Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
NTES de adentramos ptit lí s caminos de b l jx- nda c n n v i e n e r c c o r d ü í tres c o u s I) Que Gr. iti Brciai a- l a íí, a t o r n i ü d j por E- iCocia. Gylc ü lni; lalerrLi- i.i mhifn tuc conqillhTiidü por Rom. i y que dM ei Tuvi r iii Lis kgiiine! s la cahallcríii fomanai duMiiTe íes laicos íiplüs. 21 Ouc en? (U escudo naaonai figurar un Ifi in y un cab- i11 (1, y J (Juc, cicrtarrn: nlc. el Rcv A r i u r o vivió duiante el siglo V I después de Jesucnsto, Poiqut de esins heLln s- hay que parlii par ¿i eniendfr la pTOFUa cnsCianización b r i l j n la pasión por los caballos y d esplniu j: uerrt: ro que impTcgnii I,I S páginis de lii Hisloria. E incluío la leyenda del Rey A n u i o y u famosa Orden de la Mesa Redonda. E orquc di: ahí de íísos arios, de domictaCTÓn r o man íleyes coslumbresn usos, tácticas militares y relijiiún) nace el a f í n por la justicia y la p a í y lo que e más importanU- el sentido cnsliano de la vida. No hay que olvidar uuc el gran ideal cahallenl d d S, inTo Cirial tiene su ongen en IÜ llegada de Jostf de A n malea a la? ierras h rita nicas del ur do la h a portando el eáliz de la- U l h m a Cena de Jesús con SU. S apostóles. Dt ndt nació y quií n fue el Rey Arturo. Sej ün la levenda. A r t u r o eid destendienie directo de Constantine, un sehoT valeru que consiguió formar un peq u e ñ o r e i n o cerca de G a l e s cuando la isla sólo era canipo de rapiña de los biirbaro del o e -U i h e r- d i j o un día el mago Merlín al menor de los hijos de Cnnsianíine- aunque no parecen proliñco. Dios t t oiorgiara un heredero que se llamará A r t u r o Llegará de Corn all e impondrá su autoridad como el ran jabjlt de pelos acerados. A S BILáUSriUI LOS CABALLOS DEL REY ARTURO (32) E Sir Galahand. c l e í l e r a) dierim pie a las mJ tünIas cJ lL i- Md. i Pero quiS lijibrí. i uU- LIH I P, Arturo u f o r t e sm p. ii iii, no hubiese hybido c, di, illos, li s mejores uiballos curuitidiis? ¿Hubiera sobreviMdo Ariuro al vombaie con el kalvaje balín d t i mont. ido siibrc un hni %o, r impetuoso cored blanco, iqucl que, seguramente, consiguió en su excursión por tierrai de Hspaña cuiindi acompañado del vasco Sir Láncelo! reci rnó Europa 7 q u i -causa justa- hubieran idido defender los caballeros de I abla Redonda sin ir montados a cdb- illo. Lij k ycnda cuenta que la pnncesa Guenevi ic nionTaba el día que llegó a ameloT una intrcible yefiua blanca cryaezaja de oro como no se habla visto otra jamás. El hérrn. indiscutible de la Tabla es. sin duda. Sir Laiicelot du Lac, el eterno amante espintual de la rema ÍjuenevciCr pues i niás Eue vencido en combhite por hombre aljruno... y, cuiiosamenicr. el campeón de! o cihaLleros. hi o del Rey Ban de Ben ick. además de ser vasco es- según o i í j leyenda- -criador de caballos- tomo H ¿c (or el irovano) v et m e 0 j m c t e de su u e m p o Como el mrsmisimo y wagne- nano i i i Tristam reconoce t i día que ambos se enfrentan por primera V í Z a Y asi fue. Arturo irrumpe en la Historia cuando cuenta tan solo uince años de edad y es capaz e arrancar con gran íaeilidad la espada que abría las puertas del remo. De ipues, y iras ser reconocido, A r t u r o recorre ¿caballo sus rfominios y comprueba que el desoídcn, la anarquía y las pequeñas ambicione son la causa de la postración d t l reino... Entonces conoce a la Dama del Lago- y consigue la famosa espida EiLcalibur D u r a n t e unos anos- d i c e la h i s t o r i a- la alención de A r i u r o ró en íimo a los paganos y a 5 rnediüs de expulsarlos de tierras de Bretaña. Fue una larga tarea, que comenzó con la elección de un amplio grupo de caballeros valjcnies y virtuosos, con quienes formó su Corle y sentó sus principios de gobii; mo, obligando ¡i iodos los habitantes de su reino a obedecerlos, al margen de su cojidición social De csle modo logró paciHcar al pais, lustraclón: Manoel Prados de la Plaia Hasta que un día conoció y se rendó de la princesa Guenevcre, Lja d e l Rcv L í o d c i í r a n c e con quien c ca aría píKO después. El regalo de binla que Leodegraiice hizo a A r t u r o fue una mesa redonda de piedra con capacidad para ciento cineucíiia comensales Sólo entonces acepto ser coronado crear la Orden de la Mesa Redonda, La giLiii NK ÍLI Redonda se colocó en el sillón de honor del palacio de Camclol y con ella ciento cmcuenlj lisíenlos. La intención de Arturo consistía en hacer jurar a todos los caballeros que iban a tomar su siíio en la Mesa una absoluta limpieza de pfnsíimiento v una lealtad inconmovible a los altos principios que reglan su reino, Y así lo estableció t n las reglas que impuso ri sus caballeros: tendrían que imitar a Cn to y no malar o cometer nietos pecaminosos, serian fieles a su Rey; jamáis dnan mostrarse crudos y tendrían que nivudar a quienes lo solicitiiran Etcc líra. El hecho es que aquella Orden. la di. -lo- caballeros diu la Tabla Redonda, se hiío lamosa no solo en Bretaña, sino en lodo el mundo, V uuc las acciones de sus Íknncipaks caballeros (Sti LanceLít du L- ie. Sir Tnstam- a l que Wjgnet inmortalizaría junto a I s o l d a- Sir Gareth. Sir G c r j i n i Í S -A l l l e g a r el dfa s e ñ a l a d o- d i c e la l e y e n d a- Sir Tnstam llegó al luíar y vio al i a un cabal l e r o v e s t i d o t n t e r a m c m e de blanco que montuba un cahallo de color ne To ü a b a c h t v esplendido. Creyéndole Sir Palomide el caballero de origen árabe) avanzó hacia él con la lanja en ristre, no t j r d i i n d o ambos en trabarse en lucha. Sir Tri iam supo en seguida que un contendiente mucho mJ peligroso que Palomides era dquéí. pues le cM ia dedicarle toda svi h, ibilidad. l o d o era en vano. Tnstam busa de mil ntanenis la ocasión de vencer al caballero bl- jneo Siempre fracaso. Llevdban vanas lioias de combate cuando Tnstam pregunto al otro cuál era su nombre. -Me l l a m o Sir L á n c e l o! du Lac, caballero- A de inir- r e p u s o T r i- i l a m- ¿Qué he hecho? T u eres e caballero que vo más idmiro en el mundo En ñn. la hl Iona del Rey Arturo V su famosa Orden de la Tabla Redonda no termina aqui... porque dc- spues vino la búsqueda del Sanio ü n a l y la llegada n u v tunosa o divina de Sir Oalahand. Sm emb ¿irgo, iiqm hay iue punto fmal a este capítulo Ahora tendremos qut- if al encuentro de aquel otro ¡e ingles que grito de j nidno de Shakespeare lo de j M i remo por un caballoT Jullo MERINO M Próvimo capiíufo. -E l Cdbalto de Ricardo I l L