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ABC, póg. 34 OS c r u z a m o s cada mañana a hora temprana. Van con carpetas o grandes cuadernos, ni cartera ni maletines; pueden ser jóvenes universitarios o alumnos de academias preparatorias; la edad oscilará en torno a los veinte años. Su paso es en unos resuelto, decidido, como del que sabe a dónde quiere ir, ¿vocación firme? ¿ausencia de problemas? en otros es lento, indolente, ¿vocación imprecisa, no ilusionada? ¿insatisfacción? Pero serios aquéllos y éstos, acaso preveyendo en el subconsciente las dificultades del camino que les queda por recorrer hasta realizarse como hombres en cualquier lugar del entorno, cuyo acceso se anuncia sombrío. No hace mucho pasaron el ecuador en la trayectoria de su proceso educativo, durante la cual el sentido de responsabilidad había estado, por lo común, ausente, y empezaron a vivir un fenómeno de desplazamiento en la escala de las edades al que estamos asistiendo, no diré que con indiferencia, pero sí con escasa preocupación: ahora se empieza a fumar tabaco, bueno o malo, desde los diez años; porro a los doce o catorce; nos hablan de maternidades prematuras, a veces a los quince años, que ya no son primaveras; de independentistas poco más que adolescentes que se desgajan de la familia agrupados en comunidades autónomas; imágenes y palabras se nos ofrecen desbordantes de erotismo no sólo en lo que se exhibe como arte, sino en la publicidad misma; y en otro orden distinto podemos contemplar manifestaciones públicas de estudiantes de Enseñanza Media emulando a los universitarios de años atrás, posiblemente estimulados por conductas similares en docentes de niveles inferiores. Es una contagiosa precocidad esta presencia en los episodios de la vida cotidiana que viene amenazando progresivamente no ya la paz pública y privada, sino los principios de una ética de la conducta en un envilecimiento creciente. TRIBUNA ABIERTA -VIERNES 19- 6- 87 sociedad en descomposición que les arrastra también a ellos, más sensibilizados en un síndrome de inmuLORA TAMAYO nodeficiencia que no alcanza a librarles si falta el aporte de salud moral que trasciende de la familia bien organizada. El papel de la madre, obligada hoy a ausencias del hogar por las exigencias económicas, cobra virtudes heroicas en el esfuerzo por atender la obligación externa sin descuidar celosamente la asistencia comprometida de los hijos. Cuando falta esta asistencia saludable- y ello es su gloria el desajuste de la familia es absoluto y el naufragio inevitable. N UN FUTURO IMPERFECTO Por Manuel Pero a estos muchachos que encuentro quiero verlos con aspecto responsable. No hay flujo telepático de ellos a mí, sino una impresión de raíz nostálgica de los años en que conviví con sus mayores y supe por una proximidad cultivada en el medio docente que compartíamos cuáles eran sus inquietudes durante ese período de su formación. Creo que son las mismas de siempre, pero distorsionadas por la influencia del cambio producido en las condiciones de la vida actual, no exclusiva de nuestro país, al que llegan con el retraso de los hábitos de fuera y se desarrollan aquí con el ímpetu de nuestro apasionamiento esencial resistente a diques y fronteras. Para enjuiciar el momento de esta juventud hay que referirlo a coordenadas que determinan la situación en un joven en su espacio vital representadas por la familia en que nace y crece, la sociedad de la que forma parte y la cultura que recibe. Tienen aquéllas los mismos nombres en todos los tiempos y en todas las latitudes, pero no la misma significación en el acaecer de cada época y en la idiosincrasia de cada pueblo. Sin duda, y no es novedosa la apreciación, el ambiente familiar marca un modo de ser y un modo de estar. La vida en un medio intelectual favorece el cultivo adecuado de la inteligencia y, si no hay en él vacío de Dios, la creación de unos esquemas mentales válidos para encajar rectamente el cumplimiento de los deberes, del mismo modo que condiciona una formación moral y, en su caso, religiosa. Una posición económicamente desahogada que no hace sentir preocupación de subsistencia puede ser también un factor decisivo con tal que las atracciones accesibles por la holgura no lleguen a debilitar la voluntad y malogren el La calidad de un magisterio diquehacer o comportamiento oblimensiona la tercera coordenada gado. Hay aspectos familiares que, junto a la sociedad y la faque nos ofrecen valiosos ejemmilia, condiciona