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13 junio- 1987 ABC TlTcrarío Pensamiento y ciencias sociales ABC XIII A bibliografía deuna de las carencias dicada a nuestro más notorias de esta sabio más proedición. minente, Santiago Ramón y Cajal, es abun- Pío del Río Hortega, El maestro y yo, edición a cargo de Alberto Sánchez Alvarez- Insúa. El caso del libro de dante. Tello, Jiménez CSIC (Madrid, 1986) 179 páginas, 1.600 pesetas. Enriqueta Lewy, Santiago Ramón y Ca- Enriqueta Lewy Rodríde Asúa, Laín Entralgo, jal. CSIC (Madrid, 1987) 241 páginas, 700 pesetas. Cajal, edición de José María López Pi- guez, secretaria de Canero. Península (Barcelona, 1986) 277 páginas, 1.150 pesetas Duran Muñoz y Alonso jal durante sus últimos Burón, Albarracín y Lóaños, es muy diferente. pez Pinero, figuran entre los que han ahondaLa autora se ha esforzado, evidentemente, persona, de las relaciones entre Cajal y Del do, a través de monografías, en diversos aspor presentarnos lo que ella denomina el Río, pero no acaba ahí su interés. A través pectos de su obra y de su vida. No se puede hombre, ei sabio y el pensador prestando de sus páginas se comprueba con nitidez que decir, por consiguiente, que el lector hispano especial atención a las preocupaciones sociano se pueden circunscribir todas las influense encuentre totalmente desprovisto de mateles del genial aragonés. Más aún, la obra de cias, todas las explicaciones, relativas a las riales de estudio con los que acercarse a la Lewy es una manifestación, una demostrainvestigaciones biomédicas en España, a la figura de Cajal, aunque el útil más necesario, ción pública del respeto y admiración que una edición crítica de sus obras, permanezca siente por Cajal. Es, en este sentido, una todavía, más de medio siglo después de su obra de amor, y como tal debe de ser consimuerte, en, como mucho, el limbo de los derada. Desgraciadamente, la pasión, el cariproyectos. ño, la vehemencia no son suficientes, ni siquiera recomendables, para proporcionar riLa abundancia de fuentes secundarias y gor, novedad o competencia historiográfica, y primarias (los escritos de carácter general de el Santiago Ramón y Cajal de Enriqueta Cajal, que han visto numerosas reediciones) Lewy poco añade a lo ya sabido. De hecho, no quiere decir, naturalmente, que dispongacae claramente en el dominio del género hamos de una satisfactoria reconstrucción histógiográfico. Es el suyo un Caja! inhumanamenrica del mundo cajaliano, ni, mucho menos, te perfecto. Nunca fue rencoroso en su vida del universo de la investigación biomédica lleni hizo reproches a nadie leemos en la pávada a cabo en España durante la época en gina 29. Consulte el lector El maestro y yo y que vivió el gran neurohistólogo aragonés comprobará que no siempre fue así. (1852- 1934) Es desde esta perspectiva como deben juzgarse las tres obras objeto de esta Implacablemente, los comentarios de Lewy reseña. se extienden al conjunto de la Ciencia. Yo El maestro y yo, debido a la pluma de otro quisiera recordar- manifiesta en la págigran representante de la escuela histológica na 8 4- que los sabios extranjeros de la époespañola, Pío del Río Hortega (1882- 1945) ca de nuestro maestro eran también liberales es sin duda el más valioso de estos tres liy demócratas en su mayoría. Los alemanes bros. Más aún, su publicación constituye todo correspondían a la República de Weimar. El un acontecimiento. Como cuenta en su prólohistoriador competente no tardará en hallar go Severo Ochoa, el manuscrito autobiográfimúltiples contraejemplos de lo primero- demasiados como para pretender extraer una co de Del Río se encontraba en el que fuera regla general de ningún tipo- y en lo refesu último destino, Buenos Aires. Entregado a rente a la República de Weimar, pobre de García Duran Muñoz, casado con una nieta ella si hubiese tenido que depender del entude Cajal, fue depositado en la Biblioteca Nasiasmo de unos científicos que veían dismicional de Madrid. Es de justicia felicitar al nuir atropelladamente sus