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60 A B C CAMPEÓN LUNES 22- 6- 87 Cien mil madridistas confirmaron ayer que el fútbol es un fenómeno social que supera al meramente deportivo. La gran fiesta blanca del Bernabéu se convirtió en una manifestación contra el terrorismo. Gritos coreados de ¡ETA asesina! fueron el colofón al padre nuestro que se rezó desde el centro del estadio en honor a las víctimas habidas tras el atentado de Barcelona. Los cien mil aficionados que celebraron con alegría el vigésimo segundo Campeonato de Liga del Real Madrid tuvieron la coherencia social de saber disfrutar de su fiesta y de exponer, en el momento oportuno, la indignación de toda España por el alevoso y múltiple asesinato. La celebración del triunfo fue apoteósica. Comenzó ya a las cinco de la tarde, mucho antes del partido y cuando las puertas del estadio permanecían cerradas. Los miles de seguidores blancos llegados desde todos los puntes de España se unieron a los madrileños y con tracas, fallas y toda clase de pirotecnia dijeron claramente a un Madrid en siesta que el Real era campeón liguero en un día que significaba el fin de la primavera de la esperanza y el comienzo del verano de la alegría, dos caracteres que definen actualmente al campeón. Mendoza vistió el traje blanco de Zaragoza. Como la ciudad. Cuando todos creíamos que la capital dormía, cien mil madridistas de toda la piel de toro y algunos más de Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla manifestaron con fuerza y sin respeto, a las cinco de la tarde, quién era el campeón de Liga 8687. Peñas de Extremadura, Cataluña, Andalucía, Valencia, Castilla- La Mancha, Castilla y León, llegadas a Madrid en la mañana. del domingo, se sumaron a los merengues de la Comunidad madrileña y comenzaron una fiesta que finalizó a las once de la noche. Los andaluces trajeron el jamón. Los castellanos, el chorizo y el vino. Y los valencianos colocaron estratégicamente las tracas que despertaron Madrid y convirtieron en castiza falla una urbe que sufrió, como el campeón, un sol de injusticia en este día de paso de la primavera al verano. Chulapos El Bernabéu mantenía las puertas cerradas y sus seguidores festejaron por anticipado the last day de un título de gloria. Cientos de peñistas, decenas de autobuses y miles de coches colapsaron el tranquilo barrio de Chamartín, que despertó con sobresalto de su siesta ante el comienzo de la fiesta. Las tracas rompieron los sueños de los madri- leños. Y quienes durmieron con Valium o con tapones saltaron asustados de su cama al observar cómo volaban por sus ventanas fuegos blancos, estrellitas de todos los colores y los palos de las tracas, que parecían flechas en una batalla del general Custer. Con la ciudad despierta, el espectáculo se hizo elegante ante la llegada dé una brigada de chulapos y chulapas. Sus claveles rojos y blancos en las solapas engañaron a los miles de forofos, que sospecharon de los rojiblancos colores en la fiesta más blanca del mundo. Nada más incierto. Los chulapos hicieron del homenaje una fiesta madrileña, no sólo madridista, y esos claveles fueron una aportación atlética que sorprenderá al propio club del Manzanares. No era una fiesta de un equipo. Era una celebración de una Comunidad. Las parejas de chulapos pasaron al estadio y se quedaron sorprendidos al observar el trabajo que realizaban los cientos de jugadores de los equipos inferiores del Madrid antes de que saltaran al campo para realizar los actos de homenaje a sus mayores. Con bombas de oxígeno y a veces a pleno pulmón y soplido, alevines, infantiles y juveniles se encargaron de conseguir la inflación de los merengues globos que posteriormente colmarían de blanco un cielo azul intoxicado de humo madridista. Música, palomas y chirigotas A las seis en punto, y como el tiempo no lo impedía con un sol inconquistable, se abrieron los portalones del Bernabéu para que cien mil aficionados- más achicharrados de merenguismo que de calor- pasaran a ser, por una vez, protagonistas en un campo de fútbol. Las tracas, entonces, asustaron todavía más a los asistentes. Entre los vomitorios de las gradas, los petardazos parecieron bombas y los palotes de cada traca cayeron a la piscina como campeones olímpicos. La celebración continuó donde se esperaba que comenzara: en el campo de los triunfos. En las gradas, las peñas y simpatizantes demostraron el homenaje nacional al campeón. Banderas múltiples, con los colores de España, del Real y de la Comunidad particular, definieron en Chamartín que el Madrid está presente en todo el país. Destacaron los seguidores catalanes del campeón. Varios barceloneses se acercaron a Ramón Mendoza y le insuflaron su madridismo, su m o ral y un aliento que fue más físico que espiritual. El presidente demostró su seny y les estrechó las manos con un moltes gcasses. Mendoza vistió con el mismo traje blanco que Gordillo y Hugo Sánchez se dignaron encoger en Zaragoza tras el baño de champaña. Llevado al tinte, San Ramón volvió a portarlo ayer: Es el traje del cariño y del triunfo y no me lo quitaré hasta que perdamos. El festival del club empezó con la exhibición por los videomarcadores Su Alteza Real el Conde de Barcelona, acompañado del presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, y de José Luis Roca, aplaude a Santillana en el momento en que alza la copa de campeones de Liga Cien mil seguidores acl Rea! Madrid Un minuto de silencio p na y gritos de ¡ETA, as