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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 19 DE JUNIO DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A falta de clarid a d s o b r e lo que son las potestades del Estado, de las Cortes, de todas las instituciones, es, con frecuencia, alarmante. Se ha llegado a la convicción de que lo que no es democrático no es legítimo- y en nuestra época así e s- pero lo que no es cierto, y se va imponiendo a pesar de ello, es lo inverso: que basta con que algo sea democrático para que sea legítimo. Se da por supuesto que en un régimen democrático cualquier decisión del Gobierno, si está respaldada por un Parlamento elegido, cualquier ley aprobada por ese Parlamento, posee automáticamente legitimidad, independientemente de su contenido. Nada es más peligroso que esta suposición, que abre el paso a una forma sutil de tiranía, más aún, de una variedad de totalitarismo que se considera aceptable: a saber, el totalitarismo legal Alguna vez he recordado que si el Parlamento alemán, el Reichstag, después del triunfo mayoritario de Hitler, hubiese aprobado el exterminio de los judíos, lo que se llamó la solución definitiva del problema judío esto hubiera sido igualmente monstruoso, sin sombra de legitimidad. ¿Por qué? Porque ningún Parlamento, ninguna potestad, aunque sea legítima, aunque sea democrática, puede legislar semejante cosa. La soberanía, aun la más perfecta, tiene límites esenciales, que no se pueden rebasar; le corresponde una esfera de aplicación restringida; dentro de ella es legítima, tiene derecho a gobernar y legislar; fuera de ella se invalida a sí misma, pierde su legitimidad originaria, se convierte en mero abuso de poder, en violencia, aparentemente legal. Y no se piense sólo en actos tan evidentemente monstruosos como el exterminio de una parte de la población. Sin llegar a tanto, cualquier decisión que maneje la realidad de un país o el contenido de las vidas de sus habitantes queda fuera de la legitimidad, de todo derecho, se convierte en una manera de despotismo. Busquemos un ejemplo nada melodramático. Son muchos los países, sin ir más lejos el nuestro, que tienen una situación económica difícil, con presupuestos enormemente deficitarios, una deuda inquietante y que gravita penosamente sobre los ciudadanos. El Estado podría administrar mejor la riqueza nacional, estimular su crecimiento, reducir sus gastos. Es más fácil aumentar la presión fiscal, multiplicar los impuestos, extraer a los ciudadanos sus ingresos o propiedades. ¿Hasta qué límite? Se da por supuesto que no hay límite, que se puede exigir lo que las instituciones legítimas quieran. ¿Es así? Creo que no. Se podría pedir a los ciudadanos una cantidad tal de sus ingresos, que su vida resultase imposible, o sumamente precaria. La confiscación está excluida constitucionalmente; pero con tal de dejar a los individuos una fracción de sus bienes, digamos el cinco por ciento, se podría decir que no es confiscación; se podría decir, pero no sería verdad. Habría proce- ABC REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- M ADRID L TOTALITARISMO LEGAL tienen derecho a contaminar el ambiente, los ríos, los mares; a destruir los bosques, a dimíerrtos aún más eficaces para sanear la poner en peligro ciertas especies vegetales Hacienda Pública. Si se recuerdan las cotio animales, de modo que no las encuenzaciones de las grandes obras de arte, si tren nuestros descendientes. Pero cuando se piensa que se acaban de pagar unos se trata de lo más propiamente humano, de lo que constituye más íntimamente un país, cinco mil millones de pesetas por un cuala confusión impera, y se acepta todo lo dro de Van Gogh, se podría calcular el vaque se enuncia, aunque sea de la manera lor económico del Museo del Prado, o el de más irresponsable. la Academia de Bellas Artes, o del Louvre, ¿Se puede enajenar un país, se lo puede o de la National Gallery de Londres, y así dividir- como creían, con una concepción sucesivamente. Si estos museos se