Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
-Je: LUNES 29- 6- 87- RELIGION -ABC, pág. 79 Ir a misa SANTOS A CABALLO Catedral de Avila. Una fresca humedad a las seis de la tarde, cuando más pegaba el sol en la alta ciudad. Capilla de San Segundo. Pequeña, recoleta, barroca. Unas veinte personas cuando comienza la eucaristía, celebrada por el canónigo Julio Portero Luego, cuando estábamos ya en la segunda lectura, entró la quinta de los venerables: un nutrido grupo de jubilados que debían estar de turismo por el pueblo de Santa Teresa. Llenaron los escasos bancos de la capilla y dieron la sensación de que éramos más los que estábamos allí. Me llamaron la atención los seis canónigos que estaban haciendo corona al pequeño presbiterio. Se supone que acababan de recitar los salmos de vísperas y que hacían de esta misa su misa de coro. A don Julio, el celebrante, te debía tocar estar de semanero. Digo yo. Cantaron los canónigos. Leyeron los canónigos. Y concelebraron los canónigos. Pero Don Julio tuvo la buena ocurrencia de no predicar para los canónigos, sino para la gente que nos encontrábamos en la capilla. Por cierto: él hombre tiene una singular manera de predicar. Yo diría que lo que hace es hablar y hablar al hilo de las ocurrencias que le vayan saliendo al paso. Por ejemplo: El trigo, cuando se siembra a boleo, hace un abanico que abarca dieciséis surcos. Si no muere, allá en octubre, cuando lo de las Once Mil Vírgenes, no fecunda la tierra Por ejemplo: Que ya veis lo de San Martín, que es un santo que iba a caballo cuando repartió su capa con Cristo. Por cierto: son cuatro los santos que van a caballo: San Jorge, Santiago, San Martín y San Hugo, que es el patrón de los cazadores Por ejemplo: Una vez, cuando estábamos en el frente, nos mandaron una revista en la que venía la imagen de San Cristóbal, que ya sabéis que hace la fiesta allá por el mes de julio Y cuenta el hombre con mucha mímica y algún regodeo la historia de San Cristóbal y el supuesto diálogo que sostuvo con el Niño- Cristo cuando Id cargó sobre sus hombros para ayudarle a pasar el río. Claro que este floreo que se permitía don Julio apenas le soplaba la inspiración del momento, tenía un fondo evangélico muy claro: el de Cristo habiéndonos de la función social de la caridad. El es el Rey del Amor. Alguien dijo de El que o estaba loco o que era Dios. Y, como no estaba loco, pues entonces era Dios. Y es El el que nos dice que hay que amar de manera práctica. Que obras son amores y no buenas razones. Y que ese amor exige que aceptemos la cruz. Porque el que ama a su padre o a su madre o a su mujer o a sus hijos más que a El, no es digno del Reino. A Cristo se le- ama más allá de la tumba. A Cristo se te ama en todo aquel a quien, por Cristo, damos un vaso de agua El cura era convincente y directo. Se le podía perdonar que, de vez en cuando, se distrajera un poquito. También le pasaba eso a Santa Teresa. Y estábamos en Avila. Ricardo HERRERO En el centenario de Lituania, el Papa expresó su amor a las Iglesias del Este No puedo ir en persona, pero lo hago a diario con el alma El Papa no puede viajar a Lituania. Pero nadie puede impedir al Papa que vaya con el espíritu. Juan Pablo II celebró ayer aquí el VI centenario de la evangelización de este país, pero dejó bien claro que su corazón estaba en Vilna. Cada día- d i j o- visito vuestra patria con la oración. Y reiteró su voluntad de viajar allí: Es un deseo que llevo conmigo hace tiempo afirmó, en un acto que resumía su amor a las Iglesias del Este. El obispo de Roma, que como sucesor de Pedro es testigo y servidor de la unidad de toda la Iglesia- dijo el Papa, dirigiéndose a los lituanos durante la homilía de la misa celebrada en San Pedro- os saluda cordialmente y os da, en esta Eucaristía, el fraterno beso de paz. Con todo el deseo del corazón estoy con vosotros. Es un deseo que llevo conmigo desde hace tanto tiempo: cada día visito vuestra patria con la oración. En esta oración y en el recuerdo de vosotros se une a mí toda la Iglesia, especialmente la Iglesia en el Continente europeo que siente los profundos vínculos que la unen a vosotros, que pertenecéis a la familia de las naciones cristianas del Continente por vuestra posición geográfica y por toda vuestra historia. la Santa Sede, cuarenta y siete años después de la invasión de Lituania