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VIERNES 19- 6- 87 ESPECTÁCULOS ABC 87 Música Pau Riba, entre los aromas de Transitareis Madrid. J. M. Costa Pau Riba es un clásico. Pero un clásico de la contra, de aquellos artistas que incluso sin proponérselo transitan vías que nunca pueden ser asimiladas o digeridas por un sistema, llámese éste político, comercial o ideológico. Nieto del gran poeta catalán Caries Riba, este hombre de casi cuarenta años fue suspendido en el examen de entrada a los Setze Jutges, núcleo fundamental- y ya se ve que exclusivo- de la nova cango Y es que ya desde aquellos lejanos sesenta, la lírica imaginativa de Pau se daba de coscorrones con cualquier tipo de coherencia programática y la utilizaba para actividades que bordearan el agit- prop exhaustivamente utilizado por muchos cantautores más o menos nacionalistas. Ahora, hace unos meses, Pau Riba, en unión de Edicions del Eixample (que previamente habían editado los libros Sol Solet junto a Els Comediants y Carmen con Saura) lanzaba al público un libro- disco (libridisco dice el mismo Pau) llamado Transnarcis eje y excusa para su presencia en Mad r i d Presencia q u e apoyada por la Generalidad de Cataluña, consistió primero en una comedia, más tarde en una presentación floral, para rematarse con unos conciertos que se extenderán hasta el próximo domingo en la sala Elígeme. El libro- disco de marras está basado sobre el concepto de trans prefijo bastante notorio en el mundo del arte desde que el crítico de arte italiano Achule Bonito Oliva utilizara la palabra transvanguardia para aplicarla a una nueva mentalidad del arte contemporáneo. Crítica de cine Guillermo González clausuró la temporada de la Fundación March Fundación Juan March. 17- VI- 87. Ciclo piano nacionalista español. Guillermo González. Obras de Manuel de Falla Miranda de Tinto Brass Producción: Giovanni Bertolucci. Guión y dirección: Tinto Brass. Fotografía: Silvano Ippoliti. Color. Música: Riz Ortolam. Principales interpretes: Serena Grandi, Franco Interlenghi, Andrea Occhipinit, Andy J. Forest. Duración: Cien minutos. Salas de estreno: Azul, Luchana, Tfvoli. Con un pie en la pornografía y otro en el ridículo, un nuevo disparate del autor de Calígula el más lamentable- hasta hoy- de todos sus subproductos. Si Eulalia. Solé abrió el clico dedicado al piano nacionalista español con un programa dedicado a Enrique Granados y Ricardo Requejo fue protagonista de la sesión Isaac Albéniz, la de clausura, con obras de Manuel de Falla, se interpretó por Guillermo González, para redondear así el recuerdo a los tres grandes compositores que dieron internacionalidad al piano español. No es muy amplio, pero sí de gran significación y representatividad, el catálogo de don Manuel en la parcela del teclado. Guillermo González pudo mostrárnoslo variado y evolutivo de su arte, desde el virtuosismo de un Allegro de concierto que en 1905 compitió con el de Enrique Granados y ofrece ya signos de la clase que pronto había de hacer de Falla el primero de los músicos españoles. Muy pocos años más tarde sus Cuatro piezas españolas son un modelo personalísimo de inspiración, justeza de proporciones, encanto y riqueza de contrastes, y alguna, como la Andaluza marca un hito, sin olvidar el clima de la Montañesa tan poético y delicado en los periodos extremos; tan riente, en clima de juego infantil, en el central. Aparte el hondo, escueto, grave Homenaje a Paul Dukas Gullermo González tuvo el acierto de brindar el Homenaje a Debussy en la transcripción pianística del propio Falla, que compuso la obra originalmente para guitaEn todo caso el libro Transnarcis se rra. Nada más oportuno, por ello, que la dedi- debe más a sí mismo que a cualquier refecación por el intérprete a la memoria del rencia italiana. Los discos son de vinilo transmaestro Andrés Segovia, muy reciente la pérparente, las páginas de un verde translúcido dida del insigne artista que tantas veces la rey se supone que puede ser apreciado con tocreaba en sus recitales. dos los sentidos, desde el momento en que La Fantasía Bética es una de las obras contiene los aromas de siete flores (las protamás trascendentes y profundas, más comple- gonistas de la aventura de Pau) y también jas, personales, de mayor fuerza racial y de un elixir de larga vida realizado sobre la base originalidad más