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VIH ABC ABC 13 junio- 1987 -Ciento cincuenta Tres notas para los Cant De los cuarenta y un Cantos de Leopardi, ¿qué es lo que de específicamente suyo y único ofrece una y otra vez El infinito casi el más breve de todos ellos (a excepción de La hoja una traducción o imitación del poeta francés A. V. Arnault) y, de hecho, uno de los más celebrados del autor? Hablo, naturalmente, de una predilección, y, por ello mismo, de un misterio, es decir, de un Inecho en el que es difícil saber cuánto se elige y cuánto se es elegido, qué grado de personal y libre inclinación nos pertenece verdaderamente y cuánto del poema mismo no viene a nuestro encuentro. El motivo principal de esa predilección no estriba (o, tal vez, no estriba solamente) en la brevedad del poema, pues igualmente breves son los Cantos XIV A la luna XXVIII A sí mismo o el XXXVIII Fragmento No es la brevedad un motivo desdeñable en un poeta para el que, según escribió el propio Leopardi, los trabajos de la poesía quieren por naturaleza ser cortos ¡en un poeta para el que la poesía consiste esencialmente en un impulso Y ya subrayó Ungaretti al hablar de esta obra cuan difícil de salvar con éxito resulta el paso del tono discursivo al tono lírico. Si la discursividad es, como se sabe, una de las características más definitorias de los Cantos leopardianos, no lo es menos que esa discursividad está constantemente entrecortada por la elipsis, por los silencios o las rupturas creadas en el interior de una peculiarísima sintaxis. El efecto discursivo tiene en Leopardi la especial condición de un tono logrado sobre el fundamento de una negación de la discursividad convencional. La lógica de la continuidad de los engarces se quiebra aquí en favor de un discurso, otro hecho de indeterminación y suspensión. El motivo de aquella predilección de El infinito tiene que ver con la dialéctica de concreción e inmensidad conjugadas en el interior del poema: un lugar desde el cual el poeta percibe interminables espacios y muertas estaciones un aleph. Tras la yerma colina se abre el horizonte; y, por unos instantes, al poeta le es dado el pensamiento de la eternidad. Espacio abierto, en efecto, pero también espacio concreto, real, terrestre. Una seca colina parece ser aquí la condición para llegar a la ¡dea o el sueño de la inmensidad, en la que el pensamiento se anega. Una topografía espiritual. Pero lo que aquí más me retiene es la idea misma de lugar, un espacio real elevado hasta el rango de la sacralidad antigua. ¿Y no es precisamente una reinvención de la idea de lugar aquello que han pedido algunas de las voces mayores de la poesía contemporánea ante la pérdida moderna de la Naturaleza, ante su desmitificación? Cierto es que puede tratarse de un sueño pero de ello fue consciente el propio Leopardi. Pues, ¿qué significan los versos de El infinito que nos hablan de un fingimiento, en el sentido de ilusión o de ensueños: y una calma profundísima finge mi pensamiento (repárese, por cierto, en la fugaz analogía de estos versos leopardianos y los de la auto psicografía de Fernando Pessoa, apoteosis de la poesía como fingimiento) La poesía contemporánea tiene en El infinito acaso el más puro ejemplo moderno de una recuperación mítica del espacio, de una reinvención de la idea de lugar. No es, sin duda, la única lección de ese poema inagotable, pero sí la que ahora nos conmueve más que ninguna otra en su llamada a una nueva sacralidad. II ¿Puede hablarse de un tema único en el Canto XXXIV de Leopardi, La retama o la flor del desierto No menos emblemático que el de El infinito (no menos real y concreto, pero acaso más accidental en cuanto a la intensidad del eidos) el lugar es, también aquí, una montaña, pero no ya, a pesar de que compartieran sequedad y aridez, el modesto, pobre monte Tibor, sino el imponente Vesubio, a quien ni árbol ni flor alguna alegran Si el motivo central es el de la pequeña retama, humilde flor sepultada por la terrible erupción, por las fuerzas desencadenadas de la Naturaleza, otros temas asoman entre la cobertura y el cierre de ese largo poema, ocupadas por la imagen del tallo delicado de la Flor del desierto El motivo de la fortuna variable, del humano destino individual, coexiste aquí con el de la contemplación de las ruinas y la meditación sombría sobre el