el largo camino plos en otros ambientes y no deque el joven ha de recorrer en ben escapar a nuestra observasu ascensión. El maestro, sea ción. Entre los más destacados del grado que fuere, le debe imde mis compañeros y discípulos partir doctrina, pero no puede encontré con más frecuencia de ser ajeno a su educación en el lo que podía presumir a hijos de buen hacer y el correcto condufamilias modestas constreñidas a cirse con los demás y aun consiM. Lora- Tamayo una vida de sacrificio para que go mismo, en una justa medida cíe la Real Academia los hijos prometedores pudieran de la propia estimación. La ejemde Ciencias alcanzar mayores cotas- privaplaridad en la conducta de aquél ciones desfavorablemente comparativas, vi- -asiduidad, cultivo actualizado de sus sabeviendas reducidas en las que el aislamiento res, ecuanimidad en los juicios, afabilidad no es fácil, pero las incomodidades en el es- atrayente, respeto a los sentimientos de los tudio se cumplen con un espíritu superior- y alumnos- -ofrece la mejor lección deontológitodavía cuando la limitación de recursos va ca que éstos pueden recibir de él. De su enasociada a un estimable nivel cultural, en los señanza fluye en buena parte la ilusión que padres, los resultados suelen ser óptimos. En hay que infundir en el joven, contrarrestando hijos de maestros, por ejemplo, se dan fre- las frustraciones de una realidad no pocas cuentemente estas superaciones, y de ellos, veces distinta de la idealizada. Todavía en un como de modestos funcionarios o empleados, orden mínimo, casi a ras de tierra, y aunque incluso porteros, han salido catedráticos, in- parezca baladí, habría que exigir en la pregenieros, científicos, profesionales de alto ni- sencia del maestro la dignidad del atuendo vel, gobernantes. Cierto es que la dureza del propio, que en algunos estratos de la docencamino recorrido crea en algunos acritud per- cia ha degenerado chabacanamente en un manente que les hace insolidarios, pero en menosprecio de la forma exterior con pérdida los más prima el noble orgullo por el logro al- del respeto y la consideración necesarios. canzado, que, si no degenera en envanecimiento, debe perdonarse desde la admira ¿Qué hacer para redimir a esta generación ción. Estos padres y estos hijos constituyen y las siguientes del futuro que este panorama un permanente ejemplo. presagia? Es un reto que se lanza a nuestras consciencias individuales y colectivas. Al EsEl vendaval desmoralizador que asóla la tado y sus Instituciones, cuidando una ordesociedad penetra en la intimidad de Jos hoga- nación que, sin merma de las libertades res, amenazando con arrasar la vida familiar esenciales, no dañe a los que son principios en sus cimientos a través de los medios de y valores, también esenciales, con una permicomunicación y no pocas veces de las amis- sividad que exceda del grado justo; a la Igletades del propio entorno. Oigo decir a tutores, sia, comprometida asimismo en la repulsa firque cuidan de cerca a sus colegiales, la dolo- me y constante de la desmoralización a que rosa frecuencia con que acusan un cambio se asiste, y no es mera casualidad la coincide talante- tristeza, introversión, indiscipli- dencia de este fenómeno con un proceso de na- -como reacción íntima ante un hogar descristianización; a los padres de familia lladeshecho en el que los padres se separaron mados a reconsiderar si la atención que preso los hermanos se debaten en la rebeldía o tan a los hijos es la que requieren como tales la drogadicción o en ambas cosas a un tiem- y en orden a sus caracterologías; a los maespo; los jóvenes de más edad ocultan sus pro- tros en su asidua transmisión del saber y la blemas y no se abren fácilmente cuando son recta conducta, salvando del arroyo la dignivíctimas de estos ambientes, pero su tono dad de su alta misión; a todos y a cada uno decae, la voluntad enferma y se hace difícil en el propio hacer y la colaboración con los superar los efectos de un malestar progresivo demás en ese entramado que es la sociedad que no permite el reposo ni la serenidad para en que vivimos. Y óigase también oportunaordenarse en la vida. Son víctimas de una mente la voz de la sabiduría por boca del intelectual auténtico, en una llamada que alienta la contribución de cada uno. No podemos TRASPASO PAJARERÍA ser insolidarios en la preocupación activa por este futuro imperfecto al que nos dirigimos Pleno r e n d i m i e n t o Por ausencia con difícil retorno. 275 89 23, m e d i o d í a noches