ingresos dentro de figura, sin duda señera, de Cajal. En concreConsejo Superior de Investigaciones Científila brutal inflación que sufrió Alemania tras la to, Pío del Río fue, por mucho que admirase cas por hacer posible la edición de una obra pérdida de la primera guerra mundial. al aragonés, discípulo de Nicolás Achúcarro. que además de gozar del predicamento que La edición de El maestro y yo es casi imle da el haber sido escrita de manera modesFinalmente, tenemos la edición que el emipecable- existen algunas erratas- en su nente historiador de la Medicina José María ta e íntima, no exenta, no obstante, de un ejecución material, pero también hay que secierto patetismo, por un neurohistólogo de taLópez Pinero ha realizado de escritos de Cañalar que se la puede comparar con un dia- jal. Comienza esta obra con una introducción lla mundial, amplía considerablemente ei pamante en bruto. El responsable de la edición, de cuarenta y cuatro páginas en la que López norama de algunas parcelas de la historia de Alberto Sánchez Alvarez- Insúa, se ha limitado Pinero, embarcado desde hace bastantes las ciencias biomédicas en España durante el a ordenar y, en ocasiones, a reconstruir unos años en un sistemático estudio de la vida y la primer tercio del siglo XX. manuscritos a menudo, se nos dice, mal conEl maestro y yo es, en primera instancia, obra de Cajal, recorre de manera admirableservados. No ha debido ser la suya tarea deuna narración de las tensas y difíciles relaciomente concisa, pero utilizando, no obstante, masiado fácil y la ha cumplido escueta y dig- frases plenas de contenido, el rico mundo canes entre Cajal y Del Río, que culminaron, namente. Se echan a faltar, sin embargo, al- jaliano. Es el necesario preludio que nos inaunque no acabaron ahí, con la expulsión de gunas ayudas para los lectores menos troduce a once textos clave (algunos apareeste último del laboratorio de aquél. ¿Cuál familiarizados con la personalidad e historia cen en forma fragmentaria) de su producción fue el motivo del comportamiento de Cajal? de Pío del Río. Completan la edición, junto al escrita, comenzando con la Memoria que reEsta es la pregunta que se hace constanteya mencionado prólogo de Ochoa, algunas dactó para las oposiciones a la cátedra de mente Del Río, un gran admirador de Cajal, cartas que se intercambiaron Cajal y Del Río, Valencia y finalizando con el capítulo III y en su esbozo autobiográfico, y la verdad es así como unas notas de Antonio Llombartparte del IV de su célebre El mundo visto a que las posibles razones que sugiere no saRodríguez en las que recuerda el ambiente tos ochenta años. tisfacen completamente. De hecho, este enque reinaba en el laboratorio que la Junta sayo, que cronológicamente acaba a finales Es esta obra, por consiguiente, una antolopara Ampliación de Estudios e Investigaciode 1925, no es sino una fuente primaria que nes Científicas- con la recomendación, todo gía, pero asimismo una guía, y como tal tiene debe ser utilizada en un futuro, esperemos un valor inapreciable, especialmente para eshay que decirlo, de Cajal- puso a disposición que próximo, por los especialistas en esta del vallisoletano en la residencia de estudiantudiantes. El libro forma parte, de hecho, de área de la historia de la ciencia española, una nueva colección, de la que ya han aparetes, y una breve biografía de don Pío del para mejorar sustancialmente la imagen de la cido volúmenes dedicados a Hume, Spinoza Río Hortega debida a Nicolás Gómez del y Hobbes; una magnífica iniciativa en la que personalidad de estos dos gigantes de la Moral, su amigo durante muchos años- l e sisólo cabe lamentar el que Cajal sea, por el neurohistología mundial. En semejante funguió al exilio- Una presentación de! propio momento, el único científico. ción reside gran parte de su importancia. Gómez del Moral, al que Del Río se refiere Dije antes que El maestro y yo es, en prien su autobiografía como su aiter ego es José Manuel SÁNCHEZ RON mera instancia, una narración, en primera L Cajal