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86 A B C ESPECTÁCULOS LUNES 22- 6- 87 Doscientas personas en el entierro de Fernán- Gómez Alicante. V. Pastor Chilar Unos doscientos extras de Jijona, la Banda Municipal de música y dos escuadras testeras han tomado parte en el sepelio de Fernando Fernán- Gómez, industrial turronéro apellidado Planchadell, quien fallece en Moros y cristianos, la película que ha terminado de rodar Luis García Berlanga en la más dulce de las ciudades españolas. FernánGómez, amortajado con el traje de testero cristiano se instaló en su ataúd, para el que previamente le tomaron medidas, y esperó paciente la hora de su propio y fastuoso entierro. El pueblo de Jijona ha tomado parte activa en varias escenas de exteriores e interiores, que se tomaron en distintas calles y plazas de la localidad y en una factoría de turrón. Verónica Forqué, José Luis López Vázquez, Pajares, Rosa María Sarda, que realiza su debut cinematográfico; María Luisa Ponte y Agustín González conforman una parte de este reparto de lujo, que contó también con doscientos extras y sesenta técnicos destacados. Las estrellas de la pantalla, que han sido los auténticos hijos predilectos de la ciudad durante estos cuatro días, han convivido familiarmente con los vecinos de Jijona, que han visto alterado su ritmo de vida, porque era casi obligado pasar cada día a ver cómo marchaba el rodaje de la película comentaron. Los artistas comenzaban su trabajo a las ocho de la mañana y finalizaban a las tres de la tarde, cuando el termómetro, en algunas ocasiones, marcaba en Jijona los treinta y dos grados a la sombra! lo que no era excusa para que los actores se llevaran a la boca, en los descansos de una u otra secuencia, algún que otro pedazo de turrón. Mil botellines de agua mineral y no tantas cervezas y refrescos han ayudado a los actores y principiantes en el séptimo arte a soportar este calor, aunque algunos vecinos decían que por dos mil pesetas diarias que cobran tos extras, también pasaban el bochorno Niños que vitoreaban desde las ventanas del colegio el nombre de Pedro, Pedro -refiriéndose a Pedro Ruiz- guapas jovencitas, mujeres mayores y muchos más han trabajado a las órdenes de Berlanga. El resto de los vecinos han asistido como espectadores de excepción. Ahora, todos esperan que la película tenga su estreno en Jijona. Moros y cristianos cuenta las aventuras de la familia de turroneros artesanos Planchadell y Calabuig, naturales de Jijona, que decide viajar a Madrid para promocionar sus productos en una feria alimentaria de la capital que, según les han dicho, inaugurarán las Infantas. Para la familia Planchadell y Calabuig, ¡a mejor forma de promocionar sus productos consiste en obsequiar a las Infantas con sus turrones, ya que, de esta forma, su marca llegará a todos los hogares españoles a través del Telediario. El rodaje de Moros y Cristianos ha convertido a Jijona en una continua fiesta durante estos cuatro días, pero, ahora, cuando los focos se han ido y los famosos ya no están, sólo quedan las anécdotas que unos y otros cuentan en el casino, en el mercado o en cualquier esquina del pueblo. Crítica de cine En penumbra de José Luis Lozano Producción: José Miguel Juárez. Director: José Luis Lozano. Guión: José Luis Lozano y Luis Ariño. Fotografía: Tote Trenas. Color. Música: Fernando Civil. Principales intérpretes: Amparo Muñoz, Tony Cantó, Miguel Bosé, Lola Herrera, Antonio Garisa, Miguel Molina. Duración: Noventa y dos minutos. Salas de estreno: Renoir, Picasso y Vaguada. Pretencioso intento de cine posmoderno pasablemente disparatado, aunque de cierto interés puramente visual. Pocas cosas hay tan peligrosas en cine como la pretensión, a ultranza, de modernidad Y si de posmodernidad se trata, el peligro se multiplica. No se ha librado de caer en él el joven- nació en 1960- realizador granadino José Luis Lozano, que hace unos años llamó la atención y obtuvo numerosos premios con el cortometraje Embrujada y que en este su primer largo se ha embarcado en una aventura poco menos que imposible, la de, desde una perspectiva pasablemente decadente, y a partir de una historia- s i es que de tal puede hablarse- no menos pasablemente disparatada, dar su visión sobre una determinada juventud de