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30 ABC OPINIÓN DOMINGO 21- 6- 87 Panorama HASTA POR PICARDÍA S IN duda, en España, el récord de picaresca- por no decir picardía- lo batimos en el campo del trabajo. O mejor dicho, en el de la holganza. Porque es inútil que, a lo largo de los siglos, el venerable Eurípides nos grite que el trabajo es el padre de la gloria y de la felicidad o que nuestra sabiduría popular afirme que ni en el atajo que buscamos a nuestros quehaceres deja de haber trabajo, o que Sócrates nos diga que vale más trabajar sin objeto que hacer nada Aquí, desde no se sabe cuándo- quizá desde que nos llegaba de América el poco oro y plata que no conseguían robarnos en el mar los filibusteros, corsarios, o piratas ingleses, holandeses o franceses- fuimos acostumbrándonos a vivir en el dolce far niente el antisocrático hacer nada Para ello, el avispado pueblo español acudió a la más variada e ingeniosa picaresca: desde los medievales vagabundos y pordioseros hasta los actuales falsos parados- beneficiarios- delseguro. Y tan beneficiados muchos de ellos, que bien pudiera responsabilizarles la sociedad de no saber o no querer encontrar trabajo. ¿O no hay en cada rincón de España mil cosas por hacer o por mejorar? ¿Y no es grave injusticia social cobrar de una sociedad pobre sin ganarlo? Entre los millones de trabajadores con que cuenta España ¿cuántos hay que trabajan mucho y bien? ¿cuántos que trabajan, pero que cultivan la chapucería ¿cuántos otros que ni eso, porque no dan golpe, ya por parados auténticos o ya porque practican el absentismo de la baja procurada con fraude, pero que unos y otros cobran? ¿y cuántos, en fin, son los que ni trabajan ni cobran, pero que pudieran trabajar y cobrar y lo único que hacen es vegetar y hacer vegetar? Es de estricta justicia que, sin hipocresía, debilidades ni dejadeces, averigüen ese estado de cosas los obligados a averiguarlo y a corregirlo. Entre ellos, esto: la estupidez de convertir prematura y oficialmente en ex trabajadores forzosos a excelentes productores de diversas clases, en pleno y maduro rendimiento. Esas diversas situaciones son campo bien abonado para multiplicar buscones y pedigüeños, para nutrir huelgas, manifestaciones y pasotismos, y para engendrar sablazos, robos, asaltos, estafas y hasta secuestros. Y en esa plaga estamos ¿Y no da eso grima, teniendo como tiene el español tan excelente materia prima? Nos hacen falta, ante todo: una recta formación primaria universal y, luego, ordenar, exigir y dar buen ejemplo de trabajo los de arriba. Atribuyen a Franklin esta frase que hago mía: Si los picaros fuesen capaces de conocer las ventajas que hay en ser hombre de bien, serían trabajadores y hombres de bien hasta por picardía. Capacidad no nos falta, pero nos urge aplicar la excelente receta: ser trabajadores y hombres de bien hasta por picardía nacional Francisco ARMENTIA -Los asesinos de siempre han hecho estallar una bomba en un centro comercial. Y ni siquiera se preocuparon de averiguar si había dentro algún votante de Herri Batasuna. Planetario INTRANSIGENCIA CONTRA INTRANSIGENCIA L A Coordinadora de Médicos de Hospitales denuncia la intransigencia del ministro de Sanidad, García Vargas. Antes había sido igual de intransigente el ahora ex ministro, pero catedrático, y como, Lluch. La etapa de mayoría absoluta de los socialistas ha sido un período de intransigencias varias. La del ministro señor Maravall, por ejemplo, era muy soluble en la violencia. Bastaron cuatro muletazos del cojo Manteca para convertir su intransigencia en entreguismo. No menos intransigente ha sido el ministro de Justicia, séñor Ledesma hasta que la fuerza catastrófica de los acontecimientos ha empezado a blandear los cimientos de su ideología. Ahora, cuando ese reblandecimiento, permite anunciar que una nueva legislación penal antiterrorista está preparada, le estalla debajo de la poltrona ministerial el petardazo del. terrorismo en Barcelona. Ha sido tan intransigente la política socialista en no hacer caso a cuantos pedían medidas enérgicas contra el crimen, la droga y el terrorismo, que estamos ya hasta el cuello de terrorismo, droga y crimen. Ayer mismo, a hora digamos que en exceso juvenil, presentaba mi amigo Iñaki Gabilondo en la tele un programa sobre la violación de mujeres, esa nueva plaga, en la que había media docenita de mujeres violadas envueltas en melodramática penumbra. Puntualizaciones como las de Cristina Alberdi sobre qué es violación y qué no lo es; sobre la circunstancia de que el varón, en las cárceles, esos paraísos para delincuentes, creados bajo la égida ledesmiana, no sea objeto de violación sino- suprema distinción- objeto de abusos sexuales, aparte su meridiana claridad, son la prueba de en cuantos tiquismiquis están detenidos muchos criterios penales. Todo por la intransigente idea de lo que ha de ser una sociedad permisiva y no una sociedad represiva. El permisivismo desemboca ahora en los catorce muertos y la veintena de heridos de Barcelona. Los miserables asesinos no arriesgan nada. Si fueran capturados- milagro increíble- nadie osaría tocarles el pelo de la ropa. Pronto aparecería, en caso contrario, una jueza dispuesta a hacer desfilar batallones de guardias civiles o policías nacionales ante pruebas de identificación. Algunas de las violadas de anoche, decía que tenía miedo de identificar a su violador. Nadie teme identificar a los guardias o policías. La intransigencia de criterios está más contra ellos que contra los violadores y los terroristas. Hace poco menos de un siglo, el anarquista Vaillant lanzaba una bomba en la Cámara francesa. Poco después, el presidente Sadi Carnot caía apuñalado por Caserío. La inapelable condena del asesino iba a cerrar inmediatamente el festival del terrorismo anarquista. Se dirá que eso era hace un siglo. En efecto. Desde entonces, la intransigencia ha ganado terreno. La intransigencia mortífera del terrorismo se ve completada con la intransigencia impunista de un ideologismo que es su mejor colaborador. Una sociedad decidida a no defenderse es una sociedad para la muerte. La del hombre, que ya se ha dicho por el filósofo, y la de la propia sociedad indefensa porque no se la deja defenderse. Parece claro que a) a hora en que unas intransigencias disponen de campos de entrenamiento financiados y protegidos, otra intrasigencia, la de la ley y el respeto a la libertad de la sociedad, tiene que armarse, sobre todo de conciencia, enérgicamente. Barcelona reclama esa otra intransigencia. Lorenzo LÓPEZ SANCHO