Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
24 A B C NACIONAL MARTES 30- 6- 87 Fomento del Trabajo pide una guerra sin cuartel para los terroristas Hay que acabar con la tolerancia para las apologías de ETA Madrid Fomento del Trabajo Nacional, la gran organización patronal catalana, ha hecho público un comunicado en el que condena duramente el terrorismo y pide una guerra sin cuartel contra los que lo practican y le dan soporte. Exige también a las autoridades que asuman su responsabilidad en una lucha en que los fracasos se prolongan a lo largo de veinte años y que acaben con la tolerancia para con los apologistas del terrorismo. Los recientes acontecimientos terroristas en Cataluña, obra inequívoca de ETA y de su fanatismo- incalificable, han llenado de asombro y de luto a una población atónita por lo que ve, oye y soporta. Fomento del Trabajo Nacional entiende llegada ya la hora de los hechos, y no de las palabras. Bien están los gestos, las condenas, las públicas recusaciones y hasta las manifestaciones masivas y multitudinarias. Pero veinte años de experiencia inmediata demuestran que, con democracia y sin ella, todo esto ha servido exclusivamente para el lamento, pero ni ha erradicado el problema, ni siquiera ha creado una conciencia social clara, determinante y definitiva en orden al fenómeno terrorista. Las recientes elecciones europeas demuestran cómo un segmento de población en el País Vasco y fuera de él secunda a formaciones políticas afines al terrorismo de ETA. Lo que induce a pensar que el problema está instalado en una parte de la sociedad, enferma de valores éticos y morales, perdida la brújula del comportamiento cívico. Por otra parte, instituciones civiles, como la nuestra, poseen tradición suficiente para contemplar estos acontecimientos desde la perspectiva de la Historia. De ahí, pues, que no nos resignamos ni a la pasividad ni a la condescendencia. Si en el pasado los empresarios supieron reaccionar adecuadamente, incluso adelantándose a la sociedad catalana de su tiempo, con soluciones y medidas, la organización empresarial catalana se niega ahora a asumir la parte de pasividad en la que otros parecen arroparse. Fomento exige una lucha real, efectiva y sin cuartel contra el terrorismo y quienes le dan soporte, a veces desde posicionamientos u organizaciones de dudosa legalidad, y, desde luego, de escasa legitimidad. Matar y usar del asesinato como instrumento político, no puede legitimarse bajo ningún pretexto. Escudarse en el separatismo o en el radical nacionalismo, es incurrir en la demencia de unos métodos que sólo pueden justificarse desde la óptica del fascismo o del nazismo. Por eso, los empresarios exigimos, en primer lugar, clarificación de las ¡deas, de los comportamientos y de los juicios de valor frente ai terrorismo, para crear una conciencia no equívoca del problema. En segundo lugar, entendemos que las autoridades del Estado deben asumir su parte de responsabilidad en una lucha en la que los fracasos se prolongan a lo largo de veinte años; de modo que no sólo no han sabido evitar las bombas y asesinatos de los terroristas, sino que ni siquiera clarificar los comportamientos asentados en unos criterios políticos equívocos o ambiguos, de los que obviamente se deriva la actual confusión de la opinión pública y el desconcierto de los ciudadanos. Las bombas no sólo siembran la muerte y el dolor, sino el enfrentamiento de unos contra otros, la descarga de responsabilidad es, incluso de quienes lo justifican desde la más absoluta sinrazón. En tercer lugar, entendemos, llegada la hora de la total solidaridad con las víctimas, qué pasa de la simple conmiseración a la colaboración directa con las Fuerzas de Seguridad y las autoridades, para erradicar absolutamente al terrorista. Existen métodos y procedimientos probados en otros países democráticos con harta eficacia, sin necesidad de recurrir a la pena de muerte, que deben ser aplicados en el nuestro, que soporta el más sanguinario terrorismo de Europa. Al terrorismo sólo se le combate con su misma dialéctica expeditiva. Lo demás será autoengaño para las justificaciones de los partidos y del aparato del Estado, y motivo de decepción para los ciudadanos sobre los que recaen directamente sus consecuencias. En cuarto lugar, recusamos la inoperancia política de las instituciones y partidos, al condenar sistemáticamente los atentados sin entrar eficazmente en la erradicación de