Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
JUEVES 18- 6- 87- SOCIEDAD -ABCpág- 57 Fuertes aplausos y críticas feroces ante la absolución del justiciero del Metro Se establece en EE UU el derecho a la autodefensa Nueva York. José María Carrascal El caso Goetz, en vez de haber acabado con la sentencia, sólo ha empezada Al menos la polémica se ha arreciado. Un Jurado ha absuelto ai ingeniero neoyorquino que disparó contra cuatro jóvenes negros que le rodearon en el Metro pidiéndole cinco dólares de todos los cargos, incluido el de Intento de asesinato. Para unos es peligroso, pues legaliza él vigilantismo Para otros es positivo, pues establece el derecho a autodéfénderse. La sentencia es para algunos una licencia a los blancos para matar a negros impunemente Quería matarlos- dijo textualmente- quería hacerles sufrir lo más que pudiese. Y me fui hasta el que se había refugiado en la esquina del vagón para decirle: Tú no parece que has salido mal. Toma este otro y le disparó otro tiro. Pese a ello, un gran Jurado que se reúne para examinar su caso el 25 de enero de 1985 decide acusarle sólo de tenencia ilícita de armas. El fiscal, sin embargo, alega en marzo haber encontrado nuevas pruebas contra él, principalmente las declaraciones de los cuatro jóvenes negros, y decide abrir otro proceso. Hay que advertir también que en el intervalo se ha sabido que el último chico contra e) que disparó, Darrefl Cabey, ha quedado paralítico a consecuencias de ello. En enero de 1986, sin embargo, un magistrado del Tribunal Supremo neoyorquino elimina los cargos más graves contra Goetz, a instancias de su abogado, alegando defecto de forma en la presentación de los testimonios de los jóvenes. El juicio comienza el 27 de abril de este año y desde el primer día acapara la atención deí país. Las estrategias en él son las predecibles: el fiscal presenta a Goetz como un individuo cruel, vengativo, inestable, que busca sólo la oportunidad para ajustar cuentas. El abogado defensor, en cambio, presenta a Goetz como la típica víctima de la delincuencia callejera, un individuo aterrado, sin saber a quién dirigirse. Lo que dijo en su confesión ni siquiera era verdad: fue producto de sus angustias, la libre expresión de sus terrores, una vez hecho lo que nunca había creídohacer. Jurídicamente, el caso se centraba en si la reacción de Goetz había sido o no proporcionada. Existe una ley en Nueva York que autoriza a usar la fuerza, incluso mortal, en autodefensa. Pero siempre que el miedo que uno sienta sea equivalente y que la proporción de fuerza que se emplee sea razonable ¿Lo eran en este caso? ¿Lo eran sobre todo en el caso particular del último tiro que se disparó? El Jurado ha dicho que sí, que Goetz actuó llevado por un miedo incontenible por su seguridad, a la luz de sus experiencias. Seguro que influyó en ello la declaración de alguno de los jóvenes contra los que disparó. El fiscal los llevó a declarar como testigos de cargo, pero su actitud, brutal, desafiante- hasta el punto de que el juez tuvo que condenar a uno por desacato- los convirtieron en los mejores testigos de la defensa. No por nada dos de ellos están otra vez en la cárcel por delitos graves, otro en un programa de rehabilitación de drogas y sólo el que ha quedado paralítico, en la cama. Su veredicto ha sido acogido con aplausos estrepitosos y con críticas feroces. Para unos, significa la forma de empezar a limpiar nuestras calles para otros, una licencia a los blancos para matar a negros impunemente Claro que esos son los extremos. Pero entre la gran corriente también hay quien lo ve como una expresión de racismo y como la reacción normal de unos ciudadanos hartos de ser abusados sin que las autoridades encargadas de ello les defiendan. Las repercusiones sociales, jurídicas, políticas y morales del caso son enormes. De ahí el interés con que se le ha seguido dentro y fuera del país, y la controversia que. ha desencadenado. A fin de no perdemos en su complejidad, lo primero que tenemos que hacer es exponer sus hechos. Todo, empezó la tarde del 22 de diciembre de 1984. Bernhard Goetz, ingeniero en Electrónica, de treinta y siete años, toma el Metro en la estación de la Calle 14, cerca de donde vive. Va a visitar a unos amigos, pero lleva una pistola, que ha adquirido después de haber sido robado y golpeado dos veces en el mismo Metro, en uno de sus frecuentes viajes a casas de clientes, ya que se dedica a la reparación de televisores y ordenadores electrónicos. No tiene licencia para ella, pero se ha jurado que no volverán a cogerte indefenso, pues ha visto que la ayuda que pueden prestarle los representants de la ley es prácticamente nula. En el mismo vagón de tren viajan cuatro jóvenes negros con antecedentes delictivos. Van bromeando entre ellos- y llevan bajo las cazadoras grandes destornilladores, pues planean reventar máquinas tragaperras en un local que conocen al sur de la ciudad. Exactamente por qué se acercaron a Goetz y cuáles eran sus últimas intenciones no ha quedado claro en el juicio. En su primera declaración a la Policía, uno de ellos dijo que le habían encontrado blando y por eso se le aproximaron. Los otros han negado que trataban de asaltarle. El caso es que en un momento determinado se encontraron en torno al ingeniero, pidiéndole cinco dólares Por toda contestación, Goetz sacó su pistola y mientras decía ¿queréis cinco dólares? Pues tomad esto la emprendió a tiros con ellos. El vagón se convierte en un pandemonio, con todo el mundo tratando de huir. Menos mal que la siguiente estación está cerca y al abrirse las puertas la gente sale despavorida, excepto los chicos heridos, que quedan dentro del vagón. Goetz aprovecha la confusión para escapar por el túnel. Todos los intentos de dar con él son inútiles. La leyenda del Justiciero del Metro se extiende por la ciudad y el país, iniciándose la polémica sobre él. Nueve días más tarde, un joven ansioso y demacrado se entrega a la Policía de Concord, New Hampshire, al norte de los Estados Unidos. Soy el que están buscando les dice. No es un tipo a lo Charles Bronson, como había diseñado la imaginación popular, sino un individuo de gafas, frágil, hundido de pecho, con mirada huidiza. Tras cumplir los trámites con aquellas autoridades, se le envía a Nueva York. Ante esta Policía hace una confesión de varias horas, recogida en vídeo, alucinante. Dando rienda suelta a los miedos, frustraciones, complejos, pesadillas y ansias que le persiguen desde hace tiempo, cuenta el trauma que representaron para él los dos asaltos que sufrió, en uno de los cuales tuvo que ser hospitalizado, aparte de perder todo el material electrónico que llevaba. Cómo le enfureció la indiferencia que mostraron ante- ello los agentes que tomaron nota, cómo aprovechó una ida a Florida para comprarse una pistola, cómo empezó a no salir sin ella, cómo se sintió aterrorizado al verse rodeado de los cuatro jóvenes en el Metro, cómo sin pensarlo sacó la pistola y empezó a disparar contra ellos.