ve obligado a medirse, antes de ponerse en acción, con la envergadura de la empresa. versidad ante una elección legítima y razonable planteada por ofertas económicamente más ventajosas, pero la mayoría de los universitarios siguen en su puesto y, en la mayoría de los casos, no porque éste sea el que les ofrece una situación económica más prometedora, sino porque les gusta su trabajo, porque tienen vocación universitaria. Vivir el trabajo científico es una pasión que llena muchos aspectos de la vida de una persona. Esto, que es cierto a nivel individual, tiene también una proyección institucional. Hay instituciones que se han lanzado a esta labor movidas por una dinámica interna de la que forma parte una vocación de presencia intelectual en la sociedad; instituciones con vocación universitaria. De ese empuje emergieron estas realidades universitarias. El hecho de que algo así pueda provenir de una iniciativa no estatal es aún cuestionado por muchos, desconocido por muchos más, interpretado por cada cual desde su ángulo de visión, tamizado frecuentemente por la fuerte polarización que la política impone a los puntos de vista sobre casi todo en la vida española. Para algunos, la propia existencia de entidades no estatales en ese ámbito es sencillamente inaceptable. Para otros, en el extremo opuesto, la Universidad privada es e) contraejemplo que se utiliza como referencia para criticar desde posturas preconcebidas la Universidad estatal. Al recoger esta posibilidad, la LRU refrenda el principio constitucional según el cual se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes. La sociedad debe tener garantías para que el sello del reconocimiento oficial sólo avale lo que tenga una seria base objetiva, pero la determinación de lo que es válido o no lo es en el terreno científico es anterior a todo reconocimiento oficial. Es, en todo caso, la propia comunidad científica la que se reconoce a sí misma como identificada con una realidad universitaria o ajena a ella. El hecho de que sean instituciones las que han promovido SUMARIO Los pactos de Gobierno podrían desvirtuar el proyecto educativo de la Democracia Cristiana italiana Escepticismo ante la propuesta de Maravall para la reforma de la enseñanza no universitaria Ocho Universidades limitan el acceso para el curso próximo en todos sus centros Los nuevos planes de orientación podrían ser ineficaces por la escasez de recursos