las causas. Y en este sentido, nos dirigimos al Parlamento de la nación en solicitud de que legisle con seriedad sobre el particular, olvidándose de transacciones políticas y de legislaciones coyunturalistas, que, probado está, sólo sirven para debilitar al Estado y agudizar la crisis de la sociedad. Porque la solución no consiste en trasladar al ciudadano la función de autoprotegerse, sino que el Estado y las instituciones, los partidos y los políticos, a los que financiamos con nuestros impuestos, asuman plenamente las dimensiones de su responsabilidad. No parecen, pues, suficientes a nuestro entender las expresiones de rabia de nuestros gobernantes- que sólo ocultan su incapacidad o su ineficacia en la lucha antiterrorista- o las condenas sistemáticas, átonas y rutinarias de los partidos políticos ante cada atentado. Cuanto acaece ahora nos sabe a papanatismo, insuficiencia y una cierta cobardía. En quinto lugar, hay que acabar con la tolerancia para con los apologistas del terrorismo, los incitadores políticos que abusan de la legalidad vigente y de la mala conciencia de ciertos sectores políticos. Hay que convertir la difusa conciencia ciudadana del miedo en activa participación en la lucha contra los terroristas, en la creación de un clima social irrespirable para ellos, en la redefinición de una conciencia cívica que impida manipulaciones ante la aplicación de determinados medios, o un uso abusivo y pretextual de los derecho humanos, a los que tan habitualmente recurren los terroristas, aún cuando los ignoran cínicamente en el momento de matar o de colocar una bomba. En sexto lugar, es hora de exigir a las Fuerzas de Seguridad y a los servicios del Existen métodos y procedimientos que han sido eficaces en otros países democráticos Estado un grado de eficacia similar al que han acreditado los organismos correspondientes en Italia, Francia, -Alemania, Gran Bretaña o Estados Unidos afectados por idéntico problema. La sociedad civil no sólo debe de comprender su trabajo y su función, sino apoyarla, secundarla e, incluso, activarla desde la propia exigencia; de igual manera que la sociedad civil ha de asumir que tan víctima injustificada es un policía muerto por los terroristas, como una mujer en el barrio de San Andrés. Cuando tal suceda, habremos encontrado la vía del entendimiento justo del problema. Por último, los empresarios catalanes, conscientes de la gravedad del momento, apelamos a la responsabilidad del pueblo para que exija una auténtica justicia, aplicada sin demoras, ni subterfugios; que redefina la condición del terrorista sin paliativos; que impongan el arrepentimiento en los reinsertados como condición ineludible; que no se deje intimidar por la situación de las cárceles, e, incluso, se acabe en ellas con los privilegios de trato para terroristas, o la creación de centros específicos para ellos. Los empresarios hemos llegado a la conclusión de que se abusa de la condescendencia, se falsea el discurso en los políticos a la hora de defender los Intereses del pueblo con una fraseología barata y estereotipada, se intimida a las Fuerzas del Orden con una apelación sistemática y esterilizante a los derechos humanos, en tanto se debilita la respuesta frente a quienes rompen la convivencia democrática y pacífica. Los catalanes tuvimos siempre claro cómo se debía actuar en cada momento de la Historia. Y si en parecidas circunstancias del pasado se encontraron los procedimientos adecuados, no hay razón para pensar ahora que su indignación no se volverá también método para la solución de sus problemas de inseguridad pública y privada. Si existió antaño una sociedad civil organizada en la defensa de ios bienes y las personas, hora es de que los gobernantes sospechen que una tal demanda ciudadana podría volver a surgir, si el Estado nuevamente acredita su insuficiencia e ineficacia. Y a un Estado democrático corresponde dar muestra de todo lo contrario. Así lo esperamos fervientemente. Por todo ello, y llevados de nuestra responsabilidad como grupo social activo en la Comunidad de Cataluña, nos dirigimos a nuestros gobernantes, políticos y conciudadanos en la esperanza de ser bien interpretados, y de ayudar a crear una respuesta ciudadana inaplazable ante la gravedad de los acontecimientos en Barcelona y Cataluña a lo largo de este año. Creemos que ha llegado la hora de los hechos, y tememos que de las palabras y las condenas sólo se sigue ya la decepción.