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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 12 DE JUNIO DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA E está llegando en todas partes, en unas más y en otras menos, a una viva preocupación por la enseñanza superior, especialmente la universitaria. En España, los que tienen alguna idea de cómo van las cosas llegan a la cercanía de la angustia. Confieso que, a pesar de mi inveterada tendencia a ver también el lado bueno de las cosas- ese que parece inteligente olvidar u omitir- veo el futuro de la Universidad con colores muy oscuros. Hay países, o porciones de ellos, en que ni siquiera hay preocupación por ese problema, porque se ha pasado la frontera en que se pierde la lucidez. Y el hecho es que nunca se ha invertido tanto en enseñanza, incluso entre nosotros, nunca ha habido tantos profesores y estudiantes, ni se ha dispuesto de tantos recursos técnicos. Por si fuera poco, en bastantes países en que se carecía de libertad se ha recobrado, con lo cual el horizonte parece abierto; claro es que en muchos de ellos hay grupos, gubernamentales o no, que se encargan de destruir o al menos disminuir en la práctica la libertad recuperada y establecida. La situación es mejor en los Estados Unidos que en Europa o el resto de América- del resto del mundo no me atrevo a hablar- pero aun así deja bastante que desear, y resulta inferior a la que existía hace veinte, treinta, cuarenta años, aunque superior a la de hace quince. Lo que parece indudable es que las esperanzas que se habían ido poniendo en mejorías políticas y sociales, una vez conseguidas estas, no se han confirmado, tal vez se han alejado, a pesar de que muchas cosas hayan avanzado realmente. ¿Por qué es así? Llevo mucho tiempo preguntándomelo, porque el fenómeno data ya de unos tres decenios, aunque pocos lo advertían cuando se inició. Estoy dando un curso, que se acerca a su final, sobre La filosofía creadora del siglo XX Los que lo siguen, en su mayoría, y sobre todo si son relativamente jóvenes, están teniendo una sorpresa considerable. Porque están descubrie o que en nuestro siglo ha existido u sofía de extraordinaria calidad, ¡nv nción, rigor, fecundidad. ¿Ha existido, e pretérito? Para la mayor parte de las personas que han estudiado, casi diría en cualquier parte, en los últimos decenios- y en España en algunos más- hay que emplear efectivamente el tiempo pasado. Se ha procedido a una operación que podríamos llamar olvido metódico de la mayor parte de lo original, valioso, creador. Y no se trata solamente de filosofía, porque algo sumamente parecido ha ocurrido en las demás disciplinas, sin más excepción, y no muy rigurosa, que la de tas ciencias matemáticas o de la naturaleza, y por supuesto en las técnicas. ABC La raíz última de esta situación es el abandono del pensamiento por parte de una mayoría de intelectuales, profesores, investigadores. Y digo que es la última raíz porque de ella proceden las otras causas- por ejemplo, políticas, socialesque contribuyen a la peligrosa situación de que se trata. Hace exactamente treinta años que escribí un art í c u l o t i t u l a d o El o f i c i o del pensamiento que dio título al volumen en que fue incluido. Empezaba con una pregunta impertinente: ¿Cuánto piensan ios intelectuales? Mi respuesta era larga y matizada, pero se podría resumir en una palabra: Poco Si volviésemos a hacer ahora la misma interrogación, habría que contestar: Menos La causa de ello es que se han intensificado todos los factores que señalé entonces para explicar la escasez, la infrecuencia del pensamiento en las labores intelectuales. Se han introducido recursos que permiten hacer labor intelectual con un mínimo de inteligencia- no quiero decir que no se tenga: basta con que no se use- Se pueden acumular saberes, se pueden hacer observaciones, experimentos, estadísticas, hasta el infinito; con ello se logran puestos, y estos llevan consigo probable prestigio y consideración. ¿Para qué más? Con todo, los que limitan a esto su actividad sienten confusamente que no basta; que la ciencia se ha hecho siempre de otra manera: pensando. Que, si lo que interesa es saber, quiero decir, saber a qué atenerse, entender las cosas, no se consigue. Y hay la tendencia, demasiado humana, a verter cierto desprestigio sobre las faenas que son estrictamente pensamiento; porque esta operación es deliciosa para el que siente su vocación, pero- hay que decirlo también- sumamente fatigosa. Esto explica la triste situación de la Universidad y sus análogos en el mundo actual. Porque la Universidad es a institución cuya finalidad primaria es enseñar a pensar. Muchas veces he dicho que la única justificación de los profesores es que puedan contagiar el pensamiento a los estudiantes, y esto sólo puede hacerse pensando ante ellos, con ellos. El pensamiento es contagioso, pero no tanto como esas epidemias que ahora tanto nos preocupan: es un virus de actividad moderada. Pero, claro está, la condición inexcusable para pensar delante de los estudiantes es... pensar. Si se carece de la vocación y el ejercicio, y hasta el hábito adquirido, del pensamiento, no se puede cumplir la misión capital del profesor universitario, aunque se posean los conocimientos de la disciplina que se enseña, aunque se sea competente REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID s LA ESCASEZ DEL PENSAMIENTO En rigor, el problema v i e n e de más atrás: de la escuela. La función de ésta es, ante todo, enseñar a hablar (secundariamente, enseñar a escribir) La lengua lleva, conduce al pensamiento. Además, debe enseñar algunas otras cosas: pocas, pero claras y pertinentes para empezar a vivir, para moverse entre las cosas reales e imaginar las que no están presentes. Sobre todo, para poder hablar de ellas. Esto es lo decisivo. Cuando ahora se insiste, con razón, en la desigualdad inicial de los niños, en que unos parten de un mundo inferior y limitado, mientras que otros se mueven en otro más dilatado y superior, se suele entender que se trata de la diferencia de recursos económicos; y esto es parte de la diferencia, pero no entera, como lo prueba el que amplios grupos cuya condición económica ha mejorado, no por ello han superado su manera de hablar y el repertorio de las cosas sobre las cuales hablan, y fracciones de considerable bienestar económico muestran carencias gravísimas de todo esto. Y entre la escuela y la Universidad, las enseñanzas intermedias, llámense como se quiera, han contribuido a esta situación lamentable. Por una parte, por la acumulación irreal de saberes exigidos con exigencia que ni de lejos se cumple; por otra parte, la eliminación de las preguntas y los exámenes orales ha privado a los estudiantes de la necesidad y la posibiiidad de expresarse con claridad, rigor y decoro lingüístico sobre asuntos de carácter teórico, por modesto que sea. Los progresos técnicos, en sí mismos espléndidos, estimulan la renuncia al pensamiento, porque se usan indebidamente. En Cara y cruz de la Electrónica mostré cómo sus maravillosos instrumentos, que permiten eliminar el pensamiento estúpido mero acarreo de operaciones sin interés, cuyo fin sería dejarnos en franquía para el ejercicio de la razón, se usan para volverle la espalda, para no pensar. En casi todo el mundo se está acentuando una crisis cuyo término está bien claro: la decadencia, y con ella, un rebrote extemporáneo de primitivismo, cuyos síntomas empiezan a ser visibles. Para españoles esto es particularmente triste, porque entre nosotros se ha pensado en este siglo- e n otros, desgraciadamente, no fue así- con insólita plenitud, rigor y fecundidad, y se han descubierto nuevas formas de pensar; en el curso antes citado se ha podido ver que en español se ha pensado en una proporción mayor de la que podría esperarse. Pero siempre queda un remedio, que por fortuna está al alcance de cada uno de nosotros: ponerse a pensar. Julián MARÍAS de la Real Academia Española