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X ABC ABC Horario -Ciento cincuenta años de Leopardi 13 junio- 1987 La sombra de la felicidad L A biblioteca del Palacio Leopardi en Recanati es grande, despejada y clásica. Mesa directorio, lámpara de pie y mármoles romanos. Una biblioteca es siempre la puerta de una vida solitaria. En esa del Palacio Leopardi pasó muchas horas de la suya un joven desengañado. Puede que en los libros encontrara aquel joven el temblor de ese verso: Arcano é tutto Pero si Giacomo Leopardi no hubiera conocido las leyes de la vida, no habría podido escribir las palabras que seguían: Arcano é tutto, Fuor che ti nostro dolor Arcano es todo, menos nuestro dolor. La vida de Leopardi fue desgraojada. Conoció, sin embargo, una época en la que Europa se llenaba de sueños. El mitanes Stendhal se consideraba feliz porque el emperador le estrechó una vez la mano en el campo de batalla. Keats murió joven deJ azul de Roma y, espoleada por la pasión, Elisabeth Barret abandonó Inglaterra para escribir alguno de los versos más hermosos de aquel tiempo. Byron, Goethe, Shelley. Todos persiguieron en Italia la sombra de la felicidad. De todos fue contemporáneo Leopardi. Y, sin embargo, a Leopardi le fue negada de la felicidad hasta su breve sombra. El ya estaba en Italia. ¿Qué le quedaba entonces? Probar la juventud, pero la vida, enviando por delante una cruel enfermedad, le rechazó. Se entregó a la dolorosa erudición, pero la erudición no hace feliz a un hombre. Trató de abandonar la casa de su padre, pero Leopardi parecía condenado a volver siempre a ella. ¿El amor? Nadie como él hecho para amar y, sin embargo, con pocos se mostró el amor más desdeñoso. Unamuno llamó en una ocasión a aquel hombre pobre Leopardi Y sí, lo era. Entre los españoles fue Unamuno quien primero y más hondo caló en el alma de Leopardi. De él habla ya en 1889 y lo hace con veneración; diez años más tarde, en 1899, traduce La relama por tantos conceptos cercano a la poesía que el propio Unamuno escribirá más tarde. Le atrae aUnamuno del pobre Leopardi la vida provinciana, el misantropismo, el amargo cáliz que Leopardi bebe cada día. Le conmueve dej italiano la vida como condena, como valle de lágrimas. En Leopardi son las ideas las que sienten y esto habría de parecer a Unamuno el mayor don con el que la poesía puede tocar a un poeta. En su famoso poema de Los recuerdos nos habla Leopardi de sí mismo como pocos poetas han logrado hacerlo nunca: No me decía el corazón que joven sería condenado a consumirme en la aldea nativa, entre una gente grosera y vil, para quien nombres raros y argumentos de risa y pasatiempo son doctrina y saber; que me odia y huye, no por envidia, porque no me juzga superior, sino porque está segura que me tengo por tal, aunque de esto a nadie di jamás la menor muestra. ¿No parecen versos estos del propio Unamuno? Quién lo duda. La poesía siempre es la misma, soto que dicha por distintas voces en épocas distintas. Leopardi, nos dice Carducci, romantizzó, per cosí diré, la puritá del sentimento greco Clásico y romántico. Que sea un clásico lo sabemos por boca de los propjos clásicos. Estaría resumido en estas palabras: Amor a la Naturaleza. De esa manera podemos decir que Leopardi es hoy para nosotros, más que un gran romántico, el último de los clásicos. Leopardi sabía como nadie que los sentimientos de un hombre soto logran encontrar alivio a su dolor en la Naturaleza. Vivió para su contemplación y basta leer sus Cantos para notar que Naturaleza en él era sinónimo de verdad. Con cuánta precisión nos llegan en sus versos el picotear de las gallinas, el lejano eco de las labores de) campo, los pasos de un camino, las luces que trasno- chan en la ventana humilde del taller carpintero. De su meticulosa descripción hace depender él sus emociones. Describir la Naturaleza es, digamos, tarea sencilla; Leopardi no describe nunca. No hay estampa en sus versos ni c r o m o L e o p a r d i ni siquiera representa la Naturaleza como hacen otros románticos. En los poemas de Leopardi la Naturaleza está viva. Y por eso nos parecen sus poemas misteriosos, porque tienen el milagro de la vida. Por eso a Leopardi le interesó, más que cosa alguna, escribir con sencillez, casi cotoquialmente. Leopardi, y en eso unió su destino al de muchos románticos, murió de su propio sufrimiento. Como clásico estaba llamado a vivir largos y pacíficos años, pero no pudo sustraerse al pathos de su siglo. Miró las cosas terrenales con la distancia de un clásico, estoico y pesimista, pero se dejó arrollar por los acontecimientos de su existencia como una víctima romántica y derrochó su salud no sólo en versos, sino en estudios, cartas, traducciones y tratados filosóficos de vario contenido. En todos ellos se impone siempre el talante de un clásico; es decir, la distancia y el orden. Pero acaba siempre arruinado por su propio sentimiento, ese desorden. ¿Y qué siente Leopardi? La soledad y la crueldad del mundo. Todo para él está llamado a marchitarse. Por eso da al muchacho de su Sabato del villaggio este consejo: Que tu fiesta, aunque tarde en llegar, no te sea grave. Porque el pobre Leopardi sabía que todo es pasajero, menos nuestro dolor. Andrés TRAPIELLO -Cronología de una vida atormentada 1798: El 29 de junio nace en Recanati (Jtalia) Giacomo Leopardi, hijo de los condes Monaldo, pertenecientes a Ja nobleza rural. 1809: Traduce una parte del Arte Poético, de Horacio. 1815: Con la obra Ensayo sobre los errares populares entre los antiguos termina su período de ideología cristiana y comienza el de exaltación patriótica. 1816: Su firma aparece en el Spettatore, de Milán, junto a Jos críticos más renombrados de su tiempo. Presa de una afección ocular, se muestra obsesionado por la muerte, hasta el punto de verter sus temores en su conocido poema Appresamento della morte. 1817: Inicia su correspondencia con Pietro Giordani (1774- 1848) Ese mismo año se enamora perdidamente de su prima casada, Gertrudis Cassi, quien le rechaza. Como consecuencia escribe la 1820: Publica Ad Angeh Mai, himno al dolor universal, cuya difusión prohibió Ja policía austríaca. PubRca también el volumen que lleva por título ídifios. 1823: El dolor y la Jucha del hombre con la naturaleza constituyen el eje central en torno al cual gira su producción literaria de esta época. 1827: Viaja a Florencia y conoce a Manzoni y Nicolini. PubRca sus Operefíe moraS. 1830: Su penuria monetaria le obiíga a regresar a Recanaij. Por conducto del historiador napolitano Coltetta, se te ofrece discretamente una pensión que te permite volver a Nepotes y publicar Canti. 1837: El 14 de junio muere de repente, víctima de la epidemia. elegía primo amore y su Diario d amore, donde se lamenta de su miseria física. 1818: Muere Teresa Fattorici, hija del administrador de su padre, a quien profesaba gran cariño. Escribe A Silvia, uno de sus poemas más bellos, en el que expresa la angustia que le atenazó toda su vida. 1819: Intenta abandonar su pueblo natal, sin conseguirlo. Comienza la serie de sus Canzoni, que causan sensación.