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SÁBADO 13- 6- 87 OPINIÓN ZIGZAG El recuadre ABC 17 Autopista de La Coruña No se puede llamar autopista a una carretera en la que hay camiones que circulan a velocidades comprendidas entre diez y cuarenta kilómetros por hora. Peligrosísima velocidad cuando la gran mayoría de los conductores abordan la Cuesta de las Perdices a un promedio de cien kilómetros por hora. Pero un kilómetro más arriba, el conductor confiado corre grave peligro: la vía derecha de la calzada es ocupada una y otra vez, incesantemente, por camiones que llegan a ella, en marcha lentísima, arrancando en primera desde la confluencia que une, por un paso inferior, la carretera de Castilla con la de la Coruña. El automóvil que procede de la Cuesta de las Perdices se encuentra de bruces con un lentísimo camión, cargado de cemento o de ganado, que allí mismo, en plena autopista, comienza su marcha a diez kilómetros por hora para estabilizarla en la peligrosa velocidad de cuarenta km hora. Una calzada donde esto ocurre constantemente no merece el nombre de autopista. legalidad, no afecta a la tranquila serenidad de Fawn Hall, profesional perfecta y eficaz secretaria, imperturbable ante la avalancha de expertos en noticias que asfixiaban al testigo presente ante la Comisión investigadora. Alguien ha dicho de las declaraciones de la señorita Hall, a la vista de su aplomo y claridad oratoria, ¿que se estaba ante una mujer capaz de simbolizar per fectamente la cultura americana, e ¡modo de ser de aquella civilización, y es muy posible, que apesar de su modesta participación en la rueda de testigos haya sido el de la antigua secretaria de North un bello ajemplo de colaboración con la justicia, de profesionalidad irreprochable y de fortuna verbal al autcdefinirse como una secretaria impecable: Yo sé escribir LA TESTICULOCRACIA DE PACHECO A niña del telebén descolgó el teléfono, tomó las generales de la ley mercantil. Me dijo: ¿A dónde va dirigido el telegrama? -L e dije: -A Jerez. ¿Destinatario? -Pedro Pacheco, alcalde de Jerez. ¿Texto? -Ole tus coj... -Un momento, señor, que voy a consultar si puede ponerse. La niña del telebén dejó descolgado el teléfono y se oía al fondo su conversación con el jefe del servicio. Le decía el hombre. -Que sí, que se puede poner... Eso es como enhorabuena o como felicidades... Además, ¿qué otra cosa se le va a decir al alcalde de Jerez? Y volvió al teléfono la niña del telebén: -Que sí, que se puede poner. ¿Nada más que eso? ¿Le parece poco, señorita? Lo que no sabía la niña del telebén, porque no lo dice el reglamento, es que felicitaba a Pedro Pacheco con las más viejas y recurrentes palabras jerezanas. El telegrama que yo le puse en Jerez a Pedro Pacheco era el mismo telegrama que los jerezanos le pusieron a la Capitanía General de Cataluña a don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja. Jerez produce estos hombres a los que no se le pueden poner telegramas de felicitación, sino que hay que recurrir a aforos de la entrepierna. Sólo así se puede no sólo ganar en Jerez, sino mandar en Jerez. Poniendo encima de la mesa lo que hay que poner. Pacheco ha restablecido en Jerez la democracia y una forma local de ejercicio del poder, que es la testiculocracia. En Jerez, por muchos votos que te dé la democracia, como no gobiernes con testiculocracia estás perdido. Pacheco tiene un buen ejercicio en este menester. Por ésos que tuvo que consultar la niña del telebén ha hecho el circuito de velocidad, la feria del caballo, el Planetarium y la Biblia en pasta si se empeña. Con dos ésos que tuvo que cónsul- L No ceder La memoria histórica debe ejercitarse sobre todo en la hora de los grandes acontecimientos. En este momento, el triunfo de la- señora Thatcher invita a pensar en el Labour Party y su llamada revolución silenciosa cuando triunfó, apenas acabada la segunda guerra mundial, en 1945. Aquella victoria procedía de que la política social, en un país donde las desigualdades eran irritantes, estaba desatendida, y ei laborismo procuró llenar el vacío con un sistema de Seguridad Social que, a pesar de sus grandes defectos, atendía una necesidad de justicia. Pero, después, los laboristas llevaron a cabo una política radical que equivalía prácticamente al mando de los sindicatos. Margaret Thatcher ha realizado una política de contención de ese poder casi absoluto y ha hecho que quien mande sea el Gobierno. La lección es que la autoridad no puede acobardarse ante la demagogia. OVIDIO ABIERTA t U T I K U U Buena secretaria Una de las frases que pueden amueblar perfectamente la pequeña historia de la actualidad mundial ha sido la pronunciada por Fawn Hall, secretaria de) teniente coronel North, implicado en el confuso asunto del Irangate, afirmando que ella sabía escribir a máquina es decir, que ocupaba un puesto divinamente atendido dadas sus capacidades profesionales. Nada de promociones por motivos ocultos o inconfesables. Que la secretaria obedeció órdenes de su jefe respecto a la destrucción de documentos comprometedores y que en determinadas ocasiones la oficina del teniente coronel North hayan bordeado los límites de la Internado selecto y mediopsnsionado ambos sexos f Como en los colegios británicos. -U N MES HABLANDO, JUGANDO Y PENSANDO EN INGLES. -PROFESORES NATIVOS tar la niña del telebén. Esta es lá marcha única que va en Jerez. No hay peor cuña que la misma madera. Pacheco tiene todo el empuje de un garrochista de derechas. Habla el mismo lenguaje que han hablado siempre los señoritos de Jerez. Soy testigo de cómo se metió en el bolsillo a otros testiculócratas de Jerez, al caballero en plaza (y fuera de ella) don Fermín Bohórquez. V a Fermín y le dice: -Pedro, hijo, yo te votaría, pero me han dicho que eres marxista... Y Pedro, con dos ésos que consulta la niña del telebén, va y le larga: -No, Fermín, te han informado mal. Yo no soy marxista, soy machista, ¡machista, Fermín, como tú! Y ese Fermín: -Dame un abrazo, que eres de los míos... Así se explica que Pedro Pacheco haya sacado todos los votos del mundo. Porque Pedro Pacheco le ha devuelto a la ciudad de Jerez algo que le falta a nuestros pueblos: el orgullo de serlo. Con la misma casta que Miguelito Primo de Rivera, que don Miguel Primo de Rivera, con el mismo señorío que Alvaro o que Alvarito, Pacheco le ha devuelto a Jerez el mesianismo del orgullo, al que ya le ha puesto lema: Jerez es un pedazo de pueblo Ante ese pedazo del pueblo, desde el señorito del Lebrero, tieso como una regia, al empleado de la bodega, que ve que Jerez prospera y va camino de la gran ciudad del Marco y de la Bahía, Pacheco ha tenido esa cantidad de votos, que no son ningún cachondeo, le tengo que preguntar esta palabra a la señorita del telebén. Con tres o cuatro Pachecos estratégicamente situados se consolidaría la democracia. Claro que a la testiculocracia con Jerez le pasa como a la manzanilla con Sanlúcar: que en cuanto se saca de allí, se remonta. Antonio BURGOS Teléis. 91 885 10 1 2 885 10 37 LOECHES (Madrid)