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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 18 DE JUNIO DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA HORA tenemos que preguntarnos ¿c u á l e s son las enmiendas de Narciso Campillo? Para mí no existe duda alguna. Tienen que ser las que se hicieron en la primera edición de las Rimas, publicadas por Fortanet en el año 1871, pocos meses después de la muerte del poeta. Debo decir que son muy numerosas, pero en el día de hoy sólo vamos a recordar algunas de ellas. Desde luego, las que consideramos más acertadas e interesantes. Por ejemplo: dice El libro de los gorriones en la rima 18: ¡Qué hermoso es, tras la lluvia del triste otoño en la azulada tarde, de las húmedas flores el perfume beber hasta saciarse! Pero el perfume no se bebe, se huele, y por eso corrigió Campillo, necesariamente, el verso final: el perfume aspirar hasta saciarse. Asimismo, se dice también en el manuscrito y en la magnífica rima 28: Antes que tú me moriré, y mi espíritu, en su empeño tenaz, se sentará a las puertas de la muerte, que llames a esperar. que fue modificada, afortunadamente, por Campillo para romper el hipérbaton de la frase final, que resulta violento. La enmienda dice así: Antes que tú me moriré, y mi espíritu, en su empeño tenaz, sentándose a las puertas de la muerte, allí te esperará. Es de subrayar, como ya hicimos otras veces, que las correcciones de Campillo se atienen al texto becqueriano con gran fidelidad, y demuestran sensibilidad, técnica y devoción. Seguiremos con ellas. En el manuscrito dice la rima 65: siempre valdrá lo que yo creo que calla, verso que parece que va arrastrándose y con la modificación hecha por Campillo se transforma en este verso limpio bien acentuado: siempre valdrá, a mi ver, lo que ella calla. Corrección que quizá no sea muy necesaria, pero es acertada. Me gustaría advertir que siempre que juzgamos las enmiendas, en principio, nos parece mejor el texto. Es natural. Lo consabido, generalmente, nos parece mejor. Es necesario hacer un esfuerzo para que comiencen a gustarnos las enmiendas. Hasta que nos acostumbramos a ellas, y entonces, como comenzamos a entenderlas mejor, empiezan a gustarnos. Por ejemplo: Yo me he asomado a las profundas cimas ABC Las correcciones de los primeros editores, o sigamos diciendo las correcciones de Campillo, que es lo más natural, corresponden al verso sexto, que dice: y me incliné por verlo. En la versión anterior, el poeta se había inclinado un momento no sabemos en dónde, ni sabemos por qué. En la versión de Campillo sabemos que se ha inclinado para ver el abismo del corazón. La enmienda es un acierto. En la rima 19: Como vive esa rosa que has prendido, decía el final: Sobre un volcán, hasta encontrarle ahora, nunca he visto una flor. y ahora dice: Nunca hasta ahora contemplé en la tierra sobre el volcán la flor. Es de notar que la corrección de Campillo se hace con las mismas palabras de Bécquer. Es un acierto de fidelidad y, desde luego, de precisión. En la rima 74: En la imponente nave, encontramos también una corrección que nos parece inmejorable. Es la siguiente: Me acerqué de la nave al ángulo sombrío, como quien llega con callada planta junto a la cuna donde duerme un niño. Ninguna de las versiones que da Bécquer en el manuscrito: con el callado paso que se llega, o bien: con el callado paso que llegamos, tienen la claridad y la belleza de la de Campillo. Es preciso reconocer que son insuficientes. La publicada en la primera edición de las Rimas es mucho mejor. Una de las razones que nos han impulsado a escribir estos artículos es, justamente, la defensa de las correcciones hecha por Campillo. No tienen buena Prensa. Vamos a conocer la opinión de José Pedro Díaz, tan acertada en todo lo que escribió sobre El libro de los gorriones. Estas son sus palabras: Algo muy diferente ocurre con las variantes que aparecen en las ediciones. Estas suelen tener el carácter de correcciones académicas y exteriores. A menudo imponen un tono enfático y aun alteran el sentido original. Debo decir, sin paliativos, que debemos mucho a José Pedro Díaz, y ante todo quiero expresarle mi agradecimiento, pero juzgo que su opinión sobre las enmiendas de Campillo no es acertada o, al menos, no coincide con te mía. Ya he dicho mi opinión: creo que las correcciones de Campillo REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID UNA SEPARACIÓN IMPOSIBLE son fieles al sentido de las rimas, son también sumamente precisas y generalmente necesarias y, sobre todo, son obra de un poeta que puso su inteligencia al servicio de Bécquer y puso su amistad al servicio del encargo hecho por un amigo. Cumplió el encargo bien y sus enmiendas enriquecen las Rimas. Ya lo hemos visto en las citadas anteriormente, y para terminar, porque conviene terminar bien, voy a transcribir, ahora, la que considero más importante de estas correcciones. Corresponde a la rima 71: Cerraron sus ojos, que, como todo el mundo sabe, es uno de los grandes aciertos de la poesía de Bécquer. La estrofa final dice así en el manuscrito: ¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es, sin espíritu, podredumbre y cieno? No sé, pero hay algo que explicar no puedo, algo que repugna, aunque es fuerza hacerlo, al dejar tan tristes, tan solos, los muertos. El verso tercero no es afortunado, y el verso octavo no es de recibo, sobre todo al final de una rima que es memorable en todos los sentidos. Además, se había olvidado en ella algo importantísimo: que un cadáver nos repugna, pero no deja de dolemos, no deja de atraernos, viendo en él nuestro mismo final. Y con la enmienda de Campillo, ahora dice lo que tiene que decir, ahora dice lo mismo que todos recordamos. Y ya sabéis que recordar es hacer justicia: ¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es vil materia, podredumbre y cieno? No sé, pero hay algo que explicar no puedo, que el par nos infunde repugnancia y duelo, al dejar tan tristes, tan solos, los muertos. Todo en el hombre no es sólo podredumbre y cieno. Hay algo más. Algo que no puede explicarse, y aunque no se explique, nos apesara. Nos dolemos por nosotros mismos. Así, pues, la enmienda completa lo que quiso Bécquer decir. Y esto es todo. Como habéis visto, sólo he pretendido dar a Bécquer lo que es de Bécquer y a Campillo lo que es de Campillo. En fin, la suerte los ha unido. Ya es muy difícil separar en las Rimas las correcciones de Bécquer y las de Campillo. Están unidas, indisolublemente, por la historia. Aunque no se publiquen, vamos a recordarlas. Y será un acto de justicia. Luis ROSALES de la Real Academia Española de la tierra y del cielo, y les he visto el fin, o con los ojos o con el pensamiento. Mas ¡ay! de un corazón llegué al abismo, y me incliné un momento, y mi vista y mis ojos se turbaron, tan hondo era y tan negro.