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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 21 DE JUNIO DE 1987 ABC REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28 0 0 6- M A D R I D FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA medad. Tan lejos han ido que ya algunos piensan si no hemos llegado a descubrir la base física del espíritu o la r e s i d e n c i a d e l alma. Que estarían ahí, al alcance de la mano, en esos descubrimienprincipal punto de atracción del turismo intertos que revolucionan de pies a cabeza lo que nacional. creíamos nuestro más firme saber. Los enfermos siguieron- y siguen todavíateniendo molestias de difícil clasificación. MoVeamos, para explicarlo en poco espacio, lestias pertinaces, cambiantes, torturadoras. lo que ocurre miles de veces en nuestros días En la época de Munthe, los grandes balneaen el mostrador de una farmacia. La morena rios de todo el mundo estuvieron llenos de y la rubia de La verbena de la Paloma, que a enfermos de colitis Los diagnósticos de Don Hilarión, el boticario, le daban el opio perplejidad varían con las épocas. Hoy, por con tanta gracia acuden ahora a comprar ejemplo, se emplean mucho dos palabras: un o un antidepresivo. Ya no cervicales y depresión También son dos sontranquilizante Su garbo ha desaparecido las mismas. inmensos cajones de sastre donde cabe todo. tras unas facciones tensas, su indumentaria Lo que no quiere decir que las dos se hayan es laxa, voluntariamente descuidada y, desde investigado con rigor y diferenciado, por con- luego, no subraya sus femeninas gracias. Don siguiente, en muchas entidades diversas. Hilarión también ha cambiado. Las mira con En estos cajones de sastre hay algo que no seriedad. ¡Esto, señoras, no se puede dessuele entrar por su dimensión gigante. Es lo pachar sin receta! Interviene entonces un más importante. Un sutil personaje que los mozalbete que parece estar enterado. ¡Pero, Con la fantasía nos representábamos a su griegos, allá en los dorados albores de OcciDon Hilarión, si esto que sus clientes piden es dente, conocieron muy bien. Le daban el auditorio de entonces. Curiosamente, yo apeaquel famoso opio del que usted hablaba en nombre de Destino. Es el gran demiurgo que nas me acordaba de Freud, ya muy conocido la inmortal verbena! ¡No sabe usted que todos anima toda novela o drama que sean verdaen España y al que había visto varias veces nosotros fabricamos en billones de puntos de deramente geniales. Simboliza las vicisitudes en carne y hueso en Viena. Sí, en cambio, nuestro cuerpo sustancias similares a esas profundas de la vida, regida por hados enigpensaba a menudo en ese médico singular, que usted ahora se niega a despachar! Don máticos. Son las tramas familiares, los capriAxel Munthe, que debe su fama no a su saHilarión frunce el ceño. ¡Yo no hago más chos de nuestra personalísima biografía. Alber neurológico, sino a ser el autor de uno de que cumplir con lo que me mandan! E, imgunos como yo le llamamos Providencia. Halos libros que más éxito tuvo en aquellos placable, vuelve a exigir el documento mése entrecruzan y entrechocan. Los tiempos, La historia de San Michéle, y que to- dos que antiguos, que podían seguir la vida dico. médicos dos habíamos leído varias veces. de sus enfermos durante varios decenios, lo Hoy sabemos con exactitud y objetividad conocían muy bien. En su primera época, la Aún hoy, los barquitos que, partiendo de crecientes que nuestro cuerpo dispone de biMedicina psicosomática y el psicoanálisis fuellones de ultramiscroscópicas cerraduras a Ñapóles o de Sorrento, cruzan las azulísimas ron desentrañando algo de la enmarañada las que se acoplan, con una admirable espeaguas empapadas de sol para llegar a la isla madeja. cificidad, billones y billones de llaves que de Capri, llevan siempre en su programa una nuestro propio cuerpo fabrica. A las cerraduvisita a la villa que el doctor Munthe edificó El hombre tejía inconscientemente la tramras les llamamos receptores a las llaves, sobre las ruinas de uno de los palacios del pa de su propia enfermedad. Luego las cien neuropéptidos o neurotransmisores En emperador Tiberio. Los miles de turistas que cias avanzaron mucho. La práctica médica se muchos casos se les denomina con descaro hacen este recorrido apenas saben ya quién modifica en forma radical. Los enfermos son opioides cerebrales esto es, opio fabricado fue Axel Munthe, y son muy pocos los que, al vistos en el fugaz transcurso de una única vipor el propio organismo. Si éste se equivoca terminar la visita, adquieren