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Paisajes Sala Amadís José Ortega y Gasset, 71 Hasta el 24 de junio Obras no a la venta Hans Hofmann, Nicolás de Staél o Helen Frankenthaler, todos ellos al borde de la abstracción. En nuestros días y hasta la llegada de neoexpresionistas como Anselm Kiefer, el paisaje había quedado al margen de la evolución artística, como enseña ahora mismo en Madrid otra exposición colectiva y más clásica sobre el mismo tema, donde apenas lo único importante son unos pequeños óleos de Benjamín Palencia. Sin embargo, esta exposición de la Sala Amadís sí tiene un sentido muy alejado de cualquier pos o neoimpresionismo o del realismo. Desde luego, ni el barroco Fernández Saus, la existencialista Pilar Insertis, el irónico García Revuelta, el grafitista Maldonado, la fantasiosa Lita Mora o el expresionita Jaime Lorente (todos con algo más que el adjetivo) circulan por las vías del clasicismo más o menos academizado. Son formas de entender los paisajes que ya no pasan tanto por la retina impresionista que por la mirada de lo intelectual. Son otros tiempos y el paisaje desvela nuevos contenidos. Aunque no esté en ningún mapa. Aunque no podemos buscarlo fuera. J. M. C. Francisco Leiro Galería Montenegro Santa Teresa, 7 de las artes ABC Junio- julio Precio: de 700.000 a 2.000.000 ptas. D EMUESTRA cierta sensibilidad el Instituto de la Juventud del Ministerio de Cultura al proponer El paisaje como motivo rector para una exposición de artistas jóvenes, pero ya bastante reconocidos. Si desde el romanticismo el paisaje adquirió un protagonismo que marcaría el curso ulterior de la pintura, su estrecha ligazón a ese movimiento y luego al realismo o al impresionismo supuso su práctica desaparición desde que Cézanne lo llevara a unos límites que sólo serían recuperados después de la segunda guerra mundial por gentes como ¿Mti M Mildreas Paisajes Se García Revuelta Galería Buades Claudio Coello, 43 Víctor Aparicio Junio. Precios: 50.000 a 300.000 ptas. amarillos. Aun así vale recordar que ésta es una primera exposición y que si bien el conjunto no rezuma originalidad, lo cierto es que la búsqueda se comprueba seria e intensa, valiosa en sí misma. Prometedora de más. J. M. C. ÍCTOR Aparicio es un gallego afincado en Madrid y líder de uno de los pocos grupos eléctricos de postura radical que existen en el país. Son los Coyotes, irreductibles apóstoles de la identidad tercemundista de España. Pero es que Víctor Coyote no sólo se gasta pinta de auténtico e ideosincrático en las noches madrileñas. Se las pinta sobre los lienzos con parecido rigor- y humor- al que utiliza con la música. V En esta su primera exposición individual parecen interesarle sobremanera el profundo juego de las oposiciones. No sólo se deducen de los cuadros, el pintor lo pone fácil al titular Tropical- Polar, InteriorExterior, 1 en 2 y 2 en 1... Es un buen tema, resuelto mediante una amalgama entre expresión e irrealidad que nunca se separa de la figuración humana, eje y motivación de lo aquí expuesto. Recordando algunos cuadros vistos en colectivas de los últimos años, parece que Víctor Coyote ha decidido refrenar un tanto la brillantez de su paleta, y apenas hay algún recuerdo de sus fantásticos JUEVES 18- 6- 87 Interior- Exterior (1986) N pocos años para el público y bastantes para su discurrir personal, Francisco Leiro (Cambados, 1957) se ha situado en el lugar de privilegio que le estaba aguardando dentro de la nueva escultura española. Esta exposición, específicamente concebida para una sala muy complicada, es de las mejores que se hayan visto este año en Madrid. Emociona, simplemente. Superando ampliamente cualquier recuerdo previo a expresionistas alemanes, lo que Leiro hace es retomar toda la fuerza y el vigor de la talla gallega para lanzarlo al público en una visión moderna y asombrosamente sensible. Porque tal vez la palabra rectora de estos tres espacios bien definidos por Leiro en las distintas salas de la galería sea esa, sensibilidad. Arriba, junto a una figura roja enigmática y provocadora se alzan dos únicas esculturas en piedra, de las que Balboas Dous impresiona como una secuencia extraída de Paseo por el amor y la muerte la tremenda película medieval de Huston. Abajo se encuentran la ironía, el humor, la socarronería, la mirada que traspasa. Hay una figura de madera, una bañera cuyo bañista tiene cara de guasa y reposa sobre una base pintada en un sorprendente azul puñeta. Más allá, reclinada como sobre un triclinio, una figura masiva observa el mundo general con cierto decadente desdén. Son personajes de carne y hueso hoy, pero Leiro nos recuerda con cierta alarma que seguramente nacieron con el tiempo, que nunca desaparecerán. La tercera sala es más inquietante, más crue! La pieza de choque es un hombre decapitado, colgado y abierto en canal. Nada de excesivo en una de las piezas más pulcras de esta reunión. Sin embargo, la carga de fondo es la pieza que E la enfrenta, un hombre amenazado por... un banco de matar cerdos que se alza en medio de la habitación. No son necesarias muchas explicaciones, cada cual tendrá la suya, pero frente a este conjunto es muy difícil permanecer impasible. Tampoco es fácil saber hasta qué punto Leiro controla las reacciones que provocan sus argumentos (aquí más serenos y claros que Balboas dous nunca) pero actúa como si lo importante fueran el proceso y las preguntas puramente plásticas, aquellas que montan el tinglado sobre el cual podemos deslizamos el resto. Leiro pelea y ama, de tal manera que su exposición de ideas se transforma en una vibración emocional tan distante de la frialdad conceptual como del atolondramiento gestual. Es, en resumidas cuentas, un artista en pleno dominio de sus capacidades. Un tipo tan duro y bregado como Philip Marlowe. Y también un sentimental. José Manuel COSTA A B C 117