sorprendente que se hayan del acíbar. A través de él se cuenta una hisescrito en España para el piano. Por fin, pare- toria fantástica en un jardín cerrado pero con ce que han cesado para siempre las reservas múltiples referencias al mundo real. Es un obque mucho tiempo limitaron su expansión por jeto exquisito, tanto que apenas se encuentra doble culpa de intérpretes- era bastante más en unas cuantas librerías, entre ellas la del fácil triunfar con otras páginas- y público. Centro de Arte Reina Sofía. No sirve para Buena causa de ese predicamento, la naturaligran cosa, simplemente es bello... pero tamdad con la que hoy se vencen los problemas bién valioso. de ejecución y concepto. El de Guillermo GonEn cuanto al concierto... Bueno, Pau se zález, servido por una técnica magnífica, huye de alardes y vivezas innecesarias, para que el plantó en Madrid con unos pocos músicos y discurso quede transparente, preciso en el dos voces femeninas. Cantó en catalán y en castellano (fantástica la canción Desmeléna tempo y la expresión. No es la primera vez que señalo en Guiller- me compuesta en principio para Angela mo González una clase de pianista digno de Molina y rechazada por ésta) y se mostró en codearse con los mejores de España y bas- escena con esa especie de histeria alucinada tantes otros, que llegan con grandes alardes y que le es propia. Las canciones suelen estar de ninguna forma saben ahondar en las músi- bien, pero los arreglos, en general pseudocas elegidas y dominarlas con la brillantez que caribeños, no eran capaces de seguirle y en en este concertista canario aplaudimos. Para buena medida restaban fuerza allí donde decoronar el ciclo- -y el excelente curso de la bieran haberla potenciado. Ver a Pau, su preMarch- correspondió a las ovaciones con la sencia inquietante, era una experiencia. Esprimorosa transcripción hecha por Ernesto cuchar su frágil pero sensible voz entre esa Halffter (discípulo dilecto de Falla, presente y música nos- retrotraía a unos ciertos aromas alcanforados de post- hippismo mediterráfelicitado) de la bellísima Asturiana neo. Y Pau Riba, el Pau, está, debiera estar, por encima de tal cosa, de tal tópico. A. F. -C. Resulta cuando menos sorprendente, desde la perspectiva de sus recientes engendros, que Giovanni Tinto Brass pudiera, en los años sesenta, haber gozado de cierto prestigio acaso debido, únicamente, a que antes de pasar a la realización de sus propias películas, había sido ayudante de dirección nada menos que de hombres como Rossellini y Joris Ivens. En cualquier caso, y a juzgar por su producción reciente, de poco parece haberle servido trabajar a las órdenes de tan ilustres maestros. Serena Grandi Porque no es ya que desde Salón Kitty pasando por Calígula y La llave Tinto Brass se haya convertido en un pornográfico ni siquiera de lujo sino que en sus películas no hay ni el menor atisbo de técnica narrativa, ni el más mínimo asomo de humor que pudiera hacer pensar en una posición del realizador distanciada de lo que nos estaba contado- s i es que se puede decir que sus filmes nos cuentan algo- ni la constancia de que conozca mínimamente las leyes elementales del lenguaje cinematográfico. Miranda es un subproducto que debe pretenderse erótico y hasta puede que libertario en cuanto que parece haber querido ser el retrato de una mujer sin prejuicios, pero que se queda en elemental muestra de porno soft con incursiones en el hard más propio de una sala X aunque no llegue a los extremos de los filmes que en ellas se anuncian, que de unos locales considerados normales Nulo en todos los aspectos, el filme lo es también en el erótico, pues poco sugestivas pueden resultar para nadie sus escenas más atrevidas con la cámara situada a la altura del pubis de la protagonista, una mujer aquejada de hipertrofia mamaria, que responde al nombre- presumiblemente un pseudónimo que se quiere divertido -de Serena Grandi. Inoperante como actriz, la dama en cuestión se limita a reír alocadamente sin motivo visible y a mostrar lo que ella- o Tinto Brass- debe considerar sus encantos mientras, a su vera, una serie de actores, entre los que figura el en su día juvenil protagonista de El limpiabotas Franco Interlenghi, parecen no saber muy bien qué hacer con el embolado con que, presumiblemente por razones de pura subsistencia, les ha tocado bregar. C. S. F.