destino de las civilizaciones, para referirnos sólo a dos topoi perfectamente acuñados por la tradición. Pero el poema de Leopardi va mucho más allá: mediante el hilo conductor del motivo de la retama, el poeta de Recanati elabora un haz de convergentes motivos. Hay, también aquí, una dialéctica de concreción e inmensidad, y una reformulación de los términos en los que la tradición acuñó igualmente el motivo del hombre como mundo menor De reformulación hablo aquí, no de repetición. Las ideas de Leopardi, ¿no deben, en este sentido, ser vistas como una condena trágica de esa metáfora, como una acerba crítica de esa imagen atropocéntrica? Recuérdense estos versos centrales del poema (cito por la traducción de Miguel de Unamuno) Cuando fijo mi vista en esas luces Las estrellas que un punto nos parecen, cuando son tan inmensas que la tierra y el mar son a su lado un punto, y a las cuales no sólo el hombre, sino el globo mismo donde nada es el La lógica de la pasión L OS Cantos de Giacomo Leopardi iluminan por sus eliminaciones: de 1818 a 1837, Leopardi cumple un proceso de despojamiento y demolición. Con las herramientas del siglo ilustrado, abate, fantasma a fantasma, las coartadas teóricas del optimismo de las Luces: la radiealidad de los filósofos del setecientos le serviría a Leopardi para revelar la vacuidad del propio lluminismo. Las técnicas de hostigamiento contra los prejuicios de la vieja sociedad acababan valiendo para el desmontaje del nuevo sentido común. Leopardi, ilustrado frente a la Ilustración, mostrará muy pronto sus blancos: le parece insufrible la confianza de la época en la naturaleza; considera una necedad la superstición progresista, e inanes los proyectos colectivos. Si en los poemas de 1818 (A Italia, Sobre el monumento a Dante) la edad primigenia y heroica de los antepasados surgía como lugar natal al que volverse en tiempos de penuria, texto a texto Leopardi descubrirá que el único espacio originario es el espacio de la disolución. La lucidez elegante y hastiada de Leopardi propone una moral que parte de la gentileza del morir: no viendo en la naturaleza sino a un enemigo tramposo y siempre triun- iluminista acotaba una zona de fante que, aun cuando pasa sin complicidad sobre conocimientos y huella, nos destina a la muerte, estrategias comunes, Leopardi enLeopardi apuesta por una razón que cuentra una región solitaria: el des- lejos de las vanidades de un siglo precio del autoengaño y de las esvano- se aplique al estudio de su peranzas huecas lo aisla del resto misma futilidad y finitud. El secreto de los mortales. Será un héroe sin que en 1826 le confía al conde Car- atributos que alcanza su grandeza los Pepoli es de una simplicidad admitiendo su trivialidad. conmovedora. Toda vida es inútil e Al aceptar la realidad única de la inaguantable, de nada nos protegen los ineficaces remedios de la moda muerte- don divino que, a la posy los juegos juveniles; sin embargo, tre, nos libera de sí misma- Giacoa pesar de ser triste, aclara Leopar- mo Leopardi inauguraba la poética de un racionalismo sin ilusiones y di, tiene su encanto la verdad. voluntariosamente mentiroso: con el Así, cuando en su Palinodia al emparejamiento del amor y de la marqués Gino Capponi (1834) muerte enseñaba que la fugacidad Leopardi se retracta con ironía habipodía asumirse como representalísima de los pasados errores, el ción: en tanto que la experiencia lector comprueba cómo la verdad amorosa no tolera en Leopardi otra terrible soporta la fascinación del forma que la de la pérdida y el demás nítido de los lenguajes. La paliseo, conduce a la sabiduría de la nodia recupera los ajados procedimoralidad. En este sentido, la lógica mientos de la poética de la Ilustraliteraria comparte la lógica de la pación- l a epístola al amigo como vía sión: la liviandad de los signos litede reflexión y conocimiento, la tirararios traza el mapa de un vacío en da de endecasílabos a la manera el que sólo caben figuraciones. Y de Giuseppe Parini, el distanciado así, en engaño consentido y sisteaburrimiento y la chanza ante las mático- l a ficción amorosa, la ficmaldades de una edad poco propición poética- desenmascara al cia- con un estricto fin: destruir pieobligado engaño que es vivir. za por pieza el edificio de la mentalidad popularizada por los publicistas ¡lustrados. Pero allí donde e ¡1 Justo NAVARRO