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13 junio- 1987 ABC íífcrarío Novela ABC XI El profeta Vladimir Makanin Alfaguara Madrid, 1986. 262 páginas La mar es mala miger Raúl Guerra Garrido Mondadori España Madrid, 1987. 312 páginas Novelista de larga ejecutoria y escritor que domina su oficio, Raúl Guerra Garrido es en la actualidad presidente de la Asociación Colegial de Escritores de España y consejero de la radio y televisión vascas: un hombre, en suma, con los pies bien plantados en tierra y cuyas obras, por consiguiente, están sólidamente ancladas en la realidad comunitaria de hoy. Premio Nadal y finalista del premio Planeta, su última novela, La mar es mala mujer, narra los esfuerzos de un patrón de pesca vasco de edad madura Guerra Garrido para recuperar a la mujer que desea y su posición profesional, ganada a costa de grandes esfuerzos y ahora puesta en entredicho por la proximidad de la vejez y por el progreso tecnológico. ¿Cuál es la razón de que una novela bien hecha y bien escrita, como ésta, no satisfaga por completo? Más que de una razón habría que hablar de varias razones, pero dejando sentado previamente que nos encontramos ante una novela muy honorable, por encima de la media de calidad de la narrativa española del presente. La primera de las razones a que hago referencia es la siguiente: La mar es mala mujer es una novela fabricada una novela que no ha crecido orgánicamente a partir de un núcleo inicial, lo que puede deberse a que Guerra Garrido, para proteger su intimidad, ha arropado la experiencia personal que se encuentra en la base de la misma- me refiero al enfrentamiento con la vejez- con una tabulación tópica, muy alejada de dicha experiencia. -Lo que se traduce en una indiscutible artificíafidad de la trama- u n mismo hombre arrebata al protagonista su puesto y su mujer- que se debe en buena parte a que el autor la ha dotado de una función inequívocamente compensatoria- e l triunfo final del protagonista se produce no como consecuencia de un crecimiento interior del personaje, sino de la voluntad de quien mueve los hilos de la ficción- El hecho de que Guerra Garrido ponga de manifiesto que ese triunfo es meramente provisional, una prórroga antes de la inevitable derrota, hubiera servido en parte para neutralizar la artificialidad de que hablo, pero sólo en el caso de que su protagonista hubiera tenido conciencia de que su combate estaba abocado ineluctablemente al fracaso desde el momento mismo de emprenderlo, lo que no fue tenido en cuenta por el autor. La segunda razón es, a mi parecer, que La mar es mala mujer aborda diversos temas (el miedo a la vejez, la posibilidad de una relación libre de las ataduras tradicionales entre hombre y mujer, el conflicto entre dos hombres por una misma mujer, la naturaleza del amor y del deseo, el choque entre dos concepciones antagónicas del mundo y de la vida- aventurera la una y científica la otra- la búsqueda de lo absoluto) que Guerra Garrido no consigue jerarquizar cumplidamente y que no logra desarrollar con suficiente grado de intensidad en algunos casos. En efecto, los temas reseñados no se estrafican y relacionan entre sí en función de su importancia relativa, sino que aparecen unidos mecánicamente, lo que resulta más gravé dado el hecho de que la novela está contada por el protagonista en primera persona. Y en cuanto a la profundización en los temas: el del miedo al envejecimiento, que debería ser eje de toda la acción, está prácticamente soslayado; el de las relaciones libres entre hombre y mujer deja paso apenas comenzada la novela al- n o encarado como t a l- de la consabida simbiosis entre una pareja en la que el hombre necesita probarse que aún es capaz de retener a una hembra y en la que la mujer necesita afirmar su seguridad por encima de toda veleidad de autonomía; el del conflicto entre los dos hombres está bien visto por lo que respecta a lo que pudiéramos llamar la solidaridad masculina frente a la mujer; el de la pugna entre lo viejo y lo nuevo apenas es abordado- l a inepcia del joven y la pesca milagrosa conseguida por el protagonista son trucos, para hablar con claridad, de los que se sirve