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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 29 DE JUNIO DE 1987 ABC REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 2 80 0 6- M A D R I D FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A bicicleta de mi abuelo materno, de mi abuelo el catalán, de mi abuelo el médico, de mi abuelo Antoni Gisbert, que murió a los veintinueve años de edad. Nunca había pensado escribir sobre él, y curiosamente sí sobre el otro, mi abuelo paterno, mi abuelo el sevillano, mi abuelo el periodista, mi abuelo Marcelo, que se firmaba así, sin más, y que fue redactor de esta Casa hace mas de medio siglo, hasta que sus convicciones políticas le hicieron dejarla, porque, entonces, para esta Casa no escribían los rojos Ahora las cosas son diferentes, para la Casa y para los rojos, y así está mucho mejor. Yo pensé, pues, en dedicarle un primer artículo en el que fue su periódico, a modo de homenaje, porque sí, porque era un tipo espléndido, porque era mi abuelo y por aquello de la antorcha supongo, pero un pudor idiota me impidió hacerlo en su momento y ahora, como de quien quiero hablar es del otro, sólo podré dedicarle un comentario de pasada. Comentario que también es ilustrativo de lo que pretendo expresar pero que no me sirve igual porque el no era médico ni tenía bicicleta. Debo anticipar que ninguno de mis dos abuelos era ilustre. Se trataba de señores corrientes, hombres de la calle, y es a lo que voy. Debo aclarar también que yo no conocí a ninguno de los dos. A uno, habida cuenta de que mi madre tenía tres meses cuando él murió, no hace falta que explique por qué, y el otro, el periodista, se fue de este mundo en el año 36 de infausta memoria, cuando yo aún no había venido a él, ni por lo tanto a este país, mi país, que no conocí hasta 1950. Pero he oído hablar, y aún oigo, de mi abuelo Marcelo, a menudo y siempre bien. Se contaba entre sus quehaceres la crítica de toros, y se dice, en mi familia y entre algunos taurinos muy ancianos o muy informados, que él era de esos que jamás aceptó un sobre (costumbre exótica de entonces, no afirmo yo que también de ahora) Por lo visto, solían llegarse hasta su casa amables emisarios del torero, o de su apoderado, o del empresario del coso, y él les aceptaba las buenas palabras, y les devolvía el sobre, con una sonrisa, y alguna gracia o dos, en su suave acento sevillano, que venían a decir que él esté bien en la plaza, que yo le trataré con justicia, no necesita más Era un crítico ponderado y honesto, que tenía seis hijos, no poseyó nunca nada y vivió hasta el fin de sus días modestamente de su trabajo. Y a mí me gusta presumir de él. Pero en realidad de quien quiero hablar es del otro, del catalán, de mi abuelo Toni, que era médico y tenía una bicicleta. L SAGASTA 0 LA BICICLETA DE MI ABUELO Aunque esto del sobre me ha traído a la memoria a otro periodista, éste sí muy ilustre e ilustre político también, por quien siempre tuve debilidad, don Práxedes Mateo Sagasta. Cuentan que ejercía el joven Sagasta como director de La Iberia desae la muerte de Calvo Asensio, y estaba un día a sus asuntos en ei periódico, cuando el ordenanza de la Redacción le anunció una visita. Era ésta la de un señor, anónimo como todos los cobardes, que afirmaba venir a prestarle al Partido y al periódico un servicio de suma importancia ya que se tenía por progresista de siempre, era lector asiduo de La Iberia y un admirador ferviente de usted Se trataba de tres apasionadas cartas de amor que Doña Isabel II dirigía a un hombre que no es su marido, ¿usted me entiende? Sagasta le en- miento de dicho noble animal exigía disponer de medios de fortuna, la palabra pasó a designar a quienes tenían una posición comtendió, echó una ojeada a los papeles que el otro le mostraba, comprobó que estaban parable. Como se suponía, no siempre con escritos y firmados en pliegos que ostentaacierto, que estas personas se comportaban ja corona real sobre la letra I, y preban ejemplarmente, pasó el vocablo a adjeguntó cómo habían llegado a su poder. Al tivar nombres dotados de unas determinaparecer, el hombre era fondista, y el destidas cualidades morales y humanas. No natario de aquellas cartas, hospedado en cabe duda de que mi abueio el sevillano su casa, había olvidado en su habitación lipodía ostentar el título en cualquiera de bros y papeles, el tiempo suficiente para sus dos acepciones ya que, amén de ser que el avispado, poco escrupuloso y suuna bellísima persona, solía, para ver a su puesto progresista, se hiciera con ellas. El novia tras la reja, ir a caballo desde Sevilla periodista (e preguntó cuánto pedía, agrahasta Zafra. A caballo, como cantan los rodeció seca y fríamente, y cuando, muy samances. Pero de mi abuelo Antoni Gisbert tisfecho por el inmenso servicio prestado, no me consta, la verdad. A menos que le dejó al fin el fondista, tomó las cartas, pensemos en la bicicleta. En la otra aceplas echó eri un sobre que lacró, y en el que- ción, en la buena, sí que me consta, y es puso Personal y muy reservado para lo que pretendía contar desde un principio. S. M. la Reina Con una tarjeta que decía La historia fue que Toni era médico, de una sólo Práxedes Mateo Sagasta, director de pudiente familia de la burguesía catalana, La Iberia guardó el todo en otro sobre- farines, noi, farines- -aunque él era más con la dirección adecuada y, personalmenradical que nadie, y sostenía que aquello te, se fue dando un paseo hasta Palacio, no podía durar. Como no duró. La fábrica donde lo depositó con sus propias manos se vino abajo, la fortuna se vino abajo, las en la Estafeta. casas entraron en subasta, la empresa en Cuentan que muchos años más tarde, quiebra, y el bisabuelo se pegó un tiro en siendo ya Rey Don Alfonso XII, y político su despacho, como un samurai del Paseo de campanillas Sagasta, Doña Isabel le code Gracia. Y allá se fue Toni, a quien ya no mentó en una ocasión, ella que fue siemle pondrían una maravillosa consulta en el pre tan de Cánovas, me satisface mucho Ensanche, con su joven esposa y su peque esté al lado de mi hijo un hombre tan queño de un año, a ejercer de médico rural caballero como tú en un pueblecito perdido. O más bien en Los periódicos de entonces dedicaban su varios, porque no había médico para todos. mayor espacio a la política, eran grandes, De ahí, la bicicleta. Toni acudía a sus viside unas cuatro páginas, de tipografía clara, tas en bicicleta, y parece que era feliz. Así uniforme, sin grandes titulares, y traían en le vi yo. Sí, le vi, le vi. Mi abuela materna, primera plana un artículo de fondo, largo y aunque volvió a casarse, conservó siempre en prosa de la época, a cargo, por lo genedel abuelo Antoni una fotografía de cuerpo ral, del director: Fernández de los Ríos, en entero, grandeur nature, con importante Las Novedades Rivera, en La Discu- marco, en la que aparecía con expresión sión Sagasta, en La Iberia López Rosolemne, bigote enorme y engomado, unos berts, en El Diario Español Vicente de la sonrientes ojos castaños, pantalones y goHoz, en La Esperanza Escobar, en La rra de golf. Y la bicicleta. A mí me pareció Época Castelar, en La Democracia un señor, pero era un chico, un chico estuSe daba mucha importancia a la política, y pendo. Que atendiendo a un enfermo graal gran mundo, en una sociedad donde no ve, vecino de su casa, encontró un hueco había televisión ni revistas de colores. ¡Qué para correr a asistir a un parto difícil, lejos, bocado, aquellas cartas, para un periódico y que una vez nacida felizmente la criatura, como La Iberia para un joven periodista no quiso esperar a que pasase una torcomo Sagasta! si Sagasta no hubiera menta recién desatada, porque su otro ensido un caballero. fermo le esperaba, y volvió, bajo la lluvia ¿Y por qué hablo yo tanto de Sagasta, torrencial, varios kilómetros, caballero en si de quien quiero hablar es de mi abuesu bicicleta, caballero gentil y bueno, holo Toni Gisbert, que era médico y tenía nesto Quijote catalán, a tender su mano al una bicicleta? Por lo de caballero, sin enfermo grave, antes de cambiarse, antes duda. En un principio, la voz caballero de meterse él mismo en una cama de la se refería a un señor que cabalga, es que no se levantó más, porque se lo llevó decir, se traslada, o da un paseo, a cade este mundo en quince días, lo que llaballo. También decíase del combatiente a maron una tisis galopante, más galopante caballo, pero como la posesión y mantenique él, pobrecito mío. Vivió y murió con decencia. Como el otro, como el sevillano. Y como casi todo el mundo entonces, porque ya advertí que eran hombres corrientes, nombre del común. Y es que, entonces, lo anormal, la excepción, era lo contrario. No quedaba bien ser muy listo y poco honrado, y la decencia era la decencia, no se circunscribía exclusivamente a la cama. ¡Que no hubiera encontrado Gary Hart un Sagasta para demostrarnos si era o no buen político, no si era más o menos veleidoso! ¡Que no encontraran tantos quien les diera con un sobre en las narices! ¡O quien corriera por ellos bajo la lluvia, como mi abuelo el catalán, mi abuelo el metge mi abuelo Toni Gisbert, que me dejó ía hermosa herencia de su recuerdo desconocido. Ana DIOSDADO EDICION INTERNACIONAL Un medio publicitario único para transmisión de mensajes comerciales a ciento sesenta naciones