por el ejército rojo, todavía reconoce a un diplomático del Gobierno lituano en el exilio. Stasys Lozoraitis, que así se llama, ha declarado que los lituanos esperan vivamente que Juan Pablo It vaya a su tierra, pero por ahora esta visita es improbable. Por otra parte, no sería admisible que como precio de este viaje la Santa Sede cerrase la delegación diplomática lituana, reconociendo así los actuales limites de la URSS Un fuerte aplauso se levantó en la basílica en el momento en el que el Papa declaró beato a monseñor Matulaitis, mientras las campanas de San Pedro sonaban a rebato coincidiendo con las de San Pedro y Pablo, de Vilna, la pequeña iglesia que cumple la función de catedral, ya que ésta fue requisada por el gobierno hace tiempo. En la cere- monia estuvieron presentes monseñor Mar- cinkus y monseñor Backis, dos prelados americanos de origen lituano que trabajan desde hace tiempo en el Vaticano. Suquía y Butragueño en el acto Con el Papa concélebraron dieciséis representantes de las conferencias episcopales europeas, entre los que estaba el cardenal Suquía. También lo hizo el único obispo de Lituania al que se le ha permitido viajar a Roma. Se trata de monseñor Vaicius, administrador apostólico de la diócesis de Telsiai. Asistieron a la ceremonia diez mil fieles, entre ellos dos mil quinientos lituanos que viven en Occidente. Y cerca del altar papal se encontraba el popular jugador del Real Madrid Emilio Butrageño con su familia y su novia Sonia. El Papa beatificó a un obispo lituano, monseñor Jurgis Matulaitis, arzobispo de Vilna, fallecido en 1927 a los cincuenta y seis años de edad. Juan Pablo II elogió el espíritu de sacrificio y la prudencia con la que el nuevo beato supo afrontar situaciones difíciles para la Iglesia. También recordó que fue el reformador de la congregación de los clérigos regulares marianos. Entre sus fundaciones está el colegio Bielany de Varsovia, en el que estudió el general Jaruzelski. Matulaitis vivió entre Lituania y Polonia y hasta la conclusión de la primera guerra mundial y la independencia de estas naciones, su apostolado se desarrolló en la clandestinidad por la persecución de las autoridades imperiales rusas. Nombrado obispo de Vilna en 1918, afrontó una nueva prueba a causa del enfrentamiento entre polacos y lituanos. Otro conflicto surgió cuando Pío XI hizo un tratado con Polonia en el que la diócesis de Vilna pasaba bajo control polaco. Esto produjo fuertes protestas en Lituania, hasta que en 1925 el Papa envió a monseñor Matulaitis como visitador apostólico. Después de una dura labor pacificadora, el obispo consiguió resolver la cuestión. Pero poco después moría en Kaunas. La beatificación de monseñor Matulaitis es un signo de la atención que Juan Pablo II manifiesta hacia los católicos del Este. El Papa quiere demostrarles que no olvida a la Iglesia del silencio. Lo pueba también el que El nuevo obispo de Orense tomó posesión de su diócesis Orense. Ep El nuevo obispo de Orense, monseñor José Diéguez Reboredo, hizo en la tarde del sábado su entrada oficial en la. diócesis, con una ceremonia que comenzó a las siete y. media con la recepción ante la puerta principal de la catedral, por las autoridades provin- ciales y locales y el consejero de la Presidencia del Gobierno autónomo, mientras la banda de música interpretaba un pasodoble, Acompañado por el arzobispo de Santiago y los demás obispos de Galicia, así como del obispo emérito de Orense, Ángel Temiño, monseñor Diéguez, tras besar el lignum crucis entró en el templo, completamente lleno, donde ocupaban un lugar destacado numerosos feligreses de su diócesis de procedencia, la de Osma- Soria. En la homilía, que pronunció íntegramente en gallego, excepto al dirigirse a sus antiguos diocesanos, monseñor Diéguez dijo que venía a Orense no tanto a presidir como a servir. En otro momento afirmó que no establecerá diferencias entre los fieles por razón del poder económico, y que si se produce alguna desigualdad será en favor de los más desfavorecidos. Igualmente recordó la necesidad de defender la vida desde su concepción, la familia y la educación cristiana. Terminó recabando la ayuda de sacerdotes, religiosos y seglares. Monseñor Diéguez hace el número 101 de los obispos de Orense y releva a don Ángel Temiño, que ha sido obispo de esta diócesis durante treinta y cinco años.