pusiepatrimonial que nunca fue aceptada, alguran en venta, tal vez en subastas que hanos reyes medievales- se puede atentar a cen subir el precio de las piezas, la situasu personalidad colectiva? Lo decretase ción económica de los diversos Estados quien fuese, sería radicalmente ilegítimo, mejoraría súbitamente. ¿Puede hacerse? inaceptable y sin valor, mera imposición Absolutamente no, aunque así lo decidieviolenta y por la fuerza- o por la debilidad, ran todos los Parlamentos democráticos del es decir, por la fuerza ajena- y cuando mundo. Porque sobre eso, sobre la reali- esto ocurre, lo que pasa es que se pierde dad de sus países, no tienen la menor jula legitimidad. El concepto de malversación se suele entender en sentido merarisdicción. mente económico; el Diccionario, sin emPueden decidir sobre la esfera de la conbargo, la define así: Malversar. Invertir ilívivencia política, siempre dejando a salvo citamente los caudales p ú b l i c o s o las normas superiores que la regulan. Y seequiparados a ellos, en usos distintos de ría urgente precisar con todo rigor esos lí- aquellos para los que están destinados. mites, de manera que los Estados gozaran Se ve que, a pesar del predominio econóde la plenitud de los poderes que les pertemico, hay que añadir o equiparados a necen, pudieran ejercerlos eficazmente, ellos lo decisivo es el uso para que están pero no pudieran dar ni un paso más allá. destinados los bienes, cualesquiera que sean. Lo decisivo es que esa realidad no pertenece ni siquiera a todos los ciudadanos; Hay cosas inalienables, irrenunciables; quiero decir que el exterminio, la destruchay otras de las que no se puede disponer, en las que no se puede intervenir. La legitición, la enajenación del patrimonio colectimidad democrática es la única aceptable vo no están en las manos de los hombres en nuestro tiempo; pero tiene que restrinactuales, ni siquiera en el caso hipotético girse al campo de su efectiva legitimidad; si de que pudieran intervenir todos en la decino, se convierte en una sanción del totalitasión. Por una parte, un país no es propierismo, con una apariencia legal. dad de los presentes de los que en un Hay un ejemplo enorme en nuestro tiemmomento del tiempo lo habitan- por lo depo: la autorización del aborto, la licencia más, están cambiando incesantemente- para matar al niño que todavía no ha napertenece a todas las generaciones que lo cido. Sé muy bien que ello está autorizado han constituido, que lo han hecho, que lo por innumerables Parlamentos, puesto en han entretejido con sus vidas durante sivigor por muchos Gobiernos democráticos. glos, acaso milenios; y todavía más a los Espero que pronto resultará evidente que venideros, a los que nacerán en el futuro y se trata de algo tan inaceptable como el vendrán a habitarlo, a continuar esa realiexterminio de una fracción de la población, dad. no deseada. He dicho que la aceptación social del aborto- n o su práctica ocasional, Es curioso que esto se admite y parece excepcional, con conciencia de culpabiliclaro cuando se trata de la naturaleza dad- es lo más grave que ha ocurrido en cuando es asunto de lo que se llama ecoel siglo XX. Es el ejemplo máximo de la oslogía Se dice que los hombres de hoy no curidad que domina sobre los aspectos decisivos de la moral, del derecho, de los límites de las diversas potestades. Hace cosa de veinte años parecía simplemente inconcebible- léase la Encyclopaedia Britannica en su edición de 1964, es decir, de ayer, y se advertirá lo que ha ocurrido a la mentalidad occidental, hábilmente manipulada, en un par de decenios- Empieza a sentirse un malestar, incluso entre los que se dejaron fácilmente llevar al olvido de lo EDICIÓN INTERNACIONAL que es la condición humana. Creo que dentro de poco tiempo, una oleada de verUn medio publicitario único güenza histórica invadirá a los hombres, y para transmisión de mensajes acaso deje de ser posible ninguna legalización del totalitarismo. comerciales a ciento sesenta naciones Julián MARÍAS de la Real Academia Española