hoy a través de las andanzas de un muchacho que, tras poco menos que perder el habla tras un pintoresco incidente, efectúa una especie de descenso a los infiernos en la jungla urbana, pasando de un ambiente a otro con pasmosa facilidad y convirtiéndose en epicentro de una serie de movimientos difícilmente calificables. Si todo esto se hubiese contado con sencillez, la película sería, simplemente, confusa. Como, por el contrario, el relato se establece desde puntos de vista, por así decirlo, cuando menos prepotentes la película, sin dejar de ser confusa, es, además de disparatada, pedante y autosuficiente, hasta lindar con el ridículo en más de una ocasión, en especial en lo que hace al personaje vampírico que encarna Miguel Bosé. Todo, en suma, pretende ser supersofisticado, y lo que consigue- salvo algún plano aislado, bellamente resuelto gracias a la fotografía de Tote Trenas- es resultar pretencioso. De los actores poco puede decirse. Amparo Muñoz se limita- s u personaje no da para más- a estar Tony Cantó no es mejor como actor que como presenador de televisión. Miguel Bosé se pasa Y los veteranos se repiten a sí mismos. Quizá algún día, si Lozano se decide a apearse de la obsesión por la posmodernidad podrá hacer una buena película. Esta de ahora, su ópera prima dista mucho de serlo. C. S. F. Copkiller de Roberto Faenza Producción: Elda Ferri. Director: Roberto Faenza. Guión: Ennio de Concini, Roberto Faenza y Hugh Fleetwood, según una novela de este último. Fotografía: Giuseppe Pinori. Color. Música: Ennio Morricone. Principales intérpretes: Harvey Keitel, John Lydon, Nicole García, Leonard Mann, Sylvia Sidney. Duración: Ciento quince minutos. Sala de estreno: Alexandra. En clave de cine negro una cuando menos desconcertante película, pasablemente irregular, aunque con momentos notables. Es Copkiller cuando menos, un filme desconcertante, que comienza espléndidamente para, a medida que avanza la acción, ir cayendo en la trampa de hacer trampa al espectador, cosa que en el género en el que pretende insertarse y con frecuencia puede legítimamente inscribirse- e l del cine negro -no es de recibo. Y no se- trata sólo de que más de un hecho, más de una motivación, queden, llegada la película a. su fin, sin explicar, lo que en última instancia tampoco sería demasiado grave- e n una de las obras maestras del cine negro El sueño eterno más de un punto queda oscuro- sino de que la ocultación está hecha con procedimientos poco ortodoxos Historia de policías corruptos, de relaciones marginales, de personajes en suma atípicos, Copkiller que aisladamente tiene excelentes momentos, hace agua cuando llega la hora de interrelacionarlos. Los personajes, que mientras actúan en la sombra resultan estimulanteSj se convierten en fantoches cuando parecen a punto de revelarse, de desvelar su contradictoria identidad. Con todo hay momentos bellos, el decorado urbano, y sobre todo los interiores, está muy bien utilizado, aunque dramáticamente no resulte demasiado adecuado, y los actores, en su mayoría americanos, pese a que el filme sea de producción italiana, están bien elegidos, lo que siempre es una baza para un resultado final no demasiado negativo. Pero en definitiva el balance no es, no puede ser, positivo. Todo está excesivamente disperso, como si a Faenza- u n hombre de dudoso origen, del que se nos dice, sin que sepamos muy bien en calidad de qué, que ha trabajado al lado de un buen puñado de realizadores americanos y europeos de prestigio -sé le estuviera yendo continuamente la película de las manos o como si, llegada la hora del montaje definitivo, le faltaran planos clave. Por lo que hace a los intérpretes, Harvey Keitel da, una vez más, la medida del talento que no se le suelen dar demasiadas oportunidades de demostrar, y John Lydon, el antiguo Johnny Rotten del grupo de rock británico Sex Pistols, ofrece, a falta de una actuación rigurosa, una presencia que líena la pantalla. Quedan en la sombra Leonard Mann y Nicole García, que no pueden hacer demasiado dada la indefinición de sus personajes, y en una escena la ilustre veterana Sylvia Sidney hace cierto, una vez más, el viejo dicho de que quien tuvo, retuvo ¿QUIERE PONER UN NEGOCIO? Busque local en la sección de Anuncios por palabras C. S, F.