uno de los ejemsita; eso sí, a veces exhaustiva y en aparieny con una llave falsa obstruye la cerradura, el plares de su famosa narración. cia muy completa. Pero el Destino dejó de ser organismo ya no puede emplear sus propias el personaje fundamental de toda novela y de medicinas, las que el moderno Don Hilarión Axel Munthe era un hombre de buen porte, toda buena historia clínica. A cambio de ellos, admirado por las damas, con esa fuerte comno quiere despachar. Entonces sobreviene las ciencias que investigaban los resortes de ese gran mal de nuestra época, la angustia. plexión frecuente en los suecos y que adquila máquina humana van cada día haciendo Al menos, según la teoría más reciente y rerió una gran notoriedad en París, atrayendo a progresos más fabulosos. volucionaria. su consulta la mejor clientela de la ciudad. El Dijo en una ocasión a sus discípulos Sigmismo cuenta en su famosa novela cómo La colitis de Axel Munthe, para los lectomundo Freud, que tenía algo de profeta: Detodo se debió al hallazgo de una palabra. Con res de La historia de San Michéle, era solabemos apresurarnos, porque los señores de la que un día acierta a definir las molestias mente un disfraz del enfermo imaginario al lado- s e refería a la Endocrinología- nos vagas, imprecisas, vagas, multiformes, pertiGrave error. Esos grandes descubrimientos están pisando los talones. En efecto, los naces de muchas de sus enfermas. Aburrido, de la Medicina actual, los neuropéptidos, esto progresos de con una iluminación, le dice a una de ellas: asombrososhan explicado las llamadas Neues, los opios de la Casta y de la Susana, rociencias en estos últimos ¡Tiene usted una colitis! Corrió inmediatapequeñas moléculas que, como diablejos, años con métodos de precisión casi mágica, mente por todo París la noticia. El doctor aparecen por todas partes y hacen unas veincontrovertibles, la anatomía más escondida, Munthe había descubierto no una enfermeces de hormonas, otras de mensajeros, otras los rincones más insospechados de la enferimpulsan nuestras ideas, se entrometen en dad, pero sí una fórmula verbal que servía de los más sutiles rincones de nuestras defenclave a unas frecuentísimas molestias de las sas, por ejemplo, en los maravillosos linfoque los demás médicos no ciaban explicación. citos. En realidad, Axel Munthe lo que había heTodo esto ha convertido al aparato digesticho era un diagnóstico que muchos años más vo en uno de los más fascinantes misterios tarde el profesor V. Bergmann, que por algo de nuestro cuerpo. Ya en la Miada, los héroes tenía en sus venas sangre francesa, iba a llalocalizan no el alma, pero sí la emoción, la mar diagnóstico de perplejidad O, si se valentía y el ardor de la lucha en el acongojaquiere, en términos más vulgares, iba a crear do abdomen. La famosa colitis de Axel un cajón de sastre en el que encuentra reMunthe ha resultado como la grotta azurra fugio lo más heteróclito. que está a sus pies, un nido de misterios. EsBDICION INTERNACIONAL conde magias increíbles que la nueva Encb El hallazgo de este rótulo, indefinido y moscrinología del intestino se apresta a desvelar. trenco, convirtió a Axel Munthe en uno de los Llena de maravillosas inquietudes y de espemédicos más famosos de Francia. Y como Un medio publicitario único ranzas un saber que los lerdos suponían acahabía en él esa misantropía que de manera para transmisión de mensajes bado y concluso. magistral- y un tanto conmovedora- descricomerciales a ciento sesenta be Gregorio Marañón en su libro sobre Tiberio, empleó su fortuna en construirse en la naciones Juan ROF CARBAUO sla de Capri la villa que hoy constituye el le la Real Academia Española IACE ya bastantes años cruzaba yo todas las mañanas, en París, los amplios patios de la Salpétriéra, medio hospital, medio asilo, en donde se recogía, tras la sombra del genio, un Charcot, un médico genial, un verdadero muestrario de todas las variadísimas enfermedades que pueden observarse en Neurología. Cruzaban mi camino inválidas en su carrito de ruedas que, con increíble agilidad, iban a poner unas flores en la capilla. O enfermos vacilantes como los que con inconsciente crueldad describe Rilke en sus Cuadernos de Malte Lauriens Brigge. Pasaba revista a casos curiosos y difíciles con mi amiga Cárcamo, que muchos años después iba a inspirar una escuela psicoanalítica en Buenos Aires. Antes de entrar en el aula echábamos una mirada a un famoso cuadro de grandes proporciones que representaba a Charcot, encorvado, explorando a una enferma. H LA MODERNA HISTORIA DE SAN MICHELE