el autor para no ahondar en la cuestión- el de la naturaleza del amor y del deseo apenas es expuesto; el de la búsqueda de lo absoluto resulta trivializado, anulado por esa pesca milagrosa a la que me referí más arriba. (Una pregunta al margen: ¿Cómo no ha comprendido Guerra Garrido que las claras referencias de su novela a El viejo y el mary a Moby Dick sólo sirven para acusar más las insuficiencias de El mar es mala mujer? Bien escrito en sí, con innegable dominio de lo estilístico, el monólogo del protagonista de la novela incurre en evidentes incoherencias, aun dando por sentado que el realisnho verbal es siempre una convención: la distancia entre lo culto y lo coloquial es excesiva aquí, el personaje incurre a veces en un tipo de pensamientos que indudablemente no le corresponde. Guerra Garrido, en cambió, logra hacer sentir con mucha fuerza al lector la presencia del mar- hay un abuso, no obstante, de términos marineros en el libro, defecto en que nunca incurrieron los maestros de la literatura marina que, como Conrad y Melville, tenían amplia experiencia de navegación- y en ello radica, en mi opinión, el mayor acierto del libro. Leopoldo AZANCOT Es sabido que los grandes personajes novelescos, en general, son la excepción y no la regla de la sociedad de su tiempo. Desde ei alucinado hidalgo Alonso Quijano hasta la excéntrica familia Sartoris, pasando por el tempestuoso Raskolnikov o la señora Bovary, los héroes mayores de la narrativa se singularizan, cada uno a su modo, por infringir las reglas establecidas. Son, siempre, la nota discordante del teclado social: santos o criminales, lúcidos o idiotas, pero nunca mediocres. Esos personajes nacen, como diría Ibsen, del corazón mismo del autor. Son, en realidad, manifestaciones profundas de su subconsciente; el yo verdadero del artista. Por eso escribir se parece, de alguna manera, a soñar. Y el sueño es un acto libre. Imponerle al escritor una temática, obligarlo a exponer un mensaje, es tan absurdo como exigir a un durmiente que sueñe determinada cosa y no otra. Sin embargo, ese absurdo fue elevado a precepto por los poderes políticos más de una vez. En Rusia, por ejemplo, el Estado impuso una (por llamarla así) corriente o escuela estética: el realismo socialista. La literatura debía ser una especie de receta para que el lector se convirtiera en un buen ciudadano y un abnegado militante. De aquella disposición oficial no quedó, que yo sepa, más que una novela memorable: Así se templó el acero de Ostrovski. Desde entonces a hoy, para los escritores soviéticos, las cosas no han sido fáciles Vivir la vida no es pasear por el campo confesaba Pasternak con lírica ironía) Sin embargo, algo se ha venido moviendo subterráneamente; las primeras y tímidas erupciones pueden ya entreverse. La obra de Vladimir Makanin es representativa de este fenómeno. El profesta es, básicamente, una novela de personaje. Narra el destino de un individuo de conducta irregular. Yakuskin, el profeta descubre en un campo de trabajo en Siberia- donde cumple condena por un delito de estafa- que posee dones curativos supranormales. Ya en libertad, será una rara mezcla de curandero, iluminado e impostor. Makanin, con el pretexto, de caracterizar a su héroe, despliega una ironía que culmina en sátira de la sociedad. Los más fieles adeptos del profeta buscan en él una fe que el sistema no puede proporcionarles. La hija de Yakuskin, y en especial la familia de su marido (bien situada en el partido) lo desprecian. El anciano, en el apogeo de su prestigio, pierde su don magnético y se desmorona en la más patética soledad. Puede decirse que con este personaje vuelven a la escena de la novelística rusa los místicos y los posesos, inexistentes desde los tiempos de Tolstoi y Dostoievski, las pobres gentes que no han encontrado su sitio en el mundo. Makanin nació en 1937 en los Urales. Es uno de los más renombrados autores soviéticos a pesar de (o, quizá, por ello) su actitud inconformista. Luis DE PAOLA ECONOMISTA Sólida formación, experiencia de dieciséis años en diversos puestos de responsabilidad. Aceptaría puesto y o participación negocio. Apartado número 29.106. Madrid