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MARTES 30- 6- 87- OPINION -ABC, pág. 15 LIANZA Popular debería haber propuesto, sin condiciones previas, a don Agustín Rodríguez Sahagún como alcalde de Madrid. En ese criterio coinciden distintos sectores de opinión, conservadores o liberales, ajenos a la política profesional de las burocracias de partido. Era necesario demostrar a España entera, desde la Alcaldía de Madrid, que el Partido Socialista era no sólo un partido derrotable sino efectivamente, derrotado. Y ésta es la gran oportunidad que se pierde. Si la solución no llega en las últimas horas. Alianza Popular y el CDS obtuvieron conjuntamente 800.000 votos en Madrid cap i t a l (5 5 4 0 0 0 AP; y 245.000, el CDS) frente a los 663.000 del PSOE. Aún pactando con Izquierda Unida, es decir, los comunistas y sus asociados, el PSOE quedaba en situación de inferioridad. Los 100.000 votos de Izquierda Unida hubieran permitido manejar un total de 763.000 sufragios con 27 concejales, frente a los 28 que sumaban AP y el CDS (20 concejales el primero, 8 el segundo) Las cifras son, en este caso, claras y tozudas. Los iniciados- más numerosos de lo que a primera vista se piensa- sabe que el pacto entre el centro y la derecha para la Alcaldía de Madrid es todavía posible: pero es harto improbable que se logre cuando no se ha podido concluir en las largas negociaciones anteriores. Hay, por lo que se ve, una mala disposición inicial en el CDS- motivada por don Adolfo Suárez- -y hay, para colmo, una manifiesta torpeza negociadora por el lado de AP. Se dice que las bases conservadoras no admitirían que se entregara a otro partido la fuerza del medio millón largo de votos obtenido por los conservadores en la capital de la nación. Pero si no hemos entendido mal, un partido no cuenta en último término nada más que con dos grandes resortes: su coherencia ideológica y su disciplina interna. ¿Cómo puede admitirse que unas bases amenacen con la sublevación cuando una formación política decide dar un paso de tal envergadura? Por lo que se refiere al CDS j la situación nos parece todavía más grave: la ambi- A LA ALCALDÍA DE MADRID ción personal, lógica y legítima, de don Adolfo Suárez por volver a ser presidente del Gobierno puede ser causa de no pocos problemas en los años venideros. Su actitud ofrece al electorado un espectáculo como mínimo discutible y en todo caso ajeno a los grandes debates ideológicos que ocupan sin excepción a los partidos europeos. Parece como si don Adolfo Suárez estuviera dispuesto a hacer juegos malabares con los intereses del electorado que ha expresado su deseo en muy numerosos lugares de que no gobiernen los socialistas y van a continuar gobernando porque el líder del CDS antepone sus aspiraciones a la Moncloa a la voluntad popular. En las democracias avanzadas, la voluntad de los electores está por encima de estos problemas individuales. La decepción de amplísimos sectores de votantes ante la incapacidad para llegar a un pacto en la Alcaldía de Madrid, ha trascendido y es hoy del dominio público. Los votos de castigo del CDS y el medio millón de votos de AP llegaron a las urnas el 10 de junio para impedir que el Ayuntamiento de Madrid fuera gobernado de nuevo por los socialistas. Si el acuerdo entre AP y CDS fracasara definitivamente, estaríamos ante un caso de desviación del mandato electoral. Sería una lástima que no se llegara a un acuerdo. La imposibilidad de entendimiento entre AP y CDS para la Alcaldía de Madrid sería el triunfo de la pequeña política sobre la voluntad de la mayoría de los electores. Las altas temperaturas del v e r a n o que se agravan en el interior de los automóviles, cumplen una curiosa función recordatoria de la pésima ordenación del tráfico, que es el resultado de una política municipal socialista comenzada hace ya siete años. Nunca ha sido, a decir verdad, empeño fácil, la regulación de la circulación en Madrid. Pero nunca tampoco ha llegado a las condiciones, con frecuencia caóticas, en las que se desarrolla ahora diariamente. En muy considerable proporción porque nada se ha hecho por mejorar, ampliar, los accesos a Madrid, y sus correspondientes salidas, durante el mandato socialista en la capital de España. Madrid tiene ahora, punto más o menos, las mismas vías de salida y de entrada- -las autovías, prólogo de las carreteras nacionales- -que tenía hace quince años. Y naturalmente, de la congestión circulatoria en estas vías, y que los días críticos se transforman en verdaderos infiernos para los automovilistas, se produce el atasco que se registra en muchas calles del ámbito propiamente urbano de Madrid. Porque es una evidencia que ya no admite discusión el hecho de ser la fluidez del tráfico madrileño consecuencia, en buena parte, de las condiciones en las cuales se puede circular en los accesos o salidas de la capital. Un grande, enorme, círculo urbano rodeado de un cinturón de congestión circulatoria será siempre un núcleo congestionado. Pero con independencia de L EL TRAFICO NOS AHOGA esta consideración, que no por fundamental deja de ser periférica, el hecho cierto es que la circulación en Madrid es un problema pendiente de solución. No han resuelto nada, en definitiva, las zonas de aparcamiento reguladas por horas. Los llamados aparcamientos disuasorios están vacíos las venticuatro horas del día. Sigue siendo anárquica la utilización de la carga y descarga. Los transportes públicos, que deberían íuncionar como disuasorios de los privados, no lo hacen. Los aparcamientos públicos son insuficientes, al menos en zonas de tráfico intenso. Los carriles bus no se respetan. Los vehículos que retira la grúa no son siempre los que más perturban la circulación, sino aparentemente los más fáciles de atrapar. Y es observación normal de conductores habituales que en los casos de avería en semáforos no acude puntualmente la Policía Municipal. No es empresa fácil la organización eficaz, razonable, del tráfico de una capital de las dimensiones de Madrid. Pero no es objetivo imposible, como lo prueba el ejemplo comparativo de otras capitales europeas que soportan un parque de automóviles y autobuses muy superior al nuestro. No se tratará solamente de adoptar un tipo de medidas, sino de poner en práctica un plan en el que se combinen actuaciones de diversa naturaleza: normas de circulación y actuaciones en la infraestructura, porque también son decisivas las obras que se pueden acometer para facilitar a los automóviles el movimiento y el aparcamiento. Triste es constatar, pensándolo también en el bochorno veraniego, que han sido mucho más cuantiosas y más eficaces las decisiones municipales en la promoción de festejos populares o en lá proliferación de terrazas- -que hemos positivamente reflejado en el periódico- -que én la solución del tráfico. Se aceptó, desde los años de Alcaldía de Enrique Tierno Galvan, la idea de ser demasiados los automóviles y ser conveniente una política de disuasión de su uso. Pero la solución verdadera no es disminuir la intensidad del tráfico, sino regular con módulos europeos su circulación. 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