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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 30 DE JUNIO DE 1987 ABC zación autóctona, destruida 1400 años antes de J. C. se convirtió en un recuerdo mítico, una referencia completamente desfigurada y cuya verdad no volvería a resurgir hasta los descubrimientos arqueológicos efectuados en nuestro siglo. Donde la Historia tuvo que callar, habló el mito. Y fue muy locuaz, justo es decirlo. Encontramos referencias de Hornero a las cien ciudades de Creta o bien en las tropas de Idomeneo ayudando a Micenas- nueva potencia militar- en la expedición de tocios contra Troya. El mismo Tácito nos suena completamente legendario cuando escribe: Se dice que los judíos son oriundos de la isla de Creta, de la cual fueron expulsados para ir a ocupar los extremos de Libia, en los tiempos en que Saturno era expulsado de sus Estados por Júpiter. Y Herodoto, cuya capacidad para combinar historia y leyenda ha sido bien probada, me informa que la Creta prehelénica estuvo habitada por bárbaros. En la antigüedad clásica- l a de los invasores del continente- el suelo cretense fue proverbial por su fertilidad; en esto, historia y leyenda coinciden pacífica y amablemente. También por su clima benéfico, que convirtió a la isla en balneario de los nobles enfermos romanos. Hipócrates ya había recetado ese clima a los convalecientes que podían pagarlo, llevando así la tradición al punto más elevado del prestigio social. Este ha llegado a nuestros días y un profesor americano, el señor White, pudo darse cuenta de las excepcionales virtudes curativas del aceite de oliva que produce la isla, hasta el punto de asegurar que puede prevenir las enfermedades del corazón e incluso el cáncer. Lo cual es cosa muy seria, me parece a mí. Además, una flor notable, el díctamo, que crece por doquiera en Creta, acapara sobre sí todas las virtudes taumatúrgicas. Es la flor que, al decir de los clásicos, servía a las bestias para curarse las heridas producidas por las flechas de cualquier cazador furtivo. Se la ha lla- REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 2 8006- MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A isla de Creta es la quinta del Mediterráneo por tamaño, pero su mportancia estratégica la convierte acaso en la primera desde un punto de vista histórico. Si esto fue evidente para todas las fuerzas extranjeras que la ocuparon a lo largo de los siglos, en el nuestro ya es indiscutible gracias a la arqueología, que ha ¡do sacando a la luz lo que constituye uno de los hallazgos primordiales de las excavaciones mediterráneas. Me estoy refiriendo a la civilización minoica, máxima atracción de Creta y su contribución más original a los orígenes de la cultura europea. Las repercusiones que llegaría a tener en la historia del mundo egeo, el papel de intermediario entre sus civilizaciones embrionarias y las más desarrolladas del Próximo Oriente constituyen todavía hoy un apasionante pozo sin fondo. Las excavaciones de las dos últimas décadas continúan revelando un sinfín de sugerencias especialmente provocativas. (Así, por ejemplo, los descubrimientos del profesor Marinatos en la isla de Thera, llamada también Santorini, y sus relaciones con el mito de la Atlántida. La capacidad para la correspondencia entre culturas sigue sintiéndola el viajero actual en la situación misma de la isla. Al pensar en la famosa talasocracia minoica, desarrollada y destruida a lo largo de una esplendorosa Edad de Bronce (tan precoz en todos sus logros) se nos revela la gran influencia ejercida por tres mares básicos: el Egeo, con el mundo prehelénico y el mundo asiático comunicantes; el Mediterráneo, como extensión de influencias, y el Líbico, que baña las costas del sur de Creta y fue también puerta decisiva para los contactos entre la civilización minoica y el Egipto del Nuevo Imperio. Y, ya caída aquella civilización, la misma circunstancia geográfica determinaría la elección de Creta por conquistadores tan cruciales en la formación del espíritu mediterráneo como los aqueos, los dorios, los romanos, los árabes, los bizantinos, los francos y los venecianos. No hablemos ya de los turcos, cuya dominación sobre Creta se ejerció durante tres siglos de ponderada barbarie. Esta pluralidad de influencias convierte a la Creta posminoica en un puzzle apasionante. Murallas francas y fortines venecianos coexisten con ruinas helénicas y éstas con residuos turcos e importantes loca ¡idades romanas para culminar con el Importante legado bizantino, presente en los más alejados monasterios de las montañas y en la religiosidad de sus aldeas. Las leyendas nacidas a cuenta de Creta participan de tanta hetereogeneidad, y los relatos históricos que se escribieron desde los tiempos más antiguos comulgan en un idéntico sentido de la indecisión. ¿Cómo colocar en un mismo saco elementos tan dispares? A fuerza de invasiones, la civili- L LA MAGIA DE CRETA m a d o d e s d e los t i e n EDICION INTERNACIONAL Un medio publicitario único para transmisión de mensajes comerciales a ciento sesenta naciones pos más remotos la Mor que devuelve la ida El batiburrillo de influencias históricas ha ido configurando todas las propagandas posibles de Creta y ha llegado a afectar profundamente a la nomenclatura de sus pueblos y ciudades, de sus valles incluso. Sin embargo, conviene insistir en un factor importantísimo para la comprensión del puzzle los tiempos históricos continuaron ignorando a la civilización que, aquí, se había desarrollado en pleno esplendor durante el segundo milenio. No ha de extrañar a nadie, dado el carácter antropófago de la Historia. Los tiempos pusieron a cada sitio el nombre que convenía a cada nuevo conquistador. Así, la Candia de los venecianos sirvió para denominar a la isla en su totalidad, pero inicialmente fue la ciudad de Heraklion, que a su vez mantuvo este nombre hasta nuestro siglo (pero, al mismo tiempo, Heraklion se había llamado Handax cuando los árabes la fundaron sobre lo que posiblemente había sido el antiguo puerto de mar de la Cnossos minoica) Por otro lado, Creta (Kriti) es nombre griego procedente, como es de rigor, de una leyenda no precisada acerca de la ninfa Creta o acaso de Kritos, hijo de Zeus. Pero en la antigüedad la isla también recibió otros nombres de singular inspiración poética: Kouritis que significa tierra de jóvenes; Aeria en alusión a las excelencias del clima de Creta; Chtonia a causa del nombre que en Creta recibía la gran madre Demeter... Nombres venecianos- como Canea, antigua capital administrativa de la isla- o nombres griegos procedentes del rito ortodoxo- como Aghia Tríada o Santísima Trinidad- completan la ronda de influencias lingüísticas en un marco colosal, contradictorio y misterioso. Es silencio del tiempo. Secretos y antojos del tiempo. Presencias a las que debemos dirigirnos con nombres que le son ajenos. Sin embargo, buscaremos la sombra de esos restos cuyos nombres genuinos desconocemos. Se impone una asociación vital, que colme nuestra curiosidad y sepa fascinarla. Creta y la época de los grandes palacios. Creta de Minos. Creta reina de los mares anteriores a un helenismo consagrado por el prestigio de las academias. Desde los apasionantes descubrimientos de Evans hasta los más recientes, el mundo minoico ha sido el principal recurso imaginativo del turismo selecto de Creta. Se exige pues una poda drástica. Conviene prescindir de las huellas griegas, romanas o venecianas para buscar la esencialidad cretense, la que la hace original e inimitable. Es decir: hablaremos de la Creta de Minos. Terenci MOIX