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SÁBADO 13- 6- 87- DEPORTES Campeonato de Europa de Baloncesto -ABC, pág. 83 Mi canasta 96- 113: España, justamente derrotada por la URSS, luchará hoy por el bronce El equipo de Díaz Miguel aceptó la adversidad con mucha resignación Atenas. Julio Carlos Diez, enviado especial El pastel que representaba la URSS se le atragantó a España. Al final, un justo y rotundo 96- 113 selló el mejor juego de los ya finalistas. A los hombres de Díaz Miguel les faltó confianza en sí mismos. Lo peor no fue perder el encuentro y la posibilidad de luchar por el oro, sino la forma en que se produjo la derrota, aceptada con evidente resignación y sin propósito de enmienda. Una vez más la selección española de baloncesto falló en el momento más inoportuno, cuando, conseguido el objetivo inicial de estar entre los cuatro mejores, había que dar el do de pecho y luchar al máximo en la pista. El rival, evidentemente, no iba a ser fácil, pero tampoco parecía imposible de batir. Sin embargo, faltó corazón, entusiasmo, voluntad... La posibilidad de ganar fue una losa que nadie pudo levantar. Hasta el seleccionador, otras veces gesticulante y gritón, dejó en el vestuario su energía, para convertirse en estatua de sal que veía lo que pasaba como si no fuera con él. En realidad no hubo partido semifinal. España desde el primer segundo, con Epi, Sibilio, Romay, Jiménez y Montero en pista, no planteó batalla. La defensa al hombre fue débil, asusi tadiza. El movimiento del balón lento, mientras que en manos del contrario parecía una centella. El ataque estático no existía y los lanzamientos pasaban sobre el aro rival o daban en su borde con machacona insisten 1 cia. Los soviéticos, sin hacer grandes alardes y con un Marchulenis que dejó claro quién es la auténtica revelación del Campeonato, se fueron en el marcador con asombrosa comodidad. A los cinco minutos su ventaja era de 18- 8; a los diez, de 2719; a los quince, de 40- 32, y en el descanso, de 55- 47, gracias a unos segundos finales inspirados, en los que Martínez y Margall recortaron cinco puntos. Para llegar a estas cifras, España había acertado en quince de sus treinta y siete lanzamientos, mientras que los rusos, con los mismos intentos, sumaban veintitrés encestes. Una diferencia que explica claramente ta derrota. Y, para colmo de males, sin que Díaz Miguel reaccionara o, al menos, diera impresión de hacerlo. Las entradas de Margall, Martínez, Solozábal y Villacampa apenas arreglaron la lamentable situación. De la resignación reinante en el banco español es fiel reflejo que Gomelski, ganador claro de la batalla, pidió dos tiempos muertos mientras que Antonio dejó pasar los veinte minutos sin inmutarse. Tras el descanso las cosas siguieron igual. Los soviéticos mantuvieron su ritmo de trabajo, sin acusar los cambios impuestos por el deseo de su técnico de que jugasen casi todos sus hombres, y los españoles, tan cansinos como al principio, aceptaron el correctivo sin rechistar. En jornada tan aciaga se puede destacar del grupo español como lo mejor, sin duda, la colaboración de Ferrán Martínez en los minutos que estuvo en pista. Los demás, incluido el seleccionador, mal. Sin disculpas de tipo alguno. Por los soviéticos, impresionante Marchulenis, que se marcó la chulada final de un enceste a capón Los demás, bastante entonados, especialmente en defensa, donde ahogaron los sistemas españoles. Muy bien en el tiro Homicius, fundamentalmente desde detrás de la A esperar El viejo zorro plateado Alexander Gomelsky, técnico de la URSS, consciente de que sus hombres superaban a los de Antonio Díaz Miguel, fundamentalmente en potencia, planteó el partido con una estrategia simpie, consistente en una defensa individual, pegajosa, de constante contacto y un ataque, auténtica sorpresa del planteamiento, donde todas las acciones se resolvieron como un juego de uno contra uno, y donde los jugadores soviéticos superaban siempre por recursos, fuerza y acierto, a todos nuestros hombres. Acierto que estuvo ausente en el juego ofensivo de España, con porcentajes pobrísimos en tos mejores tiradores exteriores, a quienes en tarde triste, Fernando Romay no pudo ayudar, estando siempre superado por el gigante Thatchenko, que fue una constante pesadilla para los reboteadores españoles, donde Giménez peleó con su habitual coraje pero con una inferioridad que en algunos momentos hacía sonrojar a propios y extraños. También en esta triste tarde, hay que reseñar que Antonio Díaz Miguel dio la sensación de estar ausente todo el encuentro, sin capacidad de cambios de estrategia ante el juego del equipo soviético y olvidándose de los tiempos muertos (el primero lo pidió en el minuto 37) y no acertando en los cambios ya que todos los hizo siempre sin auténtico sentido. Todo ello fueron sumandos que hicieron perder a España un partido, difícil a priori, pero no imposible, donde el rival, poderoso y lleno de acierto, cogió pronto una clara diferencia y pudo jugar con tranquilidad, mostrando todos los quilates de su juego: magnífica defensa, gran capacidad reboteadora; buena dirección y auténtica moral de equipo campeón. Ahora, a esperar otra ocasión para medir nuestras fuerzas frente a los rusos y a esperar el partido de esta noche para lograr el tercer o cuarto puesto. Éxito importante lo primero y magnífico exponente de nuestro valer actual lo segundo. EMILIANO NBA. Los Boston Celtics lograron su segunda victoria frente a los Angeles Lakers por 123108 en su quinto partido. Tras este encuentro, el marcador se coloca en un 3- 2 aún favorable a los Lakers. j i Andrés Jiménez línea de 6,25. En el primer tiempo metió cinco de cinco. La única ventaja española en la estadística es en rebotes, con 40 por 39, pero da nada valió porque el contragolpe sólo se puso en marcha en una ocasión, ya muy avanzada la segunda parte. España: Villacampa (0) Sibilio (6) Margall (15) Jiménez (20) Romay (11) Montero (5) F. Arcega (7) Solozábal (14) Martínez (7) J. A. Arcega (0) y Epi (11) Unión Soviética: Volkov (15) Enden (0) Tarakanov (4) Homicius (20) Babenko (4) Tikhonenko (11) Alters (14) Tkatchenko (11) Marchulenis (26) Pankraskin (6) y Goborov (2) 81- 77: Explosión de júbilo tras imponerse Grecia a Yugoslavia Atenas. J. C. D. Lo nunca visto en una pista de baloncesto se vivió ayer en Atenas. Los aficionados griegos llevaron a su equipo a la final del Campeonato de Europa. Sus gritos, su ataque de nacionalismo elevan a la selección del país organizador hasta rozar el oro. Los yugoslavos aguantaron la tensión a su favor hasta el descanso, cuando vencían por 4535. Pero en la segunda, sus nervios se rompieron y la ventaja adquirida se borró en poco menos de ocho minutos. Conseguido el empate a 54, los griegos cargan impetuosos sobre el aro yugoslavo, donde todo valía si beneficiaba a los ya finalistas. Con un 81- 77 se cerró el marcador y comenzó la gran fiesta en las gradas y en las calles. Ahora, a esperar a la final frente a los soviéticos. Mientras tanto, los yugoslavos jugarán hoy frente a España por el bronce. Grecia: Gallis (30) Stavropoulos (0) Giannakis (14) Kambouris (0) Filipou (0) Andritsos (8) Fasoulas (11) loannou (0) y Christodoulou (18) Yugoslavia: D. Petrovic (22) A. Petrovic (4) Kukoc (3) Paspalj (9) Grbovic (14) Radovic (1) Vrankovic (0) Radovanovic (2) Divac (13) y Cjveticanin (9)