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JUEVES 18- 6,87- CULTURA -ABC. j í- 47 Vargas Llosa: Los totalitarismos manipulan el pasado para justificar el presente Tercera jornada del Congreso Internacional dé Intelectuales y Artistas La Intervención de Mario Vargas Llosa en el junto a Krzystof Pomian, Guillermo Cabrera InCongreso de Valencia no defraudó la expecta- fante, Jorge Edwards, Antonio Tabucchi y Jorge ción que habían levantado sus valerosas pala- Semprún, ante una audiencia que abarrotaba el bras del día anterior. El escritor peruano partici- salón del debate. Ofrecemos íntegro el lúcido pó en la mesa Los intelectuales y la memoria y brillante discurso de Mario Vargas Llosa. no sabe ni puede ni debe fundar, Las cosas no son como las guerra y el amor, que suele teporque la literatura no miente vemos, sino como las recordaner también consecuencias catagratuitamente; sus fraudes, emmos escribió Valle- lnclán. Se clísmicas. Así Tirant, cuando ve baucos, exageraciones, sirven refería, sin duda, a cómo son las por primera vez en la penumbra para expresar verdades profuncosas en la literatura y la realide una cámara funeral los pedas e inquietudes que sólo de dad a la que el poder de persuachos turgentes de la princesa esta manera sesgada ven la luz. sión del escritor, del buen escriCarmesina, entra en estado poco tor, y la credulidad del buen lecmenos que cataléptico y permator c o n f i e r e n una p r e c a r i a nece derrumbado en una cama Nada es excesivo realidad. sin dormir, comer ni articular paCuando Joan Martorell nos labra varios días. Cuando al fin Para casi todos los escritores, cuenta en el Tirant lo Blanc que se recupera, es como si estuviela memoria es el punto de partila princesa Carmesina era tan ra aprendiendo de nuevo a hada de la fantasía, e trampolín blanca que se veía pasar el vino blar. Su primer balbuceo es Yo que dispara la imaginación en su por su garganta, nos dice algo amo vuelo impredecible hacia la fictécnicamente imposible y que, ción, recuerdos e invenciones se sin embargo, bajo el hechizo de El elixir de la vida mezclan en la literatura de ficla lectura, nos parece una verción de manera a menudo inexdad inmarcesible, porque en la Esas mentiras no delatan lo tricable para el autor, quien, aunrealidad fingida de la novela, a que eran los valencianos del sique pretenda lo contrario, sabe diferencia de lo que ocurre en la glo XV, sino lo que hubieran que la recuperación del tiempo nuestra, el exceso no es jamás querido ser y hacer. No dibujan perdido que puede llevar a cabo la excepción, siempre la regla. a los seres de carne y hueso de la literatura es siempre un simuNada es excesivo si todo lo es. ese tiempo tremebundo, sino a lacro, una ficción en la que lo reEn e Tirant lo son los combasus fantasmas. Materializan sus cordado se disuelve en lo soñates apocalípticos de puntilloso riapetitos, sus miedos, sus deseos do y viceversa. tual y las proezas de los héroes y rencores. En una ficción lograPor eso la literatura es el reino que, solos, derrotan muchedumda, se encarna la subjetividad de por excelencia de la ambigüebres y devastan literalmente a la época, y por eso las novelas, dad, sus verdades son siempre media cristiandad y a todo el Isaunque cotejadas con la historia subjetivas, verdades a medias, lam. Lo son los cómicos rituales mientan, nos comunican unas relativas, verdades literarias que como los de ese personaje pío y verdades huidizas y evanescencon frecuencia constituyen libidinoso que besa a las mujetes que escapan siempre a los inexactitudes flagrantes o mentires en la boca tres veces en hodescriptores científicos de la rearas históricas. menaje a la Santísima Trinidad y lidad. es siempre excesivo, igual que la Sólo la literatura dispone de í Mario Vargas Llosa las técnicas y poderes para destilar ese delicado elixir de la vida, la verdad escondida en las mentiras humanas. Ahora bien, en los engaños de la literatura no hay ningún engaño. No debería haberlo por lo menos, salvo para los incrédulos que creen que la literatura debe ser objetivamente fiel a la vida y tan dependiente de la realidad como la historia. Y no hay engaño porque cuando abrimos un libro de ficción acomodamos nuestro ánimo para asistir a una representación en la que sabemos muy bien que nuestras lágrimas o nuestros bostezos dependerán exclusiva- mente de la buena o mala brujería del narrador para hacemos vivir como verdades sus mentiras, y no de su capacidad para reproducir fidedignamente lo vivido. Reescribir la historia Estas fronteras, bien delimitadas entre literatura e historia, entre verdades literarias y verdades históricas, son una prerrogativa de las sociedades abiertas. En ellas ambos quehaceres coexisten independientes y soberanos, aunque complementándose en el designio utópico de abarcar toda la vida, y quizás la demostración de que una sociedad mayor es abierta- e n el sentido que Popper dio a esta calificación- es que en ella ocurre así. La literatura y la historia coexisten autónomas y diferentes, sin invadir ni usurpar la una los dominios y las funciones de la otra. En las sociedades cerradas ocurre exactamente al revés. Tal vez la mejor manera de definir a una sociedad cerrada sea diciendo que en ella la ficción y la historia han dejado de ser cosas distintas, y pasado a confundirse y suplantarse la una a la otra cambiando de identidad como en un baile de máscaras; (Continúa en la página siguiente. La verdad de la mentira Aunque la cinematográfica batalla de Waterloo que aparece en Los miserables nos exalte, sabemos que ésa fue una contienda que libró y ganó Víctor Hugo, y no la que perdió Napoleón, o para citar un libro valenciano, ya que estamos en Valencia, la conquista de Inglaterra por los árabes, que describe el Tirant lo Blanc, es totalmente convincente y nadie se atrevería a negarle verosimilitud por el mezquino argumento de que en la historia real jamás un ejército árabe atravesó el Canal de la Mancha. La recomposición del pasado que opera la literatura es casi siempre falaz, juzgada en términos de objetividad histórica. La verdad literaria es una y otra la verdad histórica. Pero aunque esté repleta de mentiras o más bien por ello mismo, la literatura cuenta otra historia que la historia que cuentan los historiadores; DIALOGO ¿Qué me dices ahora, señor Suárez? ¿quién tenía razón, tú o yo? ¡Vaya fracaso! -Mire usted, Cerón. Se ha confirmado que estoy en progresión constante. He progresado de nuevo. -Has progresado, has progresado... Has progresado en un 1 por 100, que es lo menos que se suele progresar cuando se progresa, si es que eso es progresar. Has progresado en 100.000 votos, o sea, menos de lo que ha progresado Herri Batasuna, un tercio menos. Has progresado tanto como el Partido Andalucista, y me consta que sabes que el Partido Andalucista sólo tiene, de por sí, electores en el tercio meridional de esta península. -Mire usted, Cerón. Ahora soy el arbitro en no sé cuántos sitios. -El arbitro, el arbitro... El arbitro es, en política, por definición Pulgarcito: Liechtenstein, si Suiza y Austria andan empatadas en algo tripartito de por allí. -Cerón, basta: yo tendo dos millones de electores, ¿cuántos tiene usted? Me dejó cortado. Balbuceé, me fui. Julio CERÓN