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GENTE Nuestros fluidos corporales Los budas sesentayochistas E lo cuentan en la Universidad, sentados a lo buda en la mesa profesoral; en un jazz- pub, estirando las piernas sobre la mesa vecina; en su despacho de director general o de ejecutivo de una firma americana, ahogando con el humo de su puro un deje de nostalgia. Todos, todos estuvieron allí, en París, en el 68. Especie de santa compaña en busca del alma perdida, la generación hoy en el poder lava su mala conciencia en la añoranza del 68. De ahí la considerable ola de sesentayochadas que, tanto en Francia como en España, invade los mercados editoriales con un mensaje tan banal como terrible: el 68 no ha muerto ¿De verdad? Francia- y es lógico- se lleva la palma. Muestras: Hervé Hamon y Patrick Rotman, tándem ya conocido por sus trabajos sobre los intelócratas o sobre la angustia psíquica de los maestros, han publicado un par de v o l ú m e n e s rememorativos: Generación. Los años de ensueño y Los años de pólvora (Seuil) El paleo- nuevofilósofo Bernard- Henri Levy ha escrito Elogiq de los intelectuales (Grasset) antes publicado como folleto en Globe, revista que en su número anterior regalaba- como te lo c u e n t o- un preservativo para colaborar contra el SIDA ¿Azar o necesidad? diría Jacques Monod. Daniel Cohn- Bendit ha escrito La revolución y nosotros, que la quisimos tanto (editado aquí por Anagrama) donde el Dani el Rojo del 68, plenamente reconvertido, apuesta por un futuro rosabombón; cuando presentó su libro en España dijo, sin reír, que Feli- T pe González es un industrializador moderno Laurent Joffrin, en Un golpe joven, retrato de una generación moral (Arlea) compara la rev u e l t a del 68 con la de los estudiantes en diciembre de 1986, y descubre que el héroe preferido de estos jóvenes es ET. El libro de Guy Hocquenghem es quizá el más sabroso: Carta abierta a los que han pasado del col Mao al Rotary (Albin Michel, 1986) donde, con adorable insolencia, derriba uno tras otro los mitos post- sesentayocheros. Pero el más importante, intelectualmente hablando, es tal vez el de Luc Ferry y Aiain Renaut, El pensamiento del 68, ensayo sobre el antihumanismo contemporáneo (Gallimard, 1986) Para ellos en el mayo francés se dan cita dos corrientes rivales: una humanista (inspirada en Marcuse, Fromm, los hippies, etc. y otra antihumanista (que bebe en Foucault, Althusser, Lacan y Derrida) De la primera se habrían derivado Bernard- Henri Levy, Glucksmann, Scarpetta o Coluche; de la segunda se derivarían posiciones como la de Gutllaume Faye y, a mi juicio, Baudrillard, Maffesolí o Gianni Vattimo. Los autores apuestan por la primera. Lamentablemente- p a r a ellos- el pensamiento más nutritivo de nuestro tiempo (Dumont, Eliade, Durand) está muy relacionado con la segunda, y ello no porque sea, como dicen Ferry y Renaut, antihumanista, sino porque su concepción del hombre y el mundo ha roto con las utopías, es decir, con aquello que murió en el 68 y que hoy quiere volver, eso sí, con rostro humano En fin, la verdad es que cuando uno mira el solar patrio y se compara con los franceses no sale de su perplejidad. Aquí los estudiantes no admiran a ET, sino que su símbolo es Jon Manteca (difícil analogía veo) y nuestra revolución no fue la del 68, sino la del 56, que, pese a fracasos y reconversos, por lo menos sabía más a ajo y aceite que a hamburguesa de fast- food. ¿Y para mañana? No desesperemos. Al fin y al cabo, el 88 está a la vuelta de la esquina. José Javier ESPARZA Felipe González, Sam Shepard y Guillaume Faye AYA poderío el del interminable influjo de la nostalgia. ¡A qué sí! Es que es de un empecinamiento que no veas. No la detiene nada, ni el hombre cruzado con mono, ni el ovario a toda marcha en la axila, ni la perestroika ni el dirty realism Como pueden ver, el artículo va de nostalgia. Sí, de los 60, que vienen de los 50 y siguen en los 70, hasta la sobredosis de Sid Vicious. En realidad, y para que quede clarísimo, en los 60, tanto en los primeros como en los últimos, yo era una tierna niña. Lo único que recuerdo de esa década prodigiosa es el lúcido barrio de Villa Luro, de Buenos Aires, en el que vivía; el colegio del Santísimo Sacramento, de clarisas franciscanas, en el que estudiaba, y también recuerdo que bailaba el twist todo el día, como poseída, hasta terminar en el suelo como catarsis de macumba; ya me salió la sudaca, ¡ea! Retomando: aquí, los 50, los 60, los 70 y hasta los 80 del mundo son nuestros 80, esa edad de oro, esa generación del 77 o deí 87, que para el caso el año da igual. Lo que no da igual son los nombres y las obras. Obras son décadas y no buenas razones, como diría mi tía Ofelia. Cojo el ordenador y programo: en la tele, que es lo más (o lo será) Imágenes La edad V Ensalada de la casa de oro La estación de Perpignan y lo que venga de Paloma Chamorro. ¡Qué lujo tener conmocionados a los Psychedelic Furs por el concierto en vivo y en directo en la tele! En la tele el ordenador se me atasca y paso a la música: Derribos Arias, Paraíso, Sissi, Zombies, Parálisis Permanente, Siniestro Total, Golpes Bajos, Alaska y Dinarama, AlmodóvarMcNamara, y más que vienen por detrás. En cine: el de Almodóvar, qué hace delirar a críticos, instituciones y público desde Berlín a New York. Aquí el que delira es el público, y más que delirará. El extraño viaje hasta el Viaje a ninguna parte de Fernando Fernán- Gómez, que el ordenador programa en esta lista por su condición de atemporal y desclasado. Creo que la ensalada ya está. Ahora a probarla. A ver... Le falta algo. ¿Tú qué opinas, querido ordenador? Espera que programe la palabra mágica: NOSTALGIA. Ya está. ¿Tú qué dices? COTILLEOS. Pero, claro, era eso. Se comenta que Duncan Dhu van a grabar las canciones de Mocedades, que C. Berlanga está preparando un LP de rock sinfónico y que quieren juntar a la rebelde sin causa de Rubi con los santos de Los Casinos. Lo mismo es. cierto. RUBÍ SÁBADO 13- 